Divine Word Missionaries
SVD Formation


SVD Formation


Back to

SVD Formation

Members' Area

Site Map

Home


Formators’ Course in Spanish/Portuguese

Pedro y Juan
en la vida y servicio de los misioneros religiosos del Verbo Divino

Misa de clausura del curso de formadores,
Nemi (Italia), 25 de Junio de 2007

Lecturas: Is 43:19-21; Jn 21:15-22

n el Evangelio de esta tarde encontramos a los dos discípulos de Jesús – Pedro y Juan. En uno de sus múltiples escritos, San Agustín hace una comparación entre estos dos discípulos: Juan, el discípulo que fue el más amado por el Señor y Pedro, el discípulo que más amaba al Señor. En esta comparación, San Agustín pregunta: ¿cuál de los dos fue el más bendito? ¿Aquél que fue más amado por el Señor o aquél que más amaba al Señor? La respuesta de San Agustín es un poco sorprendente. Porque uno pensaría que aquél que el Señor amó más, sería el más bendito. Pero no. San Agustín dice que Pedro era el más bendito. Por lo que fue elegido para ser el príncipe de los apóstoles y la cabeza de la Iglesia. A él se le entregó las llaves del Reino de los Cielos. A él se le entregó el poder de atar y desatar.

Quizás podamos entender mejor la respuesta de San Agustín, si relacionamos el Evangelio de esta tarde con el Evangelio del domingo antepasado. El Evangelio era acerca de la mujer que vino a la casa de Simón, el fariseo, que había invitado a Jesús a comer. Simón se escandalizó debido a que la mujer, una pecadora conocida por todos, vino y lavó los pies de Jesús con sus lágrimas, los secó con su cabello, los besó y ungió con ungüento. En su respuesta a Simón, el fariseo, Jesús hace dos declaraciones. Primero, dice en el contexto de la parábola que contó, que la persona a quien se perdona más amará más. Luego, él dice de la mujer, que sus muchos pecados son perdonados porque ella ha amado mucho.

Yo creo que se puede decir lo mismo de Pedro. De los 12, con la excepción de Judas, quizás fue Pedro quién pecó más. El negó a su maestro. Juan y Santiago ansiaban los primeros lugares en el Reino. A Felipe se le corrigió que habiendo estado tanto tiempo con Jesús no comprendiera que quién ve a Jesús ve al Padre. Tomás dudó que el Señor había resucitado de entre los muertos. El resto de los discípulos eran duros para comprender. Y huyeron y abandonaron a Jesús durante su pasión y muerte. ¿Y Pedro? Negó a su maestro tres veces. Tres veces categóricamente declaró: “No lo conozco”.

El de Pedro fue el pecado mayor. Por lo tanto, el perdón que experimentó de Jesús fue igualmente el más grande. Por ello, ahora se le pide que tenga el amor más grande por el Señor. “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Al haber experimentado la tremenda misericordia y perdón del Señor, Pedro sólo pudo responder: “Sí Señor, tú sabes todo, tú sabes que te amo”.

Pero quizás no debamos hacer demasiada distinción entre Juan y Pedro. No es como si Juan fue sólo más amado por el Señor y Pedro sólo amó más al Señor. Ambos fueron amados por el Señor y ambos amaron al Señor. En realidad, en cierto sentido, podemos decir que Juan y Pedro representan dos aspectos de nuestro seguimiento del Señor. En cierto sentido, podemos decir que hay un Juan y un Pedro en cada uno de nosotros. Como Juan, así también somos todos amados por el Señor. Como Pedro, somos todos llamados a amar al Señor. El primero es la base de nuestra llamada a la vida religiosa. El segundo, es el fundamento de nuestra llamada a la misión. Debido a que somos amados por el Señor, lo podemos seguir por el sendero de los consejos evangélicos. Debido a que hemos sido perdonados, podemos amar al Señor y seguirlo en su misión de testimoniar el Reino de Dios. Porque somos amados por el señor, podemos estar “con Él” y ser como él en pobreza, castidad y obediencia. Porque hemos sido perdonados y hemos sido llamados para amar al Señor, podemos ser “enviados en su nombre” y proclamar a otros el amor del Padre.

Otra forma de poner esto, es decir que Juan y Pedro simbolizan dos aspectos de la vida cristiana, la contemplación y la acción. Juan, quién descansó en el pecho de Jesús, simboliza la contemplación. Pedro, a quién se le entregó las llaves del Reino, simboliza la acción. Por lo tanto, de Juan se dijo: “es mi deseo que él permanezca hasta que yo venga de nuevo” – esperando en contemplación hasta el regreso del Señor. Y a Pedro se le dijo: “tú debes seguirme” – seguir al maestro en la misión de testimoniar el Reino de Dios. Contemplación: descansar sobre el pecho del Señor y beber del pozo de la experiencia de ser amado por el Señor. Acción: seguir al Señor y expresar el amor que uno tiene por Él al compartir su misión de proclamar la Buena Noticia.

Mis queridos cohermanos, creo que todo esto es fundamental para nuestro trabajo de la formación. En último análisis, la formación realmente es nada más que hacer que nuestros formandos se den cuenta que, como Juan, son amados por el Señor más que otros, y como Pedro, ellos han sido perdonados y por lo tanto son llamados a amar al Señor más que los otros. Si nuestros programas de formación no permiten a nuestros formandos experimentar esto, entonces algo esencial se está perdiendo en su formación. Porque sólo así nuestros formandos serán realmente formados para la vida religiosa y la llamada misionera. Sólo entonces ellos aprenderán a vivir su vocación en profunda contemplación y en una acción transformadora. Ahora, más que nunca, nosotros Verbitas, estamos llamados a ser “contemplativus in actione”, contemplativos en la acción.

Al cierre de este curso de formadores, deseo agradecerles una vez más por su labor de formadores. Por favor trasmitan este agradecimiento también a sus colegas en sus países y provincias. Habiendo sido yo mismo un formador, conozco de las privaciones y luchas, pero también de las alegrías y dichas de ser un formador. Se dice a menudo que ser un formador es un trabajo ingrato. Esta tarde me gustaría demostrar que esto no es cierto, y agradecerles profundamente y de corazón por todo lo que realizan. En realidad, la Congregación está en deuda con todos ustedes.

Me gustaría agradecer igualmente a Tony, Martín y a la Hna. Lidia, por acompañar este curso con sus experiencias y sabiduría. Gracias igualmente a todas la personas que contribuyeron y ayudaron en el curso. Y finalmente, un agradecimiento especial para la comunidad aquí en Nemi – George, Joe Francis y Claudio (por quién continuamos rezando), lo mismo que por nuestros colaboradores laicos en la cocina, la oficina, en el lavado y mantención de la casa.

¡Gracias a todos y que Dios les bendiga!