Misioneros del Verbo Divino


Animación espiritual


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Animación Espiritual  

Reflexión sobre la Declaración del 18º CG Vida Intercultural, n.31-32


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Si hacemos la pregunta a la gente, acerca de ¿Quiénes son los verbitas? Con frecuencia escuchamos la siguiente respuesta: “Son misioneros venidos de varias partes del mundo, que viven y trabajan juntos, son muy alegres y caminan en medio de la gente.”

Viven y trabajan juntos con alegría, aun siendo de diversas partes del mundo.

Este tema de la comunidad podría pasar desapercibido si no fuera la recién experiencia de encierro que nos ha forzado a vivir más intensamente dentro de nuestras casas. Volvimos a sentir la alegría de poder rezar juntos, compartir nuestros dones en los servicios de la casa y compartir un poco más de nuestros sueños o proyectos. Pero también llegamos al cansancio de la rutina y de la convivencia próxima a los límites del otro y de uno mismo.

Para nosotros, misioneros del Verbo Divino, la vida comunitaria ya es misión y es una responsabilidad compartida de todos los miembros. La comunidad debe ser creada con consciencia y nutrida como espacio de renovación y transformación. Pero eso sólo acontece cuando la descubrimos como un ambiente espiritual.

De la misma forma que construimos nuestro ambiente espiritual interior, debemos hacerlo en nuestras comunidades. Eso es, porque, nuestra espiritualidad es comunitaria, como la misma vida en Dios.

Las semillas de renovación y transformación necesitan de tierra fértil para crecer. Será siempre difícil testimoniar las alegrías del Evangelio y del Reino, de forma renovada, si el ambiente en donde vivimos no hace eso de hecho. Nuestra comunidad de vida y misión es testigo de lo que realmente somos.

Tenemos que escoger siempre y cada vez más la fraternidad, creando un espacio seguro en donde el perdón y la reconciliación puedan acontecer. Nuevos tiempos requieren nuevas actitudes. Creo que es tiempo de un nuevo acuerdo o pacto por el bien de nuestras comunidades. En otras palabras, se debe, una vez más, decidir por vivir bien en comunidad, con la aceptación de las consecuencias de esta elección.

Es posible generar amistad entre nosotros. El diálogo, el aprendizaje recíproco y el trabajo en equipo son elementos necesarios para nuestra convivencia, pero también alimento para el vínculo que nos une, es decir, el amor de hermanos. Nuestra marca peculiar es la interculturalidad, que también es parte de nuestra respuesta al llamado de Dios para la misión.

Nuestra comunidad no es solamente anunciadora del Evangelio, sino también receptora. Recibir la Buena Noticia del Señor es acoger la alegría, don del Espíritu Santo. Esa alegría será plena en la medida en que viviremos el amor, expresado como caridad, amistad y fraternidad.

Al final de todo eso, nuestra comunidad puede transformarse en un espacio de consolación, en donde las heridas también son curadas.

Si durante este periodo de incertidumbre y encierro nos quedamos en casa, viviendo en nuestra comunidad de misión o si estábamos en otro lugar y deseábamos regresar a nuestra propia comunidad. Esas son buenas señales de que seguimos construyendo espacios de vida y renovación que son parte de nuestro testimonio misionero.

La gente se sorprende por vernos juntos, ya que venimos de tantas partes distintas del mundo. La gente se alegra viendo nuestra capacidad de crear fraternidad y la gente sabe si vivimos bien o no. Que nuestro testimonio sea siempre edificante para el pueblo con el cual somos enviados a convivir.

P. Anselmo Ribeiro, SVD/Roma

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