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Mensajeros de la esperanza

Muestras de solidaridad después del maremoto en Asia

El P. Amatus y el señor Yofi visitan a Fátima en la escuela. El día 26 de diciembre del 2004, el día cuando tuvo lugar el maremoto en el sureste de Asia, ella quedó huérfana. Perdió a sus seis hermanos y a sus padres. “En este momento vivo con un tío lejano de mi abuelo. Quiero volver a mi pueblo, al lugar adonde mi familia está enterrada,” comenta la joven.

Del pueblo de Fátima, que se llama Blang Krueng, no queda casi nada: un par de casas medio destruidas, una docena de palmeras que siguen luchando por sobrevivir y un montón de ruinas. ¡Irreconocible! ¡Como después de una guerra! Un grupo de hombres jóvenes está por limpiar una parte. Huele a basura quemada y a animales muertos. Sólo con una mascarilla se puede trabajar. Dos meses después del desastre, todavía los hombres encuentran cadáveres. Los sacos amarillos, a la orilla del camino, muestran que también hoy han encontrado a otra persona en medio de alguna ruina.

Fátima visita su pueblo por la primera vez, después de haber huido del maremoto unas semanas atrás. Los recuerdos dolorosos la llenan de lágrimas. “Aquella mañana escuchamos un ruido extraño, como de un avión grande. Los niños corrimos afuera para ver de donde venía. Una ola oscura, inmensa, llegaba hasta nosotros. Mis hermanos corrían gritando hacia adentro. Yo me subí en uno de los árboles, cerca de mi casa. El agua se llevó toda la casa con mi familia adentro.” Fátima cubre su cara con el velo y mira hacia atrás. El dolor la invade. Sólo en su escuela hay 42 jóvenes que han perdido algún familiar cercano.

Nueva esperanza por medio de VIVAT

El. P. Amatus y el señor Yofi visitan la escuela con el propósito de ayudar. Ambos trabajan en un equipo de 30 misioneras, misioneros y laicos en 5 lugares de las zonas más afectadas por el maremoto en Indonesia. Inmediatamente después del desastre han ayudado con los primeros auxilios: repartiendo agua y comida así como ropa y lo necesario para sobrevivir. En el equipo hay un médico y cuatro enfermeras que hasta hoy día atienden a la gente en los campos de refugiados. Los misioneros se presentan ante las autoridades como miembros de VIVAT, una ONG fundada por las congregaciones misioneras del Verbo Divino (SVD) y de las Siervas del Espíritu Santo (SSpS). Desde el año pasado, VIVAT tiene reconocimiento oficial ante el consejo económico y social (ECOSOC) de las Naciones Unidas. “Eso nos trae el respeto de las autoridades políticas de la provincia Aceh y nos permite mantener la libertad necesaria frente a las mismas,” comenta el P. Amatus. “La gente sabe que somos misioneros de la Iglesia Católica,” añade. “Ellos nos aceptan mejor de lo que pensamos. Eso del fundamentalismo radical no sucede con la mayoría de la población. Los Acehineses son como los de las otras islas de Indonesia: gente muy comunicativa, abierta y tolerante.”

Los grupos eclesiales estaban entre los primeros que prestaron ayuda después del 26 de diciembre. Aunque el número de los cristianos en la provincia de Aceh no llega ni al 1%, por las actividades de ayuda, muestran su solidaridad con sus hermanos musulmanes. Los cristianos vienen de otras islas y provincias, e inclusive de otros países, para ayudar en la reconstrucción.

Los misioneros de VIVAT se han hecho presentes en algunos campos de refugiados. Respetan la opinión de la gente. Han respondido generosamente a la solicitud de un grupo de mujeres que pidieron máquinas de coser para poder ganarse algún dinero. Los misioneros también apoyan a jóvenes estudiantes con material escolar y a pagan sus gastos de transporte para poder seguir yendo a las clases. De este modo, ellos no son un peso financiero para las familias en dificultades y tampoco pierden el año escolar.

En el pueblo de Fátima, algunas personas pidieron alimentos por trabajo. Así pueden seguir limpiando los estanques para poder criar pronto nuevos cardúmenes de camarones y otros tipos de mariscos. Algunas familias han vivido de la producción de sal. En este momento tienen que empezar de nuevo, comprándose herramientas para preparar el terreno que está lleno de ruinas. Por eso, el alcalde del pueblo pide el apoyo de VIVAT, para poder animar a la gente a seguir trabajando en la limpieza y en la reconstrucción.

Pasarán algunos meses hasta que Fátima pueda volver a su pueblo y estar con sus vecinos. “No pierdo la esperanza,” dice la joven y apunta con la mano hacia una planta de bananas que, en medio de las ruinas, comienza a retoñar. “No se deja vencer,” comenta ella. Los hombres y las mujeres de Aceh necesitan estas señales para que la esperanza en un nuevo inicio reviva también en ellos.

Miguel Heinz, svd,

Informaciones adicionales – Maremoto Asia

Indonesia

La zona más afectada por el maremoto del 26.12.2004, que causó la muerte de más de 150 mil personas, (“El número exacto sólo Alá lo sabrá”, comenta uno de los soldados que prestaron ayuda de emergencia), es la isla de Sumatra e islas aledañas como Sabang, Banyuk o Nias. En las dos diócesis que cubren la región (Medan y Sibolga) los misioneros del Verbo Divino trabajamos en 6 lugares: en 4 parroquias de Medan y dos de Sibolga.

En ambas diócesis, como en todo el país, los cristianos forman una minoría (en Medan el 3.4% de la población son católicos y en Sibolga el 8%). Las consecuencias del desastre natural nos llaman a ser solidarios con las víctimas, como dice el canto: No importa la raza, ni el color de la piel.

Sin embargo, algunos musulmanes en la provincia Aceh, la parte norteña de la isla Sumatra (la más afectada), no siempre ven con alegría que la ayuda provenga en gran parte de países cristianos. Sospechan que detrás de la ayuda haya un proselitismo oculto.

Otros están muy contentos por la solidaridad. Un ejemplo nos da el P. Aurelius Page, svd, coordinador de las comunicaciones de la provincia de Java, que cuenta: "Quiero destacar algo interesante. Habrán sabido que en todas partes de Indonesia hubo ataques regulares a las iglesias cristianas durante los últimos años. Este último desastre trae un cierto sentido de unidad. La nación está unida en el dolor. Un amigo mío, un clérigo musulmán que dirige un seminario musulmán, expresó claramente su asombro: '¡No puedo creer que ustedes hagan todo esto por mis hermanos y hermanas de Aceh!'.

Miguel Heinz, svd.

Fotos de ilustrar el artículo encuentras en “SVD – Photo CD 36”

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