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Mission in Dialogue


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Capítulo General 2000

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Índice

Introducción

I. Contexto misionero contemporáneo

II. Nuestra vocación misionera

III. Nuestra respuesta misionera

Conclusión

Declaración
del 15° Capítulo General SVD 2000

A la Escucha del Espíritu:
Nuestra Respuesta Misionera Hoy

14 de julio de 2000
Nemi

Introducción

Gratitud y esperanza

(1)En el umbral del nuevo milenio consideramos una bendición especial de Dios el habernos reunido en Nemi para celebrar el 15º Capítulo General de nuestra Congregación del Verbo Divino. Al coincidir con el 125 aniversario de la fundación de nuestra Congregación, el Capítulo nos ofreció la ocasión de mirar atrás con gratitud y de mirar hacia adelante con sentimientos de esperanza. Nos sentimos profundamente agradecidos a Dios Uno y Trino por haber confiado los comienzos de nuestra familia religiosa misionera a Arnoldo Janssen y a los hombres y mujeres de la generación fundadora. Junto a los muchos misioneros que les siguieron, ellos son la "nube de testigos" (Heb 12,1) que nos estimulan a encarar el futuro con confianza y a proseguir la obra que ellos comenzaron.

(2)El 15º Capítulo General ha sido el momento descollante de un largo proceso de escucha del Espíritu realizado con el fin de renovar hoy nuestra respuesta misionera. Durante casi tres años todos nosotros, individuos y comunidades, hemos tratado de leer "los signos de los tiempos" y discernir lo que el Espíritu está diciéndonos hoy. Este proceso ha implicado el esfuerzo de ponernos, cada uno y toda la Congregación, enteramente bajo la guía y dirección del Espíritu Santo, convencidos de que "toda actividad misionera, por su propia naturaleza, es obra y manifestación del Espíritu Santo" (c 105).

(3)El presente documento es fruto de este empeño de buscar la guía del Espíritu. En él volvemos a articular nuestro carisma misionero, respondiendo a los desafíos de hoy en fidelidad creativa al legado de nuestro fundador y de la generación fundadora. Con él renovamos nuestro compromiso con la misión de nuestro tiempo, confiados en la presencia permanente del Espíritu.

Discernimiento permanente

(4)Durante este proceso de escucha del Espíritu hemos vuelto a apreciar la necesidad del discernimiento permanente en nuestra vida misionera.

(5)Creemos, en primer lugar, que es el Espíritu quien nos capacita para reconocer los signos en nuestro mundo contemporáneo y ponderar su significado positivo o negativo para la misión. Tal vez sean las señales de sufrimiento - pobreza, marginalidad, conflictos étnicos y violencia interreligiosa - las que capten más fácilmente nuestra atención. Pero también descubrimos signos portadores de esperanza, tales como la creciente toma de conciencia de los derechos humanos, la lucha contra la corrupción y la deuda externa, la activa campaña en favor de la integridad de la creación y la esforzada dedicación de muchos grupos religiosos a colaborar juntos en iniciativas promotoras de vida. Todas éstas son señales alentadoras y no menos significativas.

(6)Además, creemos que el Espíritu está íntima e inseparablemente vinculado al Verbo, la Palabra de Dios encarnada en Jesucristo y revelada en la Biblia. La constitución 407 nos asegura que "en la lectura bíblica nos abrimos a la voz del Espíritu Santo quien viene en nuestra ayuda para entenderla cada vez mejor, posesionarnos de ella y transmitirla al mundo". En cada fase de su realización, nuestro servicio misionero ha de alimentarse del constante recurso a la Sagrada Escritura. La Palabra bíblica adquiere vida e ilumina nuestra reflexión cuando es meditada en la oración y el silencio. Las luces que obtenemos al estudiar con atención el mundo y la Palabra de Dios necesitan ser acrisoladas en la oración, de manera que nuestras decisiones respondan a una auténtica práctica de discernimiento.

(7)Finalmente, creemos que el contexto ideal para discernir lo ofrece la comunidad. Es verdad que frecuentemente el Espíritu se manifiesta a través de las percepciones creativas de los individuos, pero estamos convencidos de que éstas deben ser examinadas por la comunidad. Ella permitirá integrar nuestro carisma y tradición al proceso de discernimiento. Obviamente esto no nos evitará las dificultades de armonizar el discernimiento individual y el comunitario. En todo caso, la deliberación comunitaria, tanto dentro de nuestra propia comunidad, como con la gente a la cual servimos, es a menudo la verdadera piedra de toque de una intuición inspirada por el Espíritu.

En continuidad con la renovación post-conciliar

(8)Las ideas que ofrecemos en este documento acerca de nuestra respuesta misionera hoy no son sino un paso más en el camino de discernimiento emprendido después del Vaticano II para renovar nuestra Congregación. En cuatro capítulos generales, del 9º en 1967/68 al 12º en 1982, nuestros esfuerzos se concentraron en poner al día nuestras Constituciones y dar una expresión renovada a nuestro carisma misionero. Ulteriores etapas nos impulsaron a seguir reflexionando y profundizando la comprensión de nuestra vocación misionera. El 13º Capítulo General de 1988 será recordado por el empleo del concepto de "la misión en éxodo" que recorre su triple documento "Misión, Espiritualidad y Formación SVD Hoy". El 14º Capítulo General de 1994 centró su enfoque en el tema de la "comunión". En este Capítulo General, que coincide con el Año Jubilar 2000, deseamos ampliar aún más los horizontes de esta comprensión y renovar nuestro compromiso misionero.

(9)Es obvio que un documento como éste no agota lo que podría decirse de nuestra vida y trabajo como Congregación religiosa y misionera. Su objetivo primordial es aclarar más nuestra vocación apostólica, reafirmar nuestra respuesta misionera e indicar rumbos para el futuro. Teniendo esto en vista, en las páginas siguientes vamos a analizar el contexto misionero contemporáneo, reformular nuestra vocación misionera y explicitar nuestra respuesta misionera.

I. Contexto Misionero Contemporáneo

(10)Comenzamos por echar una mirada al contexto global en que hoy tiene lugar la actividad misionera, un contexto tan complejo que resulta poco menos que imposible presentarlo en una síntesis exhaustiva. Somos conscientes de que importantes "signos de los tiempos", positivos y negativos, reclaman una respuesta seria y concreta de cada uno de nosotros, de las comunidades locales, de las provincias y de nuestro Generalato. Nos limitamos a esbozar un breve resumen de algunos de estos elementos que caracterizan nuestro mundo contemporáneo.

1. Nuestro mundo contemporáneo

1.1 Tendencias predominantes

(11)Globalización. La sociedad está cambiando con rapidez vertiginosa en la medida en que los adelantos en el campo de la comunicación y del trasporte revolucionan el mundo de hoy. Las condiciones de vida, locales y mundiales, se entrelazan e integran más y más. Se va organizando una economía mundial de libre mercado basada en lo que comúnmente llamamos "neoliberalismo", con sus diversos aspectos económicos, sociales e ideológicos, y su búsqueda inescrupulosa de lucro a costa de pobreza escandalosa e indecible sufrimiento de tanta gente en países en vías de desarrollo y en países desarrollados, y de la marginalización y exclusión de grandes grupos humanos e, inclusive, de enteras áreas geográficas.

(12)Urbanización. La población mundial en rápido aumento se concentra más y más en las grandes ciudades. Muchas poblaciones rurales decaen mientras los centros urbanos y las megápolis crecen desmesuradamente. Crece la sobre-población y aumenta el desempleo. La gente se ve forzada a adoptar el ritmo agresivo y la marcha rápida de la ciudad, a menudo en condiciones inhumanas. La ciudad fascina sobre todo a los jóvenes que, abandonando demasiado fácilmente sus valores y modelos de vida tradicionales, frecuentemente experimentan la pérdida de su identidad.

(13)Migrantes, refugiados y desplazados. La búsqueda de mejores condiciones de vida está produciendo un masivo fenómeno de migración entre los pobres. La gente emigra dentro del propio país en pos de mejores perspectivas de trabajo, salud y educación. A nivel internacional, razones similares empujan a grandes masas del sur al norte y del este al oeste. También los conflictos políticos, étnicos y religiosos que afligen a muchos países del mundo han arrancado de sus hogares y países a millones de personas, convirtiendo nuestro tiempo en una "era de refugiados".

(14)Ansias de liberación. Si bien es cierto que los cambios políticos y económicos han alterado el escenario de los movimientos de liberación, el ansia de liberación persiste inalterada en muchos pueblos. La caída del socialismo de Europa del Este ha trastocado aún más el equilibrio de fuerzas a nivel político y económico. Sin embargo, la lucha de los pueblos por mayor libertad y autonomía y por la transformación de la sociedad, incluida la creciente tendencia emancipadora de la mujer, continúa en diferentes partes del mundo. Sin embargo, hay que admitir que a menudo un cierto sentido de frustración e impotencia acompaña hoy a estos movimientos. Los poderes políticos y económicos dominantes, frecuentemente secundados por medios de comunicación sumisos y manipulados, tratan de convencer a la gente que no existe una alternativa viable al modelo neo-liberal. Esto nos desafía a promover la búsqueda de un sistema económico más humano y justo.

1.2 Algunas consecuencias

(15)Aunque la integración global tiene aspectos positivos en los ámbitos cultural y social, se ha vuelto evidente que elementos fundamentales de la ideología neo-liberal, subyacentes al propósito de imponer la liberalización económica, son profundamente inhumanos, y por lo mismo, antievangélicos. La preocupación predominante de dicha ideología no es la justicia o la dignidad de la persona humana sino el lucro, y su opción por "dejar decidir al mercado" favorece los intereses de los poderosos. En muchas ámbitos la privatización de los servicios esenciales -salud, educación, carreteras y abastecimiento de agua-, sólo ha incrementado la marginalización de los pobres.

(16)Efectos en el campo social y político. Al mismo tiempo que en el mundo de hoy crece la integración, se produce un proceso de sistemática exclusión que opera en los niveles económicos, sociales y políticos. El abismo entre ricos y pobres se ensancha cada vez más, en la medida en que grandes multitudes van quedando fuera del nuevo orden económico. Mientras la macroeconomía mundial y las economías locales producen enormes riquezas, los pobres, los desempleados y los débiles simplemente son empujados al margen de la sociedad, a menudo sin siquiera el mínimo de condiciones para sobrevivir. Generalmente las mujeres, los niños, los ancianos y los débiles son las primeras víctimas de la exclusión. Se trata de una situación de auténtica violencia estructural. En tal contexto es normal que prosperen el crimen, el odio y la guerra, frecuentemente fomentados por el comercio de armas y el narcotráfico, aliados en muchos países de la corrupción endémica en que se ven envueltos.

(17)Simultáneamente, muchos grupos se organizan para promover iniciativas de mayor solidaridad a escala local o global. Al unir fuerzas, muchos excluidos se transforman en importantes agentes sociales (mujeres, pueblos indígenas, afro-americanos, dalits en India, personas afectadas por el sida, etc.). Muchas Organizaciones No Gobernamentales (ONGs) han contribuido a esta concientización y organización.

(18)Efectos en el campo de la ecología. Por cierto, una de las "víctimas" de este proceso del nuevo orden económico y de la ideología neo-liberal ha sido la "madre tierra". El afán inescrupuloso de lucro ha llevado a la explotación irresponsable de los limitados recursos de nuestro planeta, causando grave daño al ecosistema. Esta expoliación continua de la naturaleza y el abuso del medio ambiente están poniendo en serio peligro el futuro de la tierra. De hecho, ya se ha llegado a un punto crítico.

(19)Con todo, en años recientes se constata un progresivo despertar de la conciencia ecológica. Crece la conciencia de que compartimos la tierra como si ella fuera nuestra casa común, y hay mayor disposición a levantar la voz contra los poderes económicos dominantes que manifiestan poco respeto al medio ambiente. Ha quedado en evidencia cuán frágil es la tierra y cuán importante es cuidar la creación de Dios.

(20)Efectos en el campo cultural. Personas de diversas culturas se hallan hoy en un contacto mucho más cercano que antes. La mayoría de las ciudades tienen una población de procedencia cultural muy diversa. TV, radio, cine, internet, diarios, revistas, música popular y modas inundan nuestras vidas de imágenes de cerca y de lejos, estimulando una "mentalidad de consumo". La integración global está provocando un cambio cultural vertiginoso e incontenible. Llega con tal velocidad que resulta imposible asimilar sus efectos. La gente se ve expuesta a presiones y desafíos que posiblemente nunca antes habían tenido que encarar. El resultado es una yuxtaposición de elementos, más que la integración de los mismos en un modelo común. La fragmentación y despersonalización, con la consiguiente multiplicación de diversas concepciones del mundo, han llegado a ser elementos característicos de las sociedades postmodernas.

(21)En este proceso, muchos grupos e individuos se sienten excluidos de participar en semejante transformación cultural. Sospechan que todos vamos siendo forzados a vivir un mundo monocultural. Estos sentimientos de exclusión y fastidio han contribuido a fomentar manifestaciones de revitalización cultural de los grupos locales, con fuerte énfasis en el idioma, la música, la creación mitológica, etc. De la misma matriz derivan el fortalecimiento del etnocentrismo y el aumento de las tensiones étnicas y de la violencia. Los grupos culturales manifiestan hoy, por una parte una conciencia más profunda de los derechos humanos, mientras por la otra crece la tendencia al individualismo.

(22)Efectos en el campo religioso. En medio de los rápidos cambios del mundo de hoy, muchos sienten la necesidad de razones más profundas que den sentido y orientación a sus vidas. En tales circunstancias, mientras muchos se han secularizado del todo, otros tienen ansias de lo sagrado y de la experiencia de lo transcendente. En algunas partes, el fenómeno religioso se encuentra en una etapa de revitalización. Pero la propensión con que hoy se privilegian las opciones individuales hace que la oferta y las respuestas de las instituciones religiosas no encuentren inmediata aceptación. La verdad y la búsqueda de sentido han pasado a ser cosa de discernimiento privado basado en la experiencia personal. Muchas personas encuentran en pequeños grupos o en iglesias independientes la orientación y el apoyo que buscan. Prosperan los grupos pentecostales y carismáticos, al igual que muchos otros movimientos religiosos nuevos. En muchas partes el fundamentalismo religioso corre parejo con un pronunciado secularismo. De este modo, la revitalización religiosa constituye un fenómeno ambiguo que sirve tanto para liberar como para alienar a los pobres y oprimidos.

(23)El fenómeno de la movilidad ha puesto en estrecho contacto a comunidades religiosas de diferente signo. De ahí deriva el interés creciente por el diálogo interreligioso y por iniciativas de colaboración interconfesional orientadas a responder a necesidades sociales concretas. Pero también se da el fenómeno de la pertenencia religiosa múltiple. Al mismo tiempo, mientras muchas personas reencuentran su identidad en una determinada comunidad de fe, se constata también un aumento de la intolerancia y la violencia interreligiosa.

2. Nuestra Iglesia hoy

(24)Hoy la Iglesia ha llegado a ser realmente mundial, aunque en diversos países los cristianos no son más que una pequeña minoría. Hablando en términos de Iglesia Católica, en casi todos los países del mundo hay Iglesias locales ya establecidas como parte de la comunión eclesial mundial. Muchos son los signos alentadores, por ej. el compromiso creciente de los laicos, las iniciativas en favor de la justicia y la paz, el interés en el diálogo interreligioso, etc. La diversidad de usanzas eclesiales y de teologías asusta a no pocos fieles y autoridades eclesiásticas. En el afán de proteger la unidad algunos reaccionan urgiendo la uniformidad, mientras otros abogan por las innovaciones sin atender a sus efectos. Otros, en fin, impulsan pacientemente el desarrollo de instancias de diálogo que promuevan la mutua comprensión y protejan tanto la unidad como la diversidad.

(25)En muchas partes la Iglesia institucional parece haber echado marcha atrás en los últimos años. Con ello, mucha gente ha vivido una verdadera crisis de autoridad. Se ha acentuado el clericalismo; a veces se presta poca atención a los deseos de las Iglesias locales en la designación de los obispos y la continua exclusión de la mujer en los procesos de toma de decisión. También se constata una pérdida de credibilidad debido a algunos escándalos morales que han sacudido la Iglesia en varios países. Queda aún una enorme tarea por realizar en el campo de la inculturación del Evangelio.

(26)Como en tantos otros aspectos de la vida eclesial, el Concilio Vaticano II fue un hito divisorio también en la comprensión teórica y la realización práctica de la misión. La época anterior acentuó casi exclusivamente el papel del misionero "profesional", por lo general extranjero. De ordinario "las misiones" indicaban territorios y trabajos en África, Asia, Oceanía y Latinoamérica. El objetivo inmediato de la misión era establecer la Iglesia local e invitar a los no cristianos a convertirse para que pudieran salvarse.

(27)Hoy se enfatiza que toda la Iglesia es misionera, al mismo tiempo que se reconoce la diversidad de roles en sus muchas actividades. Se prefiere situar el "lugar" de la misión en situaciones específicamente misioneras y no tanto en territorios geográficos. También se destaca como objetivo a largo plazo de la misión el reunir a la humanidad entera en el Reino de Dios. Lo hacemos a través de la proclamación explícita de la Buena Noticia del Evangelio, del establecimiento de un diálogo respetuoso con gente de otras tradiciones religiosas, invitando a hombres y mujeres a una comunidad de testimonio y servicio y llevando a cada ser humano la misión divina de una salvación integral.

(28)El martirio ha pasado a ser una experiencia real en la vida de muchas Iglesias locales. Se ha vuelto claro que el testimonio profético del Evangelio necesariamente provoca la oposición de los poderosos y los opresores, sean ellos de izquierdas o de derechas. Los religiosos misioneros están llamados a situarse incondicionalmente al lado de los oprimidos, para dar testimonio (ser "mártires") del seguimiento radical de Jesús por la práctica de sus opciones concretas de vida en nuestro propio ambiente.

3. Nuestra Congregación hoy

(29)Nuestra Congregación vive muchas tendencias semejantes a las que se observan en la Iglesia. Ha crecido enormemente la variedad entre sus miembros. Si bien es cierto que hasta hace poco la labor misionera verbita fue realizada en gran medida por misioneros de Europa o de origen europeo, hoy el contingente mayor de nuestro personal proviene de los territorios anteriormente llamados "territorios de misión". La distribución global de nuestro personal permite crear en muchas partes del mundo comunidades internacionales e interculturales. Es de lamentar que diversas restricciones vigentes en algunos países limitan nuestras posibilidades de dar allí testimonio de internacionalidad en forma más plena.

(30)El desarrollo de las zonas, con sus respectivas sub-zonas, poco a poco nos ayuda a mirar más allá de nuestros trabajos concretos y de nuestras comunidades, provincias o regiones. Gradualmente y, quizás con sacrificio, estamos creciendo en comunión y adquiriendo el sentido de no pertenecer únicamente a una provincia/región sino a la zona AFRAM (Africa-Madagascar), PANAM (Panamérica), ASPAC (Asia-Pacífico) o EUROPA. Lenta, y ojalá también seguramente, estamos aprendiendo a pensar en forma más global y a identificarnos con toda la Congregación.

(31)Este desarrollo externo ha sido sostenido por una conciencia creciente de nuestro carisma fundacional y espiritualidad verbita. El Centro de Espiritualidad Arnoldo Janssen ha jugado un papel importante en este aspecto, lo mismo que los esfuerzos combinados de las tres Congregaciones fundadas por el Beato Arnoldo por llegar a una colaboración más cercana, con mayor convergencia de objetivos y motivaciones.

(32)El aumento del sentido comunitario entre los cohermanos es alentador. Lo es también el hecho de que aumentamos en número y ganamos en juventud. Sin embargo, en algunos países sufrimos la falta de vocaciones, especialmente para Hermanos, y el proceso de envejecimiento avanza. Sin embargo, en términos generales podemos decir que el cuadro global de la Congregación es positivo. Son muchas las cosas de las cuales podemos estar contentos y no podemos sino dar gracias a Dios por todas las bendiciones que derramó sobre la Congregación durante estos 125 años.

(33)Al mismo tiempo, reconocemos que nuestra experiencia de vida internacional está condicionada de muchas maneras por un pasado frecuentemente desfigurado por el etnocentrismo, el clericalismo y el individualismo. Reconocemos que no pocas veces los Hermanos fueron tratados injustamente y los cohermanos autóctonos como desiguales. En nuestra práctica misionera a veces nos ha faltado el debido respeto por las culturas locales y otras tradiciones religiosas, hasta el punto de no mostrar estima por la soberanía y dignidad de la gente en medio de la cual hemos trabajado. Asimismo, frente a las Hermanas S.Sp.S a veces no hemos tenido el debido respeto y amor fraterno. Por estos y otros errores, en este año Jubilar 2000, año de reconciliación, pedimos perdón a Dios y a las personas afectadas.

II. Nuestra Vocación Misionera

(34)Las condiciones cambiadas y cambiantes del actual contexto misionero hacen más urgente el deber de renovar nuestra respuesta misionera. El punto de partida para semejante renovación siempre tendrá que ser la convicción de que la misión es, antes que nada, obra de Dios (Redemptoris Missio, RM, 24), y que nuestra vocación misionera no es más que un llamado a participar en la misión de Dios Uno y Trino. Por voluntad del Padre y la acción del Espíritu Santo, el Verbo de Dios comunica vida al mundo y nos reúne así en comunión.

1. La misión de Dios: de la primera creación a la nueva creación

(35)

«En el principio existía el Verbo...
Todo fue hecho por Él
y sin Él no se hizo nada de cuanto llegó a existir» (Jn 1,1. 3).

La Palabra de Dios es comunicación, auto-expresión y acontecimiento salvífico (Is 55,10-11). Por lo tanto referir el mundo y toda vida a su Creador equivale a afirmar que la creación misma señala el comienzo de la historia de la auto-comunicación y acción salvadora de Dios. Esto lo ilustra de forma muy bella la escena inicial del libro del Génesis: el Espíritu de Dios se cierne sobre el caos informe y la Palabra creadora de Dios saca de ese caos primordial el universo (Gn 1,2-3). El mensaje es claro: Dios libremente nos crea y graciosamente nos llama a compartir la vida y el amor del Creador, del Verbo y del Espíritu (Ad Gentes, 2).

(36)Pero lo que de vida y amor hemos experimentado hasta ahora es sólo el comienzo y siempre está amenazado por las fuerzas del caos, del pecado y del mal. Bajo la guía constante del Espíritu y a la luz del Verbo, la creación entera gime como con dolores de parto (Rom 8,18-23) hasta que todo sea transformado en nueva creación. El autor del Apocalipsis describe ese futuro hacia el cual nos dirigimos: “Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva... y oí una voz que clamaba desde el trono diciendo: ‘Ésta es la morada de Dios con los hombres... ellos serán su pueblo y él será su Dios’.” (Ap 21,1-3).

(37)Otros, especialmente en el tiempo de Jesús, designaron el objeto de su esperanza con el término Reino de Dios. Tal era el contenido del Kadish, oración de alabanza que se recitaba en la sinagoga y que Jesús conocía desde niño, oración que pide el advenimiento del Reino y que ha sido recitada por los judíos por más de 2000 años, no pocas veces en medio de las más terribles tragedias, crueldad y violencia:

“Exaltado y santificado sea su gran nombre,
en el mundo que él ha creado conforme a su voluntad.
Que su reinado se haga presente
en tu vida y en tus días
y en la vida de toda la casa de Israel,
con rapidez y prontitud.
Sea alabado su nombre grandioso
de eternidad en eternidad...”

(38)A lo largo de la historia muchos sabios y profetas, siervos humildes y gobernantes poderosos, tribus errantes y naciones enteras, han expresado sus ansias por algo que está más allá, (véase, por ejemplo, Hebreos 11). Este mero anhelo es ya un signo de la incesante invitación del Espíritu a la humanidad a participar en esta misión divina.

(39)En el evangelio de San Lucas, esta historia de invitación a participar en la misión alcanza un momento definitivo cuando María dice “sí” a ser la madre del Mesías. Así como el Espíritu dador de vida se cernía sobre las aguas en la primera creación, descenderá ahora sobre Ella y el poder del Altísimo la cubrirá con su sombra. “Por lo tanto el hijo que nacerá será llamado santo, Hijo de Dios” (Lc 1,35). La Virgen llega a ser la madre de Cristo, la nueva creación del Espíritu. Tradicionalmente, los cristianos hemos relacionado con este momento las palabras del cuarto evangelio: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14).

(40)Para Lucas, por consiguiente, es evidente que el Espíritu es Spiritus vivificans, es decir, el principio dinámico de la nueva creación esperada en los “últimos días” (véase su redacción de Joel 3,1 en Hch 2,17), y que dondequiera Jesús esté presente, el Reino de Dios está también haciendo sentir su presencia como gracia liberadora (Lc 11,20). Los días de Jesús son los días del Reino (Lc 16,16). Concebido por el poder del Espíritu y ungido con el Espíritu en el Jordán (Hch 10,38; Lc 3,22), Jesús manifiesta la presencia del Espíritu luchando contra las fuerzas del mal y otorgando nueva vida a las personas. “Lleno del Espíritu Santo, Jesús... se dejó guiar por el Espíritu al desierto” (Lc 4,1). Allí luchó y venció las tentaciones de obrar milagros contrarios al camino que él había elegido como Siervo del Señor. “Con el poder del Espíritu” (Lc 4,14) entró en la sinagoga de Nazaret y presentó su programa misionero con las palabras “el Espíritu del Señor está sobre mí”. Enseguida expuso la buena noticia en términos de liberación, referida especialmente a los económica y socialmente pobres, a los desposeídos, los oprimidos y afligidos, los olvidados e ignorados:

"El Espíritu del Señor está sobre mí.
Él me ha ungido para llevar buenas nuevas a los pobres,
para anunciar la libertad a los cautivos
y a los ciegos que pronto van a ver,
para despedir libres a los oprimidos
y proclamar el año de gracia del Señor." (Lc 4,18-19).

(41)Esta proclamación fue objeto de rechazo en la sinagoga de Nazaret (Lc 4,28-29). Lucas quiso insinuar así que el mensaje de Jesús está relacionado con su cruz. La enseñanza de Jesús fue ciertamente percibida como una amenaza por los jefes políticos y religiosos de su tiempo. En gran parte fue mal entendida. Jesús fue rechazado como un blasfemo y condenado como un criminal, muriendo una muerte cruel y humillante en la cruz. Pero, para Lucas fue precisamente ése el momento del “éxodo” de Jesús (Lc 9,31), cuando pasó a una experiencia más grande y plena del Espíritu. En virtud de ese momento nació la comunidad cristiana:

"A este Jesús, Dios le ha resucitado....
Exaltado, pues, a la derecha de Dios
y habiendo recibido el Espíritu Santo prometido,
lo ha derramado sobre nosotros,
como Uds. están viendo y oyendo." (Hch 2,32-33).

2. La Iglesia: llamada a participar en la misión del Dios trinitario

(42)El Nuevo Testamento pone de relieve la estrecha relación que media entre el impulso misionero y el don del Espíritu vivificador que viene del Señor Resucitado. San Juan lo expresa en el episodio en que Cristo, el domingo de Pascua, hace a sus discípulos partícipes de su misión: “Como el Padre me envió a mí, así los envío yo a ustedes”. El que murió para quitar el pecado del mundo comparte con los suyos su acción reconciliadora (Jn 20,23). Para que puedan cumplirla sopló sobre ellos y les trasmitió el Espíritu Santo (Jn 20,21-22) así como Dios había soplado su aliento en las narices de Adán convirtiéndolo en “un ser vivo” (Gn 2,7). En el libro de los Hechos, el día de Pentecostés el Espíritu tomó posesión de los discípulos de Jesús, disipó sus miedos y les envió a dar testimonio de Jesús, “Señor y Cristo” (Hch 2,36). Ellos anunciaron el amanecer de la nueva creación en el Señor Resucitado (2 Cor 5,17-19). Tal como en Jesús, así también en la Iglesia el Espíritu Santo es el principio dinámico, la dimensión interior de la misión: “Recibirán la fuerza del Espíritu Santo cuando venga sobre ustedes y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los extremos de la tierra” (Hch 1,8). La escucha del Espíritu determina el itinerario de la misión (Hch 1,4;8,29;16,7) y su extensión en el mundo no judío (Hch 10,19; 11,12; 15,28; 21,4).

(43)Por eso, desde sus primeros días, la Iglesia entendió que en virtud de su propia naturaleza debía ser misionera. Mediante la Palabra y los sacramentos, la oración y el servicio, ella lleva el mensaje del Evangelio a los más apartados lugares de la tierra. En el amplio horizonte de la misión salvífica de Dios en favor del mundo, la Iglesia ocupa un papel importante e irremplazable como sacramento y servidora del Reino de Dios. Surgen así nuevas comunidades de discípulos que, reconociendo a Jesús como Señor y Cristo, hacen suyo el programa misionero que Él anunció en Nazaret (Lc 11,28). La Iglesia promueve el amor a Dios, el amor al prójimo e, incluso, el amor a los enemigos. Trabaja por la promoción humana, la justicia y la paz. Cuida de los enfermos y da alivio a los que sufren (RM 20).

(44)Porque la misión es obra del Dios trinitario y el Espíritu sopla donde quiere, la Iglesia cumple su servicio al Reino en colaboración con otras comunidades de fe y con toda persona de buena voluntad. Vale recordar las metáforas - sal, luz, levadura - que Jesús empleó para describir la relación positiva que sus discípulos debían de tener con el mundo.

(45)Al extenderse en el mundo para promover más comunión, la Iglesia es consciente de que el Reino de Dios es una realidad más amplia que ella misma (LG 5). Se alegra de que la acción salvífica de Dios se ha manifestado en el pasado y continúa presente en la historia, las culturas y religiones de todos los pueblos (RM 28, 29). Mediante la guía del Espíritu y la luz del Verbo, la comunidad de los discípulos de Jesús está permanentemente llamada a ir más allá de sus propias fronteras de institución visible e histórica, hasta que la total comunión de nuestra familia humana se cumpla en el banquete del Reino de Dios (Is 25,6; Mt 8,11).

3. Nuestra Congregación llamada a participar en la misión de la Iglesia

(46)El Espíritu Santo suscita de continuo comunidades que se ponen a disposición de la Iglesia, con el fin de ayudarle a realizar su tarea misionera. En respuesta a la llamada del Espíritu y a los retos de su tiempo, hace 125 años Arnoldo Janssen fundó la Congregación del Verbo Divino como comunidad misionera (Prólogo Const.). Seguidores como somos del Verbo, nos sentimos particularmente llamados a ir más allá de la Iglesia visible para dar testimonio del Evangelio donde aún no ha sido predicado o lo ha sido en forma insuficiente (c.102) y para detectar la luz que el Verbo encendió en el corazón de cada ser humano y en cada pueblo. De esta forma “cooperamos a que sean congregados los hijos de Dios dispersos (Jn 11,52), apresurando la hora en que todos los hombres adorarán al Padre en espíritu y en verdad (Jn 4,23). Así es como promovemos el verdadero progreso de los hombres, marchamos al encuentro del Señor que viene y preparamos su manifestación gloriosa y la consumación de toda la creación en Cristo” (c.101).

(47)No somos los únicos llamados de esta manera; en realidad, todos los miembros de la Iglesia participan de esta común vocación. Sin embargo, hay diferentes maneras en las que la Iglesia vive su cometido misionero. Por eso nos volvemos al Espíritu para discernir nuestro aporte específico. En las páginas siguientes señalaremos los acentos distintivos de nuestra vocación de verbitas en el mundo de hoy, centrando la atención en tres realidades: el testimonio que damos de la universalidad del Reino de Dios; nuestro compromiso con cuatro formas de diálogo profético en situaciones de frontera; y las dimensiones características de nuestro carisma.

3.1 Testimonio verbita del Reino de Dios: universalidad y apertura

(48)Desde los tiempos de nuestro Fundador nos hemos sentido siempre llamados a participar en la misión de Jesús, la misión "de anunciar el Reino del amor de Dios" (Const. Prólogo). En virtud del llamado que tenemos de pasar hacia otras culturas y de nuestro carisma de internacionalidad, el aporte particular que hemos de dar como testigos del Reino de Dios consiste en poner de relieve su acogida universal y su apertura a la diversidad. Realmente, nuestra identidad verbita arranca de este llamado a testimoniar el amor de Dios precisamente en situaciones donde su abrazo universal no es reconocido y donde su apertura a la rica diversidad de los pueblos no es tomada en cuenta.

(49)Este aporte particular nuestro resulta más necesario cuando es visto a la luz del proceso de globalización que actualmente está transformando el mundo. Por una parte es un hecho que el fenómeno de la globalización de ninguna manera es incluyente, pues muchos son excluidos y abandonados en el camino. El Reino de Dios es un Reino de amor en el que absolutamente todos tienen un lugar. En nuestro compromiso especial con los pobres y marginados, pero también en nuestras propias comunidades, estamos llamados a dar testimonio de este abrazo universal del amor de Dios.

(50)Por otra parte, el proceso de globalización está produciendo un tipo de uniformidad que tiende a eliminar todas las diferencias. No es sensible a la vasta diversidad de los pueblos. El Reino de Dios, en cambio, está siempre abierto a la particularidad de cada persona y de cada pueblo. Daremos testimonio de este acogedor abrazo del amor de Dios mediante el amor que mostramos por todas las culturas y pueblos, así como por el aprecio por la diversidad en nuestras propias comunidades.

(51)Esta vocación de testimonio del amor universal y acogedor de Dios no es, por cierto, una llamada al mero activismo. A decir verdad, nuestro testimonio comienza en nuestra propia experiencia del Reino de Dios en nuestra vida individual y comunitaria (c 106) y se refleja en el seguimiento del Señor por la senda de los consejos evangélicos. Nuestra vocación misionera, por lo tanto, nos llama no solamente a testimoniar el Reino de Dios a través de nuestro servicio apostólico. Nos compromete igualmente a construir entre nosotros mismos una comunidad misionera y religiosa que dé testimonio cada vez más fehaciente del Reino de Dios. En una comunidad tal, todos, incluidos los enfermos y los jubilados, contribuyen también a la misión a través de la oración y el sacrificio.

3.2 Nuestro compromiso misionero prioritario: el diálogo profético

(52)La deliberación capitular confirmó que nuestro modo de entender la misión ad gentes nos ha llevado de una concepción puramente geográfica a otra que contempla situaciones misioneras. Partiendo de nuestras constituciones, del trabajo de los capítulos recientes y del contexto más amplio en el cual se realiza nuestra misión hoy, identificamos cuatro situaciones de "frontera" desde donde nos llega una llamada especial que debemos responder: situación de primera evangelización y re-evangelización, los pobres y marginados, el testimonio transcultural y el encuentro inter-religioso.

(53)Hay diversas maneras de articular esta vocación misionera específica. Pero creemos que la comprensión más profunda y adecuada se expresa en el concepto de "diálogo", o más concretamente de "diálogo profético". Desde el Vaticano II se ha promovido ampliamente el diálogo con otras religiones como un aspecto de la misión de la Iglesia (RM 55). Nuestro compromiso específico con el diálogo halla su expresión en nuestras constituciones (c 114) y en el Documento "Nuestra Misión" del Capítulo General de 1988. Sin embargo, ya en los documentos del Vaticano II el concepto de "diálogo", con toda la riqueza que encierra, es empleado con un significado más amplio para describir la actitud adecuada y la relación que debemos tener para con todos. El diálogo es una actitud de "solidaridad, respeto y amor" (GS 3) que debe permear todas nuestras actividades. Limitados como estamos por nuestros puntos de vista personales y culturales, ninguno de nosotros ha alcanzado la verdad total que sólo Dios posee y que nos ha sido revelada en Cristo. Juntos y en diálogo buscamos esa verdad.

(54)Es en diálogo que somos capaces de reconocer "los signos de la presencia de Cristo y la acción del Espíritu" (RM 56) en toda persona humana; que estamos llamados a admitir nuestra condición de pecadores y a empeñarnos en constante conversión; y que damos testimonio del amor de Dios al compartir sincera y abiertamente nuestras propias convicciones, especialmente donde ese amor ha sido desfigurado por los prejuicios, la violencia y el odio. Está claro que no dialogamos asumiendo una postura neutra, sino que dialogamos desde nuestra propia fe. Con nuestros interlocutores esperamos escuchar la voz del Espíritu de Dios que nos invita a avanzar. De esta forma nuestro diálogo pasa a ser diálogo profético. Además, el diálogo no se limita a un mero intercambio intelectual, sino que encuentra expresión en todos los aspectos de nuestra vida mediante el diálogo de vida, de la iniciativa común en favor de la justicia y la paz y de la experiencia religiosa.

(55)En la sección siguiente se sugieren algunas pistas para llevar a la práctica este compromiso misionero de diálogo profético. En cada una se señalan los desafíos de conversión más profunda que precisamente el diálogo encierra para la experiencia práctica de nuestra vida personal y comunitaria. Luego se indican algunas tareas que podemos emprender dentro de las Iglesias locales. Finalmente se resaltan las tareas que podemos emprender juntos, las Iglesias locales y nosotros, en el esfuerzo por ir más allá como misioneros al mundo.

3.2.1 Diálogo con personas ajenas a toda comunidad de fe y con personas que buscan la fe

(56)Nuestra vocación misionera nos llama a contactar a las personas que buscan a Dios y a aquellas que no participan en ninguna comunidad de fe; nos compromete, pues, con la primera evangelización y la re-evangelización. Entre las personas mencionadas incluimos a quienes nunca pertenecieron a una comunidad creyente o se han alejado de la Iglesia y también a quienes buscan orientación fuera de su propia religión. En una palabra, incluimos a cuantos de alguna manera muestren interés en seguir a Cristo. Queremos abrirnos a ellos en una actitud de diálogo profético, porque con nuestro Fundador creemos que "proclamar la Buena Nueva es el acto más sublime del amor al prójimo".

(57)Al entrar en diálogo con personas sin afiliación religiosa y con los "buscadores" de Dios, nos sentimos personalmente llamados a dar el paso de la falta de fe a una fe más profunda. Nos sentimos, asimismo, llamados a cultivar una vida comunitaria fundada en la fe y más firmemente enraizada en Jesucristo, la Palabra viva de Dios.

(58)Respondemos a esta llamada cuando urgimos a la Iglesia local a confrontarse con el mundo para darle el testimonio de la Buena Nueva a través de su presencia, su servicio, su alegría y esperanza. También alentamos a las comunidades locales a ofrecer a los "buscadores" de Dios una acogida realmente cordial en la Iglesia. Esto adquiere especial urgencia allí donde las prácticas y costumbres de la Iglesia local dan la sensación de crear barreras entre la comunidad cristiana y aquellos que podrían ser invitados a seguir a Cristo.

(59)Nuestra respuesta es más efectiva cuando, junto con la Iglesia local, salimos al encuentro de quienes no tienen afiliación religiosa. Cuando, preguntados por la razón de nuestra esperanza (1Pe 3, 15), estamos dispuestos a compartir cómo la vida, la muerte y la resurrección de Jesús nos motivaron a encontrar un sentido más profundo en nuestras propias vidas. Si responden con interés, invitaremos a esas personas a ser discípulos de Jesús y a compartir la misión de testimoniar el Reino de Dios.

3.2.2 Diálogo con los pobres y marginados

(60)Nuestra vocación misionera es un llamado al diálogo profético con los pobres y marginados de nuestro mundo para ver cómo promover el desarrollo humano integral. En Nazaret Jesús destacó que había venido a traer buenas noticias a los pobres, libertad a los cautivos, vista a los ciegos y liberación a los oprimidos. Sin duda, los materialmente pobres son los primeros en sufrir opresión. Pero hay un sin fin de otras razones, (sexo , raza, apariencia, condición física, edad, opción política, capacitación académica, etc.) que han servido para justificar la marginación y la opresión. Hoy, atentos a la Palabra y al Espíritu de Dios, haciendo causa común con los pobres y marginados, queremos enfrentar las situaciones de opresión en la Iglesia y en el mundo mientras trabajamos por una libertad más plena.

(61)Al comprometernos en el diálogo profético con los pobres y marginados comprendemos más profundamente que “no sólo luchamos contra el hambre, la ignorancia y el atropello de los derechos humanos, sino, y ante todo, contra el pecado que radica en el corazón del hombre, en el cual vemos la causa más profunda de las estructuras y sistemas opresores que provocan estos males” (c 112.2). Nuestro voto de pobreza debería sensibilizarnos en forma especial ante su situación. Todos y cada uno estamos llamados a pasar del egoísmo a la solidaridad. Como hermanos cultivamos una vida comunitaria auténticamente fraterna que permita a todos, jóvenes y mayores, Hermanos y clérigos, superiores y miembros, participar plenamente en la vida y en las decisiones de la comunidad.

(62)Respondemos a esta llamada promoviendo la participación plena de los pobres y marginados en las Iglesias locales. Ayudamos a desarrollar estructuras gracias a las cuales ellos no sean observadores pasivos, sino sujetos activos en sus comunidades eclesiales. Al igual que Pedro y Pablo en la Iglesia primitiva, alentamos la solidaridad al interior de la Iglesia y la solidaridad entre las Iglesias de modo que se puedan satisfacer las necesidades de todos.

(63)Respondemos todavía mejor cuando, junto con las Iglesias locales, luchamos para capacitar a los pobres y marginados a conquistar mayor bienestar y dignidad. Nos esforzamos por mirar el mundo como lo ven los pobres y marginados y, fortalecidos por ellos, nos unimos a sus luchas contra las injustas estructuras sociales y el abuso de poder. Queremos construir puentes de solidaridad, sin atender a la posición económica y social de las personas y afianzar nuevos modelos de comunión inspirados en el Reino de Dios.

3.2.3 Diálogo con gente de otras culturas

(64)Nuestra vocación misionera nos llama a un diálogo profético con personas de diferentes culturas. Así aprenderemos de ellas y compartiremos la rica variedad de dones del Señor de la vida. Pero también sabemos que todas las culturas necesitan ser redimidas de elementos de pecado y de muerte. Como testigos del Reino de Dios queremos fomentar el encuentro vivificante del Evangelio con las diversas culturas y ambientes multiculturales de hoy.

(65)El diálogo profético con personas de otras culturas demanda un continuo esfuerzo de conversión personal, de muerte al etnocentrismo y racismo, y de adopción de un espíritu más "católico" sensible a la identidad cultural del prójimo. El sacrificio y la satisfacción que acompañan el aprendizaje de una nueva lengua y la introducción en la cultura de la gente en medio de la cual trabajamos nos permiten participar un poco en la experiencia de muerte y resurrección del Señor. Reconocemos que nuestra vida en comunidades internacionales e interculturales se ve empañada a veces por malentendidos y prejuicios. Por eso volvemos a comprometemos a testimoniar el amor universal de Dios en nuestro trato cotidiano.

(66)Respondemos a esta exigencia impulsando el proceso de inculturación al interior de las Iglesias locales de manera que la Buena Nueva sea parte integral del estilo de vida de la gente. Los impulsos que emanan de las diferentes culturas influenciarán, a su vez, la interpretación del Evangelio. La comunidad local es el agente principal de la inculturación. Ésta supone un oído atento para captar las necesidades de la gente y para invitarlos a asumir como propio el modo de vida revelado en Jesucristo. La aceptación de esta invitación transformará los valores, actitudes y prácticas de la gente, proceso que, a su vez, encontrará expresión en formas inculturadas de vida cristiana.

(67)Nuestra respuesta será aún más comprometida si, en colaboración con las iglesias locales, nos empeñamos en la inmensa tarea de promover valores que favorezcan la vida en las culturas locales. Así las iglesias locales enriquecerán el patrimonio cultural de todo el pueblo, sean cristianos o adeptos de otras religiones o sistemas de pensamiento secular.

3.2.4 Diálogo con gente de distintas tradiciones religiosas e ideologías seculares

(68)Nuestra vocación misionera nos insta a comprometernos en el diálogo profético con las otras Iglesias cristianas, con los seguidores de otras tradiciones religiosas, y con personas comprometidas con diversas ideologías. Juntos con esos interlocutores confiamos en poder escuchar la voz del Espíritu de Dios que nos llama a servir. Este tipo de diálogo es particularmente importante donde los católicos son mayoría, pues, de lo contrario, podríamos ser sospechosos de promover el diálogo como una mera “táctica” en aquellas situaciones donde los católicos son menos numerosos.

(69)Admitimos que no es fácil encauzar y sostener este tipo de diálogo profético con personas de otras convicciones religiosas e ideológicas. Por eso, parece más urgente aún que todos cultivemos, en la esfera de la relación interpersonal, actitudes que nos permitan crear entre nosotros un ambiente de general confianza. Todos estamos llamados a fomentar una vida comunitaria acogedora y abierta a diversos estilos de oración y expresiones de fe, promotora del espíritu de colaboración.

(70)Respondemos a esta llamada animando a los miembros de cada Iglesia local a incentivar actitudes de tolerancia, apertura y respeto, tanto en el trato recíproco como en el que damos a los adeptos de otras religiones y credos.

(71)Respondemos aún más cuando, en colaboración con la Iglesia local, buscamos maneras de trabajar juntos con personas de otras religiones e ideologías. Queremos promover la tolerancia religiosa, el respeto y la comprensión mutua, la libertad de conciencia y la estima de valores humanos y espirituales compartidos. Queremos trabajar unidos en proyectos comunes, en especial los que responden a las exigencias de la paz y el desarrollo humano integral. A veces tendremos también oportunidades de compartir nuestra experiencia de Dios en un diálogo orante.

3.3 Dimensiones características de nuestra respuesta misionera verbita

(72)Al tratar de profundizar nuestra auto-comprensión hemos podido identificar algunas "dimensiones características" de nuestra vida y servicio misionero. Empleamos el término "dimensiones características" para señalar aquellos elementos de nuestra vocación que son, por así decirlo, rasgos de familia. En diversos momentos, estos rasgos han sido también llamados "prioridades", "áreas" y, más recientemente, "dimensiones esenciales". La experiencia y la reflexión más profunda sobre estos temas han llevado a estos cambios de terminología.

(73)Con la expresión "dimensiones características" queremos señalar cuatro elementos que han recibido atención especial en la trayectoria reciente de la Congregación y a los cuales se ha dado un "status" institucional más destacado mediante el nombramiento de coordinadores a nivel de provincia, zona y generalato. Nos referimos a la pastoral bíblica (cc 106-108), la animación misionera (cc 109- 111), el apostolado de Justicia y Paz e Integridad de la Creación (c 112) y la Comunicación (c 115).

(74)Estas dimensiones características nos impulsan a profundizar nuestra experiencia del Verbo Divino bajo diferentes enfoques. El Verbo que se nos da a conocer tiene que ver con la Palabra Bíblica contenida en las Sagradas Escrituras. Proclamamos al Verbo, la Palabra que anima y llama a cada uno a participar en la misión. Nos comprometemos con la Palabra Profética que anuncia la paz, la justicia y la transformación de toda la creación. Compartimos la Palabra que se comunica y que busca derramarse en amor.

(75)Para ayudarnos a apreciar mejor el significado del concepto de dimensiones características de nuestra vocación misionera es preciso resaltar otros tres puntos:

(76)Primero: el acento puesto en las dimensiones características ha ayudado a muchos cohermanos y provincias a dar a nuestro servicio misionero un enfoque renovado y así a perfilarnos mejor en algunas Iglesias locales. Sin embargo, estas dimensiones por sí solas no expresan suficientemente la misión SVD. El compromiso con las diversas formas de diálogo ya mencionadas es más fundamental para la comprensión de nuestro carisma misionero ad gentes. En efecto, las dimensiones son más claramente "misioneras" cuando se sitúan en el contexto de esas formas de diálogo profético.

(77)Segundo: las dimensiones características no son el monopolio de algunos especialistas, sino el sello de cada verbita. Si bien es cierto que cada una puede abrirse campo en uno o más apostolados especializados (por ej. centros bíblicos, servicios de comunicación, etc.), ellas deben ser por igual "características" de cada verbita. Sea que trabajen en una parroquia, en una escuela o en otro apostolado concreto, ya sean administradores o estudiantes, estén comenzando su servicio misionero o aproximándose a su fin, su vida y trabajo deberían llevar la impronta de la Palabra Bíblica, Animadora, Profética y Comunicadora.

(78)Por último: nuestras dimensiones características no tienen que ver únicamente con nuestro servicio apostólico. Ciertamente son dones cuya riqueza queremos entregar en todas nuestras actividades, pero son dones igualmente importantes para nuestra propia vida comunitaria. Precisamente por ser misioneros del Verbo Divino nos empeñamos en compartir la Escritura en común, en animarnos unos a otros, en hacer que reinen entre todos la justicia y la paz, y en comunicarnos en amor fraternal.

III. Nuestra respuesta misionera

(79)Resumiendo nuestras reflexiones sobre el contexto contemporáneo de la misión, a la luz de la teología bíblica y la comprensión específica de nuestra vocación, hemos escogido para nuestras actividades misioneras de los años venideros las orientaciones que siguen. No pretendemos pasar revista a todos nuestros trabajos y actividades. Sólo individualizamos aquellas áreas que parecen revestir especial urgencia para nuestra misión hoy. Es claro que lo expuesto aquí tendrá que ser contextualizado en las zonas, provincias/regiones y en las comunidades locales. Las pistas que señalamos caen bajo tres encabezados generales: - Respondiendo a los desafíos contemporáneos - Reforzando nuestros compromisos actuales - Renovando nuestros recursos internos.

1. Respondiendo a los desafíos contemporáneos

(80)El mundo en su rápido proceso de cambios nos presenta muchos desafíos nuevos: la globalización, la urbanización y la migración, el ansia permanente de liberación y el impacto que todo esto tiene en la mentalidad y en la vida de la gente. Hay nuevas situaciones en las que nos sentimos llamados dar un testimonio del Reino de Dios. Las áreas que a continuación se mencionan se presentan como posibilidades de renovado compromiso o de iniciativas nuevas.

(81)Racismo. Dado que el racismo cobra fuerza en muchas partes del mundo y que también nosotros seguramente lo sufrimos, nos comprometemos a combatirlo sea dentro de nosotros mismos, dentro de la Congregación o dondequiera que se presente.

(82)Integridad de la creación. Reconocemos el desafío de trabajar por la integridad de la creación como uno de los campos más recientes de preocupación misionera. A la luz de la crisis ecológica contemporánea, nuestra preocupación por el bienestar de las generaciones por venir nos impulsa a trabajar por la preservación medio-ambiental y la adopción de un estilo de vida que testimonie la importancia que tiene la preocupación por el medio ambiente.

(83)Cooperación inter-religiosa y ecuménica. Fortalecer la colaboración inter-religiosa y ecuménica es de vital importancia para el futuro de la humanidad. Agradecemos las oportunidades que se nos dan a nosotros, misioneros ad gentes, de entrar en diálogo. Nos comprometemos a promover tales encuentros. Por eso, recomendamos que las provincias y regiones participen regularmente en actividades inter-religiosas y ecuménicas y que todos los verbitas oren a menudo y públicamente pidiendo la bendición de Dios sobre la gente de otras religiones.

(84)Pastoral urbana. Las estadísticas indican que en los próximos veinte años las ciudades albergarán la mayor parte de la población mundial. Por eso, necesitamos preparar a nuestro personal y nuestros recursos para la pastoral urbana, especialmente entre la juventud, los pobres, los marginados y los que están en búsqueda espiritual. Nuestro servicio misionero en áreas urbanas no necesariamente se limitará a las actuales estructuras parroquiales. La pastoral urbana deberá ser además uno de los puntos de atención de nuestros programas de formación inicial y permanente.

(85)La mujer. El lugar y el papel de la mujer tanto en la Iglesia como en la sociedad civil, particularmente su participación en la toma de decisiones, constituyen otro campo de nuestra preocupación. Nos comprometemos a defender los derechos de igualdad entre las mujeres y los hombres. También queremos proseguir nuestros esfuerzos de trabajar en forma más unida con nuestras congregaciones hermanas, las misioneras Siervas del Espíritu Santo y las Siervas del Espíritu Santo de la Adoración Perpetua. Resolvemos extender nuestra cooperación con las mujeres (religiosas o laicas) más allá de nuestros objetivos de familia del Beato Arnoldo.

(86)Migrantes y Refugiados. Son muchos los que hoy están forzados a huir de su suelo natal y de su país debido a conflictos de orden político, militar, etc. Muchos emigran en busca de mejores condiciones económicas. Forzados o libres, los refugiados, desplazados y migrantes deben preocuparnos en forma particular. Apelamos a las provincias y regiones, así como al Generalato, para que organicen una respuesta a la situación de los refugiados, desplazados y migrantes en cooperación de otros ya involucrados en esta tarea.

(87)Medios de comunicación social. Alentamos la lectura crítica de los medios de comunicación, así como su uso para promover valores alternativos basados en los Evangelios y el sentido de lo sagrado. Esto contrarrestará el impacto frecuentemente negativo de los medios de comunicación, que a veces niegan valores religiosos y humanos. Además, los adelantos tales como el correo electrónico y la internet deberían ser explorados como nuevos medios para proclamar el Evangelio. Deberían establecerse sitos de internet (websites) verbitas que garanticen una presencia evangelizadora.

(88)HIV/ SIDA. La del HIV/SIDA es una tragedia de proporciones mundiales cuyos efectos están diezmando generaciones y destruyendo la infraestructura económica de pueblos enteros. Su extensión se debe también a factores de pobreza, carencia de recursos para una adecuada atención médica, abuso de drogas y, muy especialmente, a la ignorancia y al rechazo de hablar sobre materias sexuales por razones culturales o religiosas. Debemos tomar conciencia de la rápida curva de expansión que ha alcanzado esta crisis provocada por el HIV/SIDA y estar dispuestos a tomar medidas en las primeras etapas de proliferación del mal. Debemos cooperar en la mentalización, en la corrección de la información falsa y en el cultivo de un clima de franqueza al tratar el problema. Deberíamos, además, redoblar nuestros esfuerzos de apoyo a las víctimas de esta epidemia, ayudando a superar el carácter de condena que frecuentemente la acompaña.

2. Reforzando nuestros compromisos actuales

(89)Si por un lado debemos buscar formas de responder a nuevos desafíos, por otro necesitamos examinar de un modo renovado los compromisos ya existentes, impulsados por los tiempos cambiantes que vivimos y por la reflexión continua acerca de lo que nuestro carisma nos pide hacer.

(90)Proyectos misioneros. Nuestras constituciones expresan la manera cómo hemos de vivir y trabajar los misioneros verbitas. Sin embargo, siendo que estamos comprometidos en distintos tipos de misión, en tiempos y lugares diferentes, necesitamos formular objetivos y planes específicos. Hacemos un llamado a las provincias y regiones a elaborar o actualizar su proyecto misionero y sus planes de acción. Estos proyectos se convertirán en tema de diálogo en la interacción dentro de las zonas, y entre el Generalato y las provincias y regiones, especialmente al destinarles personal y durante las visitas generales.

(91)Servicio Parroquial. Nuestras últimas estadísticas señalan que un gran número de verbitas están desempeñándose en la pastoral parroquial. Reconocemos y apreciamos su trabajo y los alentamos a realizar esfuerzos para clarificar y reforzar el perfil misionero de las parroquias donde trabajamos. Eso implica promover las diferentes expresiones del diálogo profético y las dimensiones características, alentando el proceso de inculturación. Incentivamos el trabajo en equipo y el espíritu de colaboración, así como el desarrollo de equipos pastorales en los cuales nuestras Hermanas Siervas del Espíritu Santo y los laicos tengan un papel importante.

(92)Equipos de coordinación pastoral provinciales pueden ayudar a promover una planificación coordinada del trabajo de los cohermanos destinados a la pastoral parroquial y proporcionar espacios de reflexión y evaluación periódica. Donde parezcan útiles, recomendamos que se creen tales equipos coordinadores.

(93)Para promover una relación armoniosa y profesional con el obispo del lugar exhortamos a las provincias y regiones a que continúen haciendo contratos con los obispos en lo que respecta a nuestro servicio en las parroquias. En esos contratos se deberá resaltar el aporte específicamente misionero que esperamos dar.

(94)Trabajo entre los indígenas. Queremos continuar nuestro trabajo entre los pueblos indígenas. Mediante el diálogo profético y el esfuerzo de inculturación nos unimos a ellos en sus luchas por su tierra, cultura, lengua e identidad. Tratamos de encontrar pistas que los ayuden a conseguir su desarrollo integral. Al esforzarnos en el desarrollo de Iglesias indígenas nos comprometemos a aprender sus lenguas y conocer su cultura.

(95)Los laicos. El rol cada vez más destacado y activo de los laicos en la Iglesia representa un desarrollo positivo. Debemos ser sinceros y humildes al reflexionar sobre nuestra relación con los laicos y la calidad de nuestra colaboración con toda persona de buena voluntad. Donde sea posible, los laicos deberían ser invitados a responsabilizarse de cargos directivos no reservados necesariamente al personal verbita en las instituciones de nuestras provincias y regiones. De buena gana queremos compartir nuestra espiritualidad con las personas con quienes trabajamos, particularmente con aquellos que se han asociado más estrechamente a nuestra misión.

(96)Cultura de la vida. La trágica ironía del mundo moderno es que así como la ciencia y la tecnología encuentran diferentes maneras de mejorar la vida, también son empleadas para provocar la muerte. Contra esta creciente cultura de la muerte, nos unimos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad y nos comprometemos a trabajar para promover la cultura de la vida. Rechazamos todo lo que implica amenaza a la vida humana: las injustas estructuras económicas, el genocidio, la pena de muerte y la tortura, y decididamente apoyamos las iniciativas tendientes a proteger la vida dondequiera esté en peligro.

(97)Pastoral familiar y animación misionera. La constitución 109.1 nos insta a prestar atención a la educación y formación de familias verdaderamente cristianas, sensibles a las necesidades de la Iglesia y del mundo. Especialmente en estos tiempos en que los valores de la familia están siendo amenazados y muchas familias se están destruyendo, queremos acentuar la importancia de la pastoral familiar. A través de ella no sólo queremos atender a las familias y sus necesidades, sino también considerarlas como "iglesias domésticas", agentes de la misión (Apostolicam Actuositatem 11; LG 11). Realmente, podemos afirmar en cierto sentido que, como la Iglesia universal, la familia es "misionera por naturaleza" (AG 2). De este modo, la familia es testigo eficaz de la Buena Nueva y se convierte en compañera nuestra al servicio de la animación misionera. Por lo tanto, alentamos a todos los cohermanos a buscar cómo asociar a las familias en la animación misional.

3. Renovando nuestros recursos internos

(98)Formación. Agradecemos a Dios por las muchas vocaciones que nos ha enviado. Para corresponder a esta gracia debemos invertir en este personal ofreciéndoles buenos programas de formación inicial y permanente, programas coherentes con nuestra vocación y servicio misionero específico.

(99)Recomendamos que todas las provincias y regiones revisen sus programas de aprendizaje de idiomas y de orientación para los neomisioneros y los que regresan definitivamente a su patria. Dichos programas ayudan a los primeros a inserirse en la situación concreta de la gente con la cual han de trabajar (c 103) y a los que regresan les facilitan su readaptación a la propia cultura.

(100)Espiritualidad. Nuestra espiritualidad es el corazón de nuestro trabajo misionero. Se nos recuerda que "la actividad misionera exige una espiritualidad específica", y "que el impulso renovado de la misión ‘ad gentes’ requiere de misioneros santos" (RM 87,90). Hemos descrito nuestra vocación de participar en la misión de Dios como una llamada a un múltiple diálogo. Esto exige de todos nosotros una gran apertura a Dios. Por eso seguimos el ejemplo de Jesús y vivimos esa apertura en el silencio, la meditación y la oración.

(101)Recomendamos que, en colaboración con nuestras dos congregaciones hermanas, la nuestra siga promoviendo la expansión del Centro de Espiritualidad Arnoldo Janssen. E éste instamos a seguir desarrollando y articulando nuestro legado espiritual. También recomendamos que los superiores provinciales/regionales y sus consejos incentiven y promuevan eficazmente el desarrollo y actividades de los equipos provinciales de animación espiritual.

(102)Comunidad. Nuestra comunidad, compuesta por Hermanos y clérigos de diferentes naciones y culturas, debe ser símbolo vivo de la unidad y diversidad de la Iglesia y del Reino de Dios. De hecho, frecuentemente ha demostrado ser una auténtica escuela de diálogo. Para mantener esta atmósfera necesitamos renovar constantemente nuestro compromiso de formar comunidades impregnadas del espíritu de fe, acogedoras, internacionales, interculturales y fraternas. Así comenzaremos a cumplir ya en nuestra vida comunitaria nuestro compromiso con las diversas expresiones del diálogo profético.

(103)Algunas de nuestras provincias tienen un gran número de miembros ancianos. Cohermanos ancianos vuelven de los países donde trabajaron la mayor parte de su vida para pasar en la patria el atardecer de sus años. Con frecuencia no están suficientemente preparados para encarar los cambios que han de experimentar en esta encrucijada. Esto les acarrea dificultades a ellos y a sus respectivas comunidades. Habrá que alentarlos a aceptar su situación y a "envejecer con gracia". Por eso, los superiores provinciales y regionales deberán tomar medidas para prepararles a enfrentarse con esta etapa importante de su vida. Deberían animarles a decidir a tiempo dónde y cómo les gustaría pasar sus años de retiro y arreglar los detalles de su testamento, poderes legales (donde sea posible y necesario) y funerales. Al mismo tiempo, las provincias deberían capacitar a cohermanos para acompañar y guiar a nuestros ancianos.

(104)Hermanos. Conscientes de la importancia de los Hermanos en nuestra Congregación, recomendamos que todos los niveles de gobierno prosigan en sus esfuerzos de dar a conocer la vocación de los Hermanos y promover su desarrollo en la Congregación. Recomendamos, además, que los Hermanos sean motivados para elegir servicios directamente afines a las expresiones de nuestro diálogo profético y a las dimensiones características de nuestra vocación verbita, y a hacerse profesionalmente competentes en ellos.

(105)Investigación sobre la misión. Los verbitas somos herederos de una respetable tradición multidisciplinaria en el campo de los estudios acerca de la misión. La situación cambiante de la misión desafía a nuestros diversos institutos de investigación y a todos los investigadores verbitas y les exige mantenerse en estrecha colaboración y orientar sus estudios y enseñanzas a temas concretos que contribuyan a mejorar nuestro servicio misionero y adecuarlo a las necesidades actuales.

(106)Recomendamos que el Generalato, de acuerdo con las provincias y regiones, trate de asegurar que se destinen recursos financieros y cohermanos para tareas de investigación misionera. Deberían apoyar especialmente aquellos proyectos que promuevan la cooperación entre nuestros diferentes institutos de investigación.

(107)Autosuficiencia financiera. En la medida en que nuestra Congregación crece y emprende nuevas iniciativas misioneras, crece igualmente la necesidad de encontrar mayores recursos financieros. Hasta el presente hemos podido cubrir las necesidades básicas de la Congregación, gracias a la sostenida generosidad de nuestros bienhechores, a la solidaridad financiera de las provincias y a la concienzuda administración financiera de nuestros ecónomos. Sin embargo, sabemos por dolorosa experiencia que una dependencia demasiado grande de recursos venidos del extranjero puede desembocar en una praxis misionera disociada de la realidad local. Cada cohermano y cada comunidad debería contribuir al plan de autosuficiencia viviendo el ideal de nuestra vida religiosa (c. 213) y observando el principio de la rendición de cuentas. Recomendamos que las provincias y regiones sigan dando pasos concretos para avanzar hacia la autofinanciación, como meta no sólo de la administración de los bienes temporales, sino también de la práctica misionera.

Conclusión

(108)Al concluir el 15º Capítulo General y abrir una nueva página de nuestra historia, miramos el futuro con confianza. Nos ponemos una vez más enteramente bajo la guía y dirección del Espíritu Santo, persuadidos de que la actividad misionera por su misma naturaleza es su obra y manifestación (c 105).

(109)Si queremos conocer y cumplir la voluntad de Dios necesitamos, en verdad, mantenernos a la escucha del Espíritu. Estamos convencidos de que al entrar en diálogo con otros nos abandonamos a Dios mismo. Sea que nos demos a los demás por un minuto, por una hora, un día o de por vida, nos hacemos don para ellos y para Dios. Y Dios que habita en ellos así como habita también en nosotros se hace, a su vez, un don para todos. De esta manera nos unimos con alegría a nuestra generación fundadora y a todos los seguidores de Jesús y renovamos nuestro compromiso de ser testigos llenos de esperanza de la Buena Noticia del Reino de Dios.

(110)Tenemos conciencia de que los retos de la misión hoy son enormes y que nuestra respuesta es totalmente inadecuada; pero al mismo tiempo sabemos que la misión es fundamentalmente obra de Dios. Por eso nos anima la certeza de que la venida del Reino de Dios "no sólo está más allá de todos nuestros esfuerzos, sino también más allá de nuestros horizontes. No podemos hacerlo todo; al admitirlo experimentamos una sensación de alivio, pues ello nos da la posibilidad de hacer algo y hacerlo muy bien" (atribuido al Arzobispo Oscar Romero).

(111)Así, al comenzar a enfrentar los desafíos del nuevo milenio, en medio de este Año Jubilar 2000, queremos dar gracias al Señor Jesús porque nos llamó a ser sus discípulos. Con satisfacción llevamos su nombre, Misioneros del Verbo Divino. Le agradecemos que "su vida es nuestra vida, su misión es nuestra misión" (Const. Prólogo).

Nemi, 14 de julio de 2000.