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Formación laical un desafío a la creatividad

Miguel Ruiz, SVD

Cada vez más y con mayor claridad en la Iglesia de hoy hablar de Misión no se puede concebir sin la estrecha colaboración de todos sus miembros, sacerdotes, religiosos y laicos. La misión es tarea de todos y para tal tarea la preparación y formación es fundamental ya que no se puede dar lo que no se tiene. Pero debemos considerar al abordar la formación laical que no se trata del acumular información como pequeñas bibliotecas para repetir posteriormente el mismo discurso o receta en diferentes situaciones, sino que deben ser espacios donde se puedan conocer, reflexionar, interiorizar y vivir la dimensión de fe frente a los desafíos que presenta cada situación en concreto. Como nos decía el P. Carlos del Valle: “Hoy no estamos en época de textos, sino de testigos”.

La formación de los laicos misioneros deberá tener una dinámica propia adaptada a su realidad. Tenemos en cuenta que los tiempos y ritmos del laico no son los mismos que el de los religiosos. La vida laical está marcada por su situación familiar: padres, conyugues, hijos, nietos, como así también por la situación laboral: horarios de trabajos, tiempos disponibles, compromisos, etc...

Los desafíos son muchos, pero eso no implica el empobrecimiento de la formación debido a sus límites, sino en la búsqueda con creatividad de posibilidades formativas y pragmáticas. No pocos grupos caen en la tentación de primero formarse y luego ir a la misión siguiendo el esquema de formación sacerdotal, primero el seminario y luego cuando ya se está preparado la actividad misional, esa perspectiva trae como consecuencia que la mayoría de los grupos queden en la etapa inicial sin llegar a la misión. El misionero laico se forma en la misión, de allí se enfoca, reevalúa, crece y se reorienta con nuevos impulsos para mejorar su tarea misionera. Por eso la formación debe ser progresiva y permanente.

El crecimiento e impacto misionero de cualquier grupo de laicos en el Pueblo de Dios, se verá determinada por la solidez de su formación. En esta búsqueda queremos compartir algunas reflexiones y experiencias vividas en esta dirección “iluminados por itinerario formativo de los discípulos misioneros” propuesta en el documento de Aparecida, Brasil en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe y el caminar de diez años de un grupo particular de laicos en California, Estados Unidos que puede servir de inspiración para otros grupos laicales.

Aspectos del proceso formativo

El documento de Aparecida (DA) dice, “El itinerario formativo del seguidor de Jesús hunde sus raíces en la naturaleza dinámica de la persona y en la invitación personal de Jesucristo, que llama a los suyos por su nombre, y éstos lo siguen porque conocen su voz. El Señor despertaba las aspiraciones profundas de sus discípulos y los atraía a sí, llenos de asombro. El seguimiento es fruto de una fascinación que responde al deseo de realización humana, al deseo de vida plena. El discípulo es alguien apasionado por Cristo, a quien reconoce como el maestro que lo conduce y acompaña” (DA 277).

En el proceso de formación de discípulos misioneros, destacamos cinco aspectos fundamentales, que aparecen de diversa manera en cada etapa del camino, pero que se compenetran íntimamente y se alimentan entre sí:

a) “El Encuentro con Jesucristo. Quienes serán sus discípulos ya lo buscan (cf. Jn 1,38), pero es el Señor quien los llama: “Sígueme” (Mc 1,14; Mt 9,9). Se ha de descubrir el sentido más hondo de la búsqueda, y se ha de propiciar el encuentro con Cristo que da origen a la iniciación cristiana. Este encuentro debe renovarse constantemente por el testimonio personal, el anuncio del kerygma y la acción misionera de la comunidad. El kerygma no sólo es una etapa, sino el hilo conductor de un proceso que culmina en la madurez del discípulo de Jesucristo. Sin el kerygma, los demás aspectos de este proceso están condenados a la esterilidad, sin corazones verdaderamente convertidos al Señor. Sólo desde el kerygma se da la posibilidad de una iniciación cristiana verdadera. Por eso, la Iglesia ha de tenerlo presente en todas sus acciones.” ( DA 278 a.)

Siendo cómplices del Espíritu Santo quien realiza la obra nos hacemos instrumentos útiles para posibilitar la experiencia del Amor incondicional de Dios. Esta toca lo más profundo del corazón humano de manera personal. Es un encuentro fundante con Dios que llama, acepta y salva por amor. A través del anuncio kerygmático la fe se despierta, reaviva y enciende el corazón enamorándolo.

b) “La Conversión: Es la respuesta inicial de quien ha escuchado al Señor con admiración, cree en Él por la acción del Espíritu, se decide a ser su amigo e ir tras de Él, cambiando su forma de pensar y de vivir, aceptando la cruz de Cristo, consciente de que morir al pecado es alcanzar la vida. En el Bautismo y en el sacramento de la Reconciliación, se actualiza para nosotros la redención de Cristo.” (DA 278b.)

Aquel que ha experimentado el Amor salvador de Dios no puede seguir siendo el mismo, debe encontrar nuevos caminos para transitar la fascinante aventura de la Fe.

La conversión no es solo dejar el pecado para vivir honestamente. Ni siquiera es una vida de fidelidad a los preceptos y mandatos del Señor. Es mucho más que eso. Se trata de convertirnos de siervos de Dios en amigos suyos; de pasar de justos a hijos; de "no hacer el mal a nadie" a dejar a Dios hacer lo que Él quiere en nuestra vida. Es finalmente dejarlo a Él tomar el control de nuestras vidas.

c) “El Discipulado: La persona madura constantemente en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesús maestro, profundiza en el misterio de su persona, de su ejemplo y de su doctrina. Para este paso, es de fundamental importancia la catequesis permanente y la vida sacramental, que fortalecen la conversión inicial y permiten que los discípulos misioneros puedan perseverar en la vida cristiana y en la misión en medio del mundo que los desafía.” (DA 278 c.)

La formación laical tendrá una dinámica propia donde la experiencia de vida sea fundamental, y donde una fe adulta en constante crecimiento, que se confronta con los otros y con el mundo, sea el mejor programa formativo.

Un recién convertido puede caer en la tentación de trasplantar sus antiguos valores a la obra de Dios. Por eso, quien ha vivido sumergido en el pecado, tiene que pasar un buen tiempo rehabilitándose. Así como los alcohólicos o drogadictos necesitan una etapa de desintoxicación, así también quien ha estado dependiendo de los criterios mundanos necesita una etapa de purificación. En esta etapa el cristiano aprende nuevos criterios que son los de Jesús y su iglesia. Es tiempo de maduración y apropiación de los valores cristianos con una sólida formación doctrinal, pastoral y espiritual que deben vivirse con paciencia, perseverancia y constancia.

d) “La Comunión: No puede haber vida cristiana sino en comunidad: en las familias, las parroquias, las comunidades de vida consagrada, las comunidades de base, otras pequeñas comunidades y movimientos. Como los primeros cristianos, que se reunían en comunidad, el discípulo participa en la vida de la Iglesia y en el encuentro con los hermanos, viviendo el amor de Cristo en la vida fraterna solidaria. También es acompañado y estimulado por la comunidad y sus pastores para madurar en la vida del Espíritu.” (DA 278 d.)

Ante todo, la comunión más perfecta entre los hermanos y con Dios se vive en la Eucaristía, encuentro cara a cara con el amado que renueva nuestras fuerzas y alienta para seguir en el camino. Al ejemplo de nuestra Madre María hay que llenarse de El para poderlo dar a luz en el mundo de hoy. Por eso la participación asidua en la eucaristía nos brinda el pozo de agua viva en el que renovamos constantemente nuestro encuentro amoroso con el Señor.

e) “La Misión: El discípulo, a medida que conoce y ama a su Señor, experimenta la necesidad de compartir con otros su alegría de ser enviado, de ir al mundo a anunciar a Jesucristo, muerto y resucitado, a hacer realidad el amor y el servicio en la persona de los más necesitados, en una palabra, a construir el Reino de Dios. La misión es inseparable del discipulado, por lo cual no debe entenderse como una etapa posterior a la formación, aunque se la realice de diversas maneras de acuerdo a la propia vocación y al momento de la maduración humana y cristiana en que se encuentre la persona” (DA 278 e.).

El discípulo es un formandor, una persona que sigue a su maestro para dejarse formar por él, para aprender y parecerse a él, y, en el caso del cristiano, para dejarse transformar en Cristo. Pero, además, es también un formador. Está llamado a continuar la misión de Jesús de formar discípulos misioneros en la Iglesia al servicio de la vida.

Como hermosamente lo explica el Papa Francisco en exhortación apostólica Evangelii Gaudium “la misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar, no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mí ser sino quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar y liberar”.

La experiencia de los MLVD

Seguramente después de haber delineado ligeramente el itinerario formativo propuesto en Aparecida, nos podremos preguntar: ¿cómo llevarlo concretamente a la práctica? Con ese fin compartimos con ustedes la experiencia de unos diez años de camino en esta búsqueda de los Misioneros Laicos del Verbo Divino (MLVD) en California, Estados Unidos.

Ellos son una asociación de laicos católicos que libre y deliberadamente prometen dedicar y modelar su propia vida en el espíritu misionero de la SVD. Los Misioneros Laicos del Verbo Divino son sólo los segadores que traen la cosecha de los cristianos. Ellos plantan y riegan, pero el crecimiento y el desarrollo sigue dependiendo de quién los envía. "Ser misionero no es un sacrificio que ofrezco a Dios, sino un regalo de la gracia departe Dios." (Joseph Freinademetz)

Los MLVD son hombres y mujeres solteros o casados, que se sienten llamados por Dios y responden libremente con su tiempo, talento y bienes para compartir en la misma misión de la Congregación de los Misioneros del Verbo Divino, en primer lugar la proclamación de la Palabra de Dios a todas las personas. A través de sus trabajos de evangelización, se esfuerzan por llevar la Palabra de Dios a los demás, difundiendo la fe católica y la profundización de la propia vida de fe, promoviendo y restaurando comunidades del pueblo de Dios, y creando conciencia de la responsabilidad misionera de toda la Iglesia.

El trabajo misionero es la razón de existir del movimiento MLVD y el objetivo principal de todos sus esfuerzos, no importa cuán diferentes sean en su naturaleza. Todas las tareas están siempre orientadas a la proclamación del evangelio de forma directa o indirecta de acuerdo con la Iglesia local, en colaboración con la Congregación de los Misioneros del Verbo Divino.

¿Cómo realizan su misión evangelizadora y dan comienzo al proceso formativo?

La gente ya sea de la comunidad parroquial, conocidos o simplemente gente que encuentran por primera vez, son invitados por los miembros MLVD a tener una experiencia evangelizadora que llaman retiro de iniciación. A través de la proclamación directa de la Palabra en esos “retiros de Iniciación” con un anuncio kerygmático los misioneros se convierten en cómplices del Espíritu para que este haga su obra, procurando el encuentro personal con Dios desde su propia historia.

En el retiro de tres días, se les hace tomar consciencia que fue Jesús mismo, el que murió en la cruz y luego resucitó, quien los invito de una manera personal y se interesó en cada uno de ellos, es por eso que están allí. El los llamó a cada uno por su nombre, tal cual son. Es El quien quiere manifestarles su gracia y su poder. Él tiene un plan maravilloso y se los va a mostrar.

Ciertamente ahí no recibirán teorías, o promesas que no se cumplan. No. Van a experimentar el poder de Dios actuando, salvando y cambiando sus vidas. Ahí verán cómo Dios es capaz de dar sentido a la vida de cada uno de los que en El creen. Ahí no se va a prometer nada que no se pueda en verdad cumplir y lo que se les promete no es algo para su vida, sino una vida completamente nueva: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia, prometió Jesús: Jn 10,10; y lo va a cumplir ahora entre nosotros.

Es el Dios del universo, todopoderoso y rico en amor y fidelidad quien está comprometido con cada uno de los ahí presentes. Por tanto, está garantizado que ninguno saldrá de ahí como ha entrado. Se trata que cada uno pueda experimentar el amor personal e incondicional de Dios que es nuestro Padre.

Se presenta a Jesús, muerto, resucitado y glorificado como la única solución para el mundo y cada individuo. Proclamando que ya fuimos salvados por su Sangre. Es una renovación tan profunda y total de la persona, que San Pablo no encontró otra forma de expresar esta bellísima realidad sino diciendo que somos "nuevas criaturas": Gal 6,15.

El corazón del hombre solo puede ser cambiado por Dios. Se necesita, pues, la renovación interior del hombre por el Espíritu de Dios que lo transforme. Y Dios siempre cumple su palabra y enciende con su Espíritu el fuego del Amor divino en cada corazón. Esta experiencia es tan profunda que marca un antes y un después del encuentro con Dios, por eso es una experiencia fundante de todo lo que el Señor empieza a construir en cada uno.

¿Y después del retiro como continúan?

El retiro es seguido por encuentros semanales donde se estudian los conceptos básicos de la fe católica que ayudará a los participantes a crecer espiritualmente. Es el tiempo de la conversión, de la transformación paulatina de sus vidas como así también del crecimiento y discipulado. Este proceso para ser profundo obviamente lleva su tiempo. En el son acompañados por los miembros MLVD quienes los alientan a seguir participando en las clases semanales de crecimiento, motivan a la participación activa en la parroquia y al servicio a los demás en la vida cotidiana.

Guiados por el Espíritu, en oración de mutuo discernimiento, se invita a los laicos que han seguido su proceso de crecimiento a seguir su relación con Dios a través de la participación activa en el equipo de la evangelización y la misión general MLVD de proclamar la Palabra de Dios a todos. En esta etapa es donde se llama a los nuevos miembros que integraran los MLVD.

¿Pero cómo llevan a cabo en concreto la formación?

La formación se desarrolla a dos niveles simultáneamente, uno con todos los participantes de los retiros, con encuentros semanales y otro con los miembros MLVD, con encuentros mensuales.

  • Primer año: Después del Retiro de Iniciación, siguen las clases semanales en las que se estudian los conceptos básicos de nuestra fe Católica y donde todos los que han empezado el proceso evangelizador siguen creciendo espiritualmente.
    Clases semanales se dividen de la siguiente manera:
    •  4 cursos de crecimiento espiritual básica (10-12 semanas cada uno) un total de 45 semanas
    • Un curso de la vida de San Pedro (6 semanas)
    •  Un curso de la vida de San Pablo (6 semanas)
  •  Segundo año: se propone una experiencia de crecimiento con un retiro de “Crecimiento en la fe” donde presentan la vocación de servicio en la obra de Evangelización, como colaboradores de Jesús.
    •  Un curso de Fundamentos de la fe católica (22 semanas)
    •  Dos cursos avanzados de crecimiento en las clases de la fe (12-14 semanas)
    •  Un curso sobre la historia de la salvación, desde el Génesis al nacimiento de Jesús (12-14 semanas)
  •  Tercer año: Retiro de Discipulado en el que se invita a ser verdaderos discípulos misioneros de Jesús, lo que les ayuda a descubrir su misión y atraer nuevos discípulos para continuar la obra.
    •  Un curso sobre la vida de Abraham, Jacob, José, Moisés, David, Salomón y Esther (24 semanas)
    •  Un curso sobre la Historia de la Iglesia (24 semanas)

Las clases son conducidas por los MLVD los cuales se preparan concienzudamente para la trasmisión de la fe en cada una de los cursos. La participación activa de la misa semanal, la celebración frecuente de los sacramentos (confesión y la comunión), junto con clases semanales de formación en la fe, ayudan a mantener el fuego encendido en los corazones durante este proceso formativo.

Los miembros MLVD al mismo tiempo tienen sus reuniones mensuales durante las cuales se desarrollan la espiritualidad, la formación bíblica y misionera como así también las actividades misioneras a realizar.

Entre los temas desarrollados están:

  • En espiritualidad: Vida y obra de Arnoldo Janssen. Vida y obra de José Freinademetz. Espiritualidad y Misión de la Congregación del Verbo Divino.
  • En Biblia: Introducción bíblica, historia de la Salvación, Los Evangelios de Marcos, Lucas, Mateo y Juan. San Pablo y San Pedro.
  • En misión: Formación de discípulos, Formación de Predicadores, Animación misionera.

El retiro anual para los MLVD guiados por Verbitas o Siervas del Espíritu Santo es de gran ayuda para la renovación espiritual de los misioneros.

Como hemos mencionado al comienzo la misión no es un tiempo posterior sino que atraviesa todo el proceso formativo, podríamos decir simultáneamente. Es el campo donde se va desarrollando con diferente profundidad de acuerdo a la madurez del proceso, todo lo aprendido hasta ese momento.

La misión de los MLVD se vive en sus miembros a través de:

  •  Predicar en retiros en cada nivel: iniciación, crecimiento, discipulado
  •  Facilitar la discusión en grupos pequeños durante los retiros
  •  Acompañar al recién iniciado durante las clases semanales
  •  Trabajo voluntario en el centro de evangelización “Kairos Catholic Store”
  •  Apoyo en cuanto sea posible en el ministerio de la cárcel.
  •  Anunciar el Evangelio en cualquier lugar disponible
  •  Asistir a la parroquia y a la comunidad a través de su servicio en sus actividades. Estas pueden incluir: ministros de la Eucaristía, lectores, ujieres, los líderes de la oración comunitaria, los miembros del ministerio de la música, los miembros del Consejo Parroquial, los líderes de grupos de apoyo, los voluntarios de despensa de comida, trabajadores de justicia social, ministerio de la prisión, ministerio de los jóvenes, los catequistas de comunión, confirmación, y / o RICA, el visitar las casas dentro de los límites de la parroquia para dar información de todos los servicios y actividades que se ofrecen a nivel de parroquia local

La supervisión y guía espiritual de un sacerdote de la SVD es de vital importancia para el desarrollo saludable de cada misionero laico. Esto ayuda a asegurar que todo empeño misionero está en plena conformidad con las constituciones SVD, la Iglesia Universal y la Diócesis local.

Algunos signos resultantes de la acción misionera son: los misioneros han visitado unas 10 mil casas en el territorio de la parroquia. Más de 3500 personas han vivido el retiro de Iniciación ya sea en la propia parroquia, en localidades vecinas y hasta en las cárceles. La población total de las familias registradas en la parroquia se ha triplicado, pasando de unos 2000, a más de 6000 familias registradas. Con una participación dominical de más de 6000 fieles por lo cual fue necesario construir una nueva iglesia que acoge a 1600 personas por celebración, convirtiéndose en una de las parroquias de mayor crecimiento en los Estados Unidos. Cinco vocaciones sacerdotales y religiosas han surgido en la parroquia Queen of Angels y cuenta con uno de los movimientos juveniles más importantes de la diócesis de San Bernardino, California. Miles de personas se acercan al centro de evangelización Kairos catholic store en busca de artículos religiosos, bibliografía y recibir talleres bíblicos. En realidad por los resultados podemos decir que la receta funciona.

Obviamente este proceso formativo laical no está exento de algunas tentaciones que les hacen caer en el desánimo, el cansancio y la inacción, el Papa Francisco nos responde con algunas pistas para superarlas:

“Siempre hace falta cultivar un espacio interior que otorgue sentido cristiano al compromiso y a la actividad. Sin momentos detenidos de adoración, de encuentro orante con la Palabra, de diálogo sincero con el Señor, las tareas fácilmente se vacían de sentido, nos debilitamos por el cansancio y las dificultades, y el fervor se apaga. La Iglesia necesita imperiosamente el pulmón de la oración, y me alegra enormemente que se multipliquen en todas las instituciones eclesiales los grupos de oración, de intercesión, de lectura orante de la Palabra, las adoraciones perpetuas de la Eucaristía”. (262 EG)

Es de vital importancia que a lo largo de este proceso se actualice permanentemente la relación con Dios a través de la vuelta constante al “primer amor”, momento en el que Él conquistó nuestro corazón para que la llama de su amor que lo transforma todo no se apague.