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HOMILÍA DEL P. GENERAL HEINZ KULUEKE
11 DE JUNIO DE 2014-
Evangelio: Lucas 4, 16-21- El Proyecto de Jesús

Permítanme compartir cuatro historias que hablan por sí mismas y que no necesitan palabras explicativas. Son historias para compartir en el contexto del tema “CON LA FUERZA DEL ESPÍRITU, COMPARTIMOS BUENAS NUEVAS ENTRE LOS PUEBLOS”

PRIMERA HISTORIA:
Uno de los momentos más emotivos del XVII Capítulo General 2012 de la Congregación del Verbo Divino fue, para mí, el momento de la instalación como Superior General según el rito Maya, al final de la Eucaristía, en la noche del día de la elección: el líder, elegido por el pueblo, es llevado a un lugar sagrado, señalado y preparado especialmente para la ocasión por el mismo pueblo. Dicho lugar no está separado de la gente sino que está situado en medio de ellos. Al entrar en el lugar sagrado, en señal de respeto, el líder se quita sus zapatos. En un momento solemne de silencio, comienza el proceso de escucha intensiva. La comunidad ha elegido a alguien de entre ellos mismos, no porque él sea mejor que los demás, sino porque creen que el encuentro con lo sagrado puede prepararlo para que él sea el líder de la comunidad. En una espera paciente, la comunidad observa lo que sucede cuando la persona elegida se pone en contacto con lo sagrado. Después de que la persona ha sido aceptada en el ámbito sagrado, la gente ora por su líder. Solo cuando esto sucede es que él puede bendecir y guiar a su comunidad. El mensaje es simple: el líder necesita ambos aspectos: el encuentro con lo sagrado y con la gente. En la búsqueda de nuevas direcciones (u orientaciones) para su misión y antes de tomar decisiones, este rito puede ser un recordatorio perpetuo de no hacer nada sin antes haber entrado en contacto con lo sagrado y de haber escuchado a la gente.

LA SEGUNDA HISTORIA ES LA DEL EVANGELIO DE HOY:
Es una historia que conocemos: el comienzo de la misión de Jesús. Con la fuerza del Espíritu, Jesús anuncia su programa (Lucas 4:16-21). En una frase: “a libertar a los oprimidos”

14-15 Jesús. Lleno de la fuerza del Espíritu, regresó a Galilea y su fama se extendió por toda la región. Enseñaba en las sinagogas y todo el mundo hablaba bien de él.

16-21 Llegó a Nazaret, donde se había criado. Según su costumbre, entró en la sinagoga un sábado y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías, y al desenrollarlo, encontró el pasaje donde está escrito:

“El Espíritu del Señor esta sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a libertar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor.”

Después enrolló el libro, se lo dio al ayudante y se sentó. Todos los que estaban en la sinagoga tenían sus ojos fijos en él. Y comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido ante ustedes esta profecía”.

LA TERCERA HISTORIA:
El Espíritu puede llevarnos a hacer cosas poco comunes que causan consternación a otras personas.

Cuando comenzamos a trabajar en las zonas de prostitución de Cebu (Filipinas) con el fin de ayudar a las menores que eran abusadas allí, recibimos una tras otra acusación. ¿Cómo puede atreverse un sacerdote a entrar en un lugar tan peligroso y “pecaminoso”? ¡La gente hablará de usted y también de nosotros! Hasta el día de hoy, me resulta difícil describir con palabras el sufrimiento humano que produce la explotación de jovencitas, de edades cada vez más tempranas, en burdeles, clubes nocturnos y otros lugares parecidos. En aquellos días, mi argumento de que no debería tratarse a esas cientos de niñas como pecadoras sino más bien como víctimas del tráfico humano y de una red criminal bien organizada no convenció a mis críticos. Cuando usé incluso el argumento ya conocido del mismo Jesús de que “no necesitan médico los sanos, sino los enfermos” no parecía convencerlos. Sólo fue después de que las primeras víctimas fueron rescatadas de ese mundo, y rehabilitadas en programas de atención especial que nosotros habíamos organizado, que se abrieron los ojos de mis adversarios. Lo que produjo dicho cambio fue cuando las mismas víctimas compartieron, ellas mismas, sobre los abusos masivos de los que habían sido objeto en la industria del sexo y de cómo la presencia de los misioneros en esas zonas de prostitución les cambió sus vidas.

UNA CUARTA Y ÚLTIMA HISTORIA:
Nuevamente, una historia sobre como marcar la diferencia en la vida de otra persona. Sabemos, por los evangelios, que Jesús hizo esto muchas veces.

Lo que les voy a compartir sucedió el año pasado en la mesa de la caridad de Caritas en Roma (centros de ayuda y acogida a las personas que viven en la calle). Cuando le pregunté a un hombre anciano dónde vivía, no me quiso responder. Por el contrario, él quería saber dónde vivía yo. Le dije que vivía en la “Via de Verbiti cerca de Piramide y la estación Ostiense”. La conversación tomó un giro inesperado. En lugar de decirme dónde vivía, él comenzó a compartir su historia. Me dijo: “Yo conozco tu casa…Hace muchos años, en septiembre de 1963, estuve allí. Tenía una necesidad urgente de regresar a mi pueblo para visitar a mi padre que estaba muriendo. Al mismo tiempo quería regresar allí porque quería buscar trabajo. Toqué el timbre de tu casa y, contrario a mis expectativas, me dejaron entrar. Pregunté por el rector de la casa quien me atendió y escuchó atentamente. Él me creyó y, por eso, me dio el dinero necesario para el pasaje. Él me acompaño incluso hasta la estación del tren. Gracias a él, llegué a tiempo a mi casa para ver a mi padre antes de su muerte. Además encontré trabajo, me quedé un buen número de años en mi pueblo y formé una familia. Lamentablemente, las cosas no marcharon bien después de que mi esposa murió en un accidente. De repente, me quedé solo y no tuve más remedio que regresar a Roma. ¡Aquí estoy! Viviendo en la calle y alimentándome de lo que nos dan acá en mesa de la caridad de Caritas”. Este hombre, de unos 78 años de edad, ya anciano, enfermo y empobrecido, sabe que no le queda mucho tiempo y por eso quiere usarlo sabiamente. Agradecer a la gente que conoció en el camino de su vida, y que fueron de gran ayuda para él, es parte de un uso sabio de su tiempo. Él me dijo, no solo durante nuestra conversación sino también cuando ya regresaba a casa: “Por favor, me le da las gracias a ese hombre que me atendió en su casa. Le da las gracias por su confianza y porque marcó una diferencia en mi vida”. ¿No es esto para lo que todos nacemos, para marcar una diferencia en las vidas de otras personas? (14 de febrero 2013). La misión podría ser acerca de esto: “Compartiendo las Buenas Nuevas entre Su pueblo, marcando una diferencia en la vida de los otros y otras”.