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28 noviembre

BEATA MARIA ELENA STOLLENWERK
Confundidora

La beata Maria Elena Stollenwerk nació el 28 de noviembre 1852 en Rollesbroich, diócesis de Aquisgràn, Alemania. Desde su infancia se sintió atraída por el ideal misionero. En 1882, se incorporó a la casa Misional de Steyl y cuando Arnoldo Janssen fundó la Congregación Misionera de las Siervas del Espíritu Santo en 1889, fue confundadora con Hendrina Stenmanns. Su espiritualidad misionera se alimentó por un amor especial al Espíritu Santo al que glorificó con su oración, trabajo y sufrimiento. Desde 1898 hasta su muerte, ocurrida el 3 de febrero de 1900, se agregó a la rama contemplativa, de la cual surgió luego la Congregación de las Siervas del Espíritu Santo de la Adoración Perpetua.

COLECTA

Oh, Dios, salvaci6n de todos los pueblos,
que impulsaste a la beata Maria Elena,
encendida en tu amor,
a ofrecerse Como víctima
por la propagación de la fe,
aviva en tus fieles, por su intercesión y ejemplo,
aquella ardiente caridad
para que sean delante de los hombres
fieles testigos del Evangelio.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Dios todopoderoso,
acéptanos a nosotros mismos en estos dones,
que te presentamos,
y llénanos de tu Espíritu Santo
por el que la beata María Elena
gastó su vida a su servicio y glorificación.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la comunión

Señor, Dios nuestro,
recibidos el cuerpo y la sangre de tu Hijo,
confírmanos en aquel Espíritu de luz y fortaleza
que ayudó a la beata María Elena
a superar las tinieblas y las dificultades
para seguir tu llamada.
Por Jesucristo nuestro Señor.

 

28 noviembre

BEATA MARIA ELENA STOLLENWERK
Confundidora

La beata Maria Elena Stollenwerk nació el 28 de noviembre 1852 en Rollesbroich, diócesis de Aquisgràn, Alemania. Desde su infancia se sintió atraída por el ideal misionero. En 1882, se incorporó a la casa Misional de Steyl y cuando Arnoldo Janssen fundó la Congregación Misionera de las Siervas del Espíritu Santo en 1889, fue confundadora con Hendrina Stenmanns. Su espiritualidad misionera se alimentó por un amor especial al Espíritu Santo al que glorificó con su oración, trabajo y sufrimiento. Desde 1898 hasta su muerte, ocurrida el 3 de febrero de 1900, se agregó a la rama contemplativa, de la cual surgió luego la Congregación de las Siervas del Espíritu Santo de la Adoración Perpetua.

OFICIO DE LECTURA

SEGUNDA LECTURA

De la carta de la M. Maria a las Hermanas (3, mayo, 1896)

A la luz de la vida pública de Jesús, podemos comprender el significado de nuestra vocación misionera, pues su ejemplo nos revela cuanto aprecia al hombre. Nosotras estamos llamadas a seguir sus huellas. Nos es dado colaborar en la redención de nuestros semejantes y agradar al Señor conduciendo hacia él a quienes no lo conocen o responden con indiferencia a su amor.

La obra misionera conlleva sacrificio, molestias y preocupaciones. A menudo, tenemos la impresión de que nuestros esfuerzos son inútiles. En tales circunstancias, miremos a Jesucristo que cargó sobre sí sacrificios y trabajos, pasión y muerte y, a pesar de ello, tuvo que ver la indiferencia de muchos. Tengamos ánimo y confianza en Dios. El completará lo que nos falta. Arrojémonos en las manos de la divina providencia y encomendemos a Dios los niños que nos fueron confiados para su educación, ya que él puede conducir sus corazones Como las corrientes de agua.

Diariamente, agradezcamos a Dios con todo nuestro ser por habernos llamado. En realidad, nuestro corazón tendría que rebosar de alegría cada vez que nos damos cuenta de esta gracia. Son inmensas las posibilidades que tenemos para trabajar por la gloria de Dios y la salvaci6n del mundo. Agradecidas por esta vocación, esmerémonos en ser auténticas Siervas del Espíritu Santo, más preocupadas por los demás que por nosotras mismas. Encomendémonos a Maria, la esposa del Espíritu santo, para que nos ayude a permanecer fieles a nuestra vocación y a vivirla radicalmente. Que el Espíritu Santo nos llene de su presencia y seamos misioneras fervorosas y que el Señor bendiga abundantemente nuestro trabajo.

RESPONSORIO

Sal 108, 4-5.7

Te daré gracias ante los pueblos, Señor, tocaré para ti ante las naciones: * Por tu bondad, que es más grande que los cielos, por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

Para que se salven tus predilectos, que tu mano salvadora nos responda. * Por tu bondad.