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Spiritual Animation — Animación espiritual

Renewal and transformation of our lives and mission


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The main spirit of our 18th General Chapter is constant renewal and transformation of our life and mission as SVD. As our life given by God and mission granted by Him, specifically through the great missionary mandate that Jesus gave to us (Mat. 28…), we are aware that the transformation of life and mission should be based on the living Word of God, in the love of Christ, in the spirit and truth. In our journey as religious and missionary of the Divine Word, we have marked many great and good things, many joys in our life and mission individually and communally without ignoring our defeats and mistakes.

Our 18th General Chapter document article 15 mentioned obviously four points and its challenges. Firstly, the community life. We live in the community and we have shared responsibility in building up the communion, fraternity and solidarity. In the community, we experience and express our religious life by praying and sharing together, taking care, respecting and helping one each other, supporting and challenging one each other to grow up together. Living together in the community that members are coming from different countries and cultures, different characters bring certain challenges but also opportunities to grow up to become a living sign of unity in the divided world today. Secondly, the spirit of self-giving. We give ourselves to God’s mission and the consequence of this self-giving is doing the will of God, seeking the reign of God.

In reality, some confreres are seeking the material goods and unwilling to share these with the community and mission. This desire is a scandal in our religious and missionary life that really need to be transformed to be more committed in seeking the reign of God. Thirdly, the spirit of solidarity with the poor and marginalized people. Putting the last first expresses very strong this spirit of solidarity. To be more committed to the mission of Jesus, we are called to listen attentively to the grievance of suffering people today, looking for peace, justice, truth and love and to express our concrete solidarity with them. Fourthly, prayer life and missionary zeal. Our intimacy with God through our personal prayers and reflections, community prayers and reflections, in Eucharist, we can deeply rooted in Him who has called and sent us to the mission. Doing mission today is dialogue and collaboration. Dialogue with our partner dialogue and collaboration with the people, with the lay partners and with the Arnold family members.

To improve and renew our lives and mission, I invite us to see and to reflect three steps of our journey as religious and missionary. We are called by Jesus and we respond that calling not as an angel nor a devil but really as a human being in our totally being. Recognizing our human being, limited and weak, we need to improve and renew constantly our lives as religious and missionary. The first step, our life is like a circle, I am in the center of my life circle and around me, there are many things as my concern; my family, relatives, friends, hobbies, pastoral work, car, drink, cigarette, etc…and where is Jesus? He is still outside of my circle of life. I know Him, He called me but He is far away. We are going to the second step, I am still in the center on my circle of life and Jesus enters as one around me along with another things.

In this step, Jesus comes close to me, I am more open to Jesus but still doing the things with my own perspective, as I want to do. To improve and renew our lives, we go to the third step. In this step, we need to be more open and Jesus enters into the center of our circle of life and this is the internal transformation; coming from inside. In this transforming step, we can see the realities with the eyes of Jesus, listen to the grievance of the world today with the ears of Jesus, understand the situations with the mind of Jesus and do the mission with the heart of Jesus. In this transforming step, we can say as Saint Paul said, not anymore I live but Jesus lives in me.

Fr. Gabriel Suban Koten, SVD

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Mejorando y renovando nuestras vidas y nuestra misión


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El espíritu principal de nuestro 18º Capítulo General es la constante renovación y transformación de nuestra vida y misión como SVD. Ya que nuestra vida nos ha sido dada por Dios y la misión otorgada por Él, específicamente a través del gran mandato misionero que Jesús nos dio (Mateo 28...), somos conscientes de que la transformación de la vida y la misión debe basarse en la Palabra viva de Dios, en el amor de Cristo, en el espíritu y la verdad. En nuestro viaje como religiosos y Misioneros del Verbo Divino, hemos señalado muchas cosas buenas y buenas, muchas alegrías en nuestra vida y misión individual y comunitaria, sin ignorar nuestros fracasos y errores.

El artículo 15 de nuestro 18º Capítulo General menciona obviamente cuatro puntos y sus desafíos. En primer lugar, la vida comunitaria. Vivimos en comunidad, y hemos compartido la responsabilidad de construir la comunión, la fraternidad y la solidaridad. En la comunidad, experimentamos y expresamos nuestra vida religiosa rezando y compartiendo juntos, cuidando, respetando y ayudándonos unos a otros, apoyándonos y desafiándonos mutuamente para crecer juntos. Al vivir juntos en una comunidad donde los miembros provienen de diferentes países y culturas, los diferentes caracteres implican ciertos desafíos, pero también oportunidades para crecer y convertirse en un signo vivo de unidad en el mundo dividido de hoy. En segundo lugar, el espíritu de entrega. Nos entregamos a la misión de Dios, y la consecuencia de esta entrega es hacer la voluntad de Dios, buscando el reino de Dios.

En realidad, algunos cohermanos buscan los bienes materiales y no están dispuestos a compartirlos con la comunidad y la misión. Este deseo es un escándalo en nuestra vida religiosa y misionera, que realmente necesita ser transformado, para estar más comprometidos en la búsqueda del reino de Dios. En tercer lugar, el espíritu de solidaridad con los pobres y los marginados. Poner a los últimos los primeros expresa con fuerza este espíritu de solidaridad. Para estar más comprometidos con la misión de Jesús, estamos llamados a escuchar con atención el agravio de las personas que sufren en la actualidad, buscando la paz, la justicia, la verdad y el amor, y expresar nuestra solidaridad concreta con ellos. Cuarto, la vida de oración y el celo misionero. Nuestra intimidad con Dios a través de nuestras oraciones y reflexiones personales, oraciones y reflexiones comunitarias, en la Eucaristía, nos arraiga profundamente en Aquel que nos llamó y nos envió a la misión. Hacer misión hoy es diálogo y colaboración. Diálogo con nuestros socios de diálogo, y colaboración con las personas, con los socios laicos y con los miembros de la familia de san Arnoldo.

Para mejorar y renovar nuestras vidas y misión, les invito a ver y reflejar tres pasos de nuestro viaje como religiosos y misioneros. Somos llamados por Jesús y respondemos a ese llamado no como un ángel ni un demonio, sino realmente como un ser humano en la totalidad de nuestro ser. Reconociendo a nuestro ser humano, limitado y débil, necesitamos mejorar y renovar constantemente nuestras vidas como religiosos y misioneros. El primer paso: nuestra vida es como un círculo; estoy en el centro de mi círculo de vida, y a mi alrededor hay muchas cosas que me preocupan; mi familia, parientes, amigos, pasatiempos, trabajo pastoral, automóvil, bebida, cigarrillo, etc. ¿y dónde está Jesús? Él todavía está fuera de mi círculo de vida. Lo conozco, me llamó, pero está muy lejos. Vamos al segundo paso, todavía estoy en el centro de mi círculo de vida, y Jesús entra como uno cualquiera de mi alrededor, junto con otras cosas.

En este paso, Jesús se acerca a mí, estoy más abierto a Jesús, pero sigo haciendo las cosas con mi propia perspectiva, como quiero hacerlas. Para mejorar y renovar nuestras vidas, vamos al tercer paso. En este paso, necesitamos ser más abiertos, y Jesús entra en el centro de nuestro círculo de vida. Y esta es la transformación interna, que llega desde adentro. En este paso transformador, podemos ver las realidades con los ojos de Jesús, escuchar el agravio del mundo de hoy con los oídos de Jesús, comprender las situaciones con la mente de Jesús y hacer la misión con el corazón de Jesús. En este paso transformador, podemos decir, como dijo San Pablo, que ya no vivo yo, sino que Jesús vive en mí.

P. Gabriel Suban Koten, SVD

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