Queridos cohermanos,
Uno de los objetivos de los Capítulos Generales de nuestra Congregación, tal como se detalla en la Con. 616, es inspirar a ‘‘todos a renovarse como religiosos y misioneros en la vida y actividad apostólica’’. Esto significa que la renovación es uno de los objetivos de los Capítulos Generales. La pregunta es: ¿Cuál es la contribución y el carácter distintivo del XVIII Capítulo General?
En la carta de convocatoria del Capítulo leemos: “El objetivo de este Capítulo es fortalecer un proceso de revitalización espiritual, volcándonos nuevamente a la Palabra de Dios como la fuente de nuestra vida, vocación, misión y cometido religioso misionero. Por lo tanto, visualizamos el venidero Capítulo como un espacio para profundizar nuestra espiritualidad, abrevándonos del Evangelio y del pueblo, para crecer en riqueza personal y animación espiritual” (Carta Circular P01/2016). Por lo tanto, es evidente que el XVIII Capítulo General no estaba destinado principalmente a dar una nueva orientación a la Congregación. La orientación de la Congregación ya fue discutida y decidida en capítulos generales anteriores. El Diálogo Profético es nuestra comprensión de la misión de hoy, que queremos promover con nuestros cuatro socios de diálogo preferentes (XV Capítulo General). El Diálogo Profético nos abrió el camino para que revisaramos nuestra vida y misión en sus cinco dimensiones (XVI Capítulo General). En el XVII Capítulo General, diseñamos planes de acción para implementar el Diálogo Profético dentro de nuestra Congregación (ad intra) y con nuestros socios del diálogo (ad extra). A raíz del XVIII Capítulo General, lo que necesitamos es un impulso espiritual que nos ayude a avanzar hacia la implementación de las Orientaciones de la Congregación. La Declaración del XVIII Capítulo General afirma que “nuestra Congregación tomó conciencia de que necesitamos comprometernos en un proceso de renovación de nosotros mismos, de nuestra vida comunitaria y de nuestra misión”. 1 Sabemos que solo podemos avanzar si nos tomamos más en serio el proceso de profundización, nuestras raíces espirituales y la renovación de nuestros compromisos como misioneros religiosos del Verbo Divino. Y esta es la contribución distintiva del XVIII Capítulo General.
El énfasis principal del XVIII Capítulo General es la renovación y transformación espiritual. Renovación y transformación no significa traer algo nuevo. Se trata de hacer presente y fructífero lo que ya está. Se trata de redescubrir “los fundamentos espirituales que sostienen y nutren nuestra vida personal y comunitaria y dan sentido a nuestra misión”. 2 Este Capítulo nos ha ayudado a regresar a los cimientos de nuestra Congregación, a nuestro nombre. Se nos ha dado el nombre de Congregación del Verbo Divino, y este nombre es nuestra misión. 3 La práctica de compartir la Biblia y la vida durante el Capítulo nos ha demostrado que un proceso de discernimiento personal y comunitario basado en la Palabra de Dios es fundamental para tomar decisiones importantes para el individuo, la comunidad y la Congregación en general. De los informes de muchas provincias hemos sabido que esta práctica ha sido adoptada como parte de sus asambleas y reuniones. Nos damos cuenta de que poner la Palabra de Dios como el centro de nuestra vida es nuestra manera de ver la realidad como un todo, de hacer discernimiento y de planificar nuestras respuestas a diferentes situaciones. Al mismo tiempo, enriquecidos por nuestras experiencias misioneras en comunidades interculturales, descubrimos nuevas dimensiones de la Palabra de Dios. Nuestro arraigo en la Palabra nos da nuevo impulso para nuestra misión. Nuestra participación misionera también nos lleva de nuevo a la Palabra de Dios como la fuente de nuestra orientación, inspiración y fortaleza.
Nuestro fundamento espiritual nos impone estar enraizados en la Palabra y ser fieles a la Palabra. Por esta razón, el Consejo General, junto con los miembros del Caucus, ha decidido llamar a su publicación anual Fieles a la Palabra. La fidelidad es una característica del amor. Ser fiel a la Palabra significa amar la Palabra. Amar a alguien es darle espacio y tiempo, mostrar un profundo afecto y estar unido al amado. Amar la Palabra, por lo tanto, es dejar que la Palabra tome la iniciativa en nuestra vida. La Palabra de Dios debe ser la guía para convertirnos en lo que debemos ser y en hacer lo que debemos hacer. La declaración del XVIII Capítulo General dice: “Hacer de Cristo nuestro primer amor significa experimentar de manera personal su amor que lleva a la transformación del individuo y de la comunidad e impulsa a la persona/comunidad transformada a comprometerse totalmente al servicio amoroso de los demás en la misión”.4 Amar a Jesús, el Verbo encarnado, tiene la consecuencia de que tenemos que hacer que aquellos que él tuvo cerca de sí, sean la preocupación de nuestros corazones. Los principales interlocutores de Jesús: los pobres, los marginados, los quebrantados, los cautivos, los enfermos, los oprimidos son nuestros interlocutores en el diálogo.
La fidelidad a la Palabra requiere que respetemos la Palabra de Dios. La Palabra es la Palabra de Dios; no es nuestra palabra. La Palabra de Dios no es un eco del deseo y el interés de nuestros corazones; y no debe ser usado como una justificación para nuestra ambición y proyectos. La característica desafiante de la Palabra permanece. La Palabra de Dios pone en tela de juicio nuestra forma de pensar, hacer y vivir. La Palabra de Dios desafía nuestra propia manera de ser.
Centrar nuestra vida en la Palabra de Dios nos lleva a renovarnos y transformarnos a nosotros mismos y nuestra misión. Como misioneros del Verbo Divino, damos testimonio del Reino de Dios a través del Diálogo Profético caracterizado por las cuatro Dimensiones Características. Las cuatro Dimensiones definen quiénes somos y qué hacemos. Somos personas centradas en la Palabra de Dios. Al escuchar la Palabra, encontramos a Dios como el creador que nos confía el cuidado de la Madre Tierra como nuestro hogar común. En su compasión por los pobres y oprimidos, nos alienta a promover la justicia y la reconciliación. En la riqueza de encontrar a Dios y en la experiencia de la promoción de JUPIC nos comunicamos con otros, porque queremos animarlos a colaborar en la misión de Dios que nos ha sido confiada. Nuestra renovación espiritual, por lo tanto, necesita tomar forma en nuestras cuatro Dimensiones Características.
La publicación anual del Generalato Fieles a la Palabra pretende articular nuestro compromiso con estas Dimensiones Características. Sin embargo, este primer número es sobre la Formación. El Consejo General ha decidido hacer de la Formación uno de los tres enfoques de este sexenio, junto con la Espiritualidad y la Colaboración con los socios laicos de la misión. La formación, especialmente la formación inicial, siempre ha sido una preocupación particular de la Congregación. Según el informe del Coordinador de Formación y Educación durante el Capítulo General de 2018, la Congregación en todo el mundo tiene unas 115 casas de formación con al menos 2,300 formandos en diferentes fases de formación. Esa formación es nuestra prioridad y así lo refle jamos. Por ejemplo, de 2012 a 2017, el 41% de los subsidios del Generalato (alrededor de 28,3 millones de dólares) se destinó a las casas de formación. En los próximos años, queremos prestar más atención a encontrar formas de preparar a nuestros jóvenes para la vida y la misión intercultural. Nuestra formación es para la misión que hacemos como religiosos. La formación misionera religiosa debe centrarse en la madurez humana, el desarrollo espiritual, la vida comunitaria, la capaciación académica y el compromiso misionero. Como Socii Verbi Divini, que en la encarnación se hizo uno con la gente y estuvo cerca al pueblo, estamos llamados y capacitados para seguir unidos a la gente. Nuestra formación inicial debe tener como objetivo el acompañamiento cercano de nuestros jóvenes, para que sean fieles a la Palabra y estén unidos a la gente. Un misionero del Verbo Divino es aquel que basa su vida y trabaja en la amistad con el Verbo. Al mismo tiempo, un misionero del Verbo Divino es aquel que está cerca de la gente, que siente sus tristezas y alegrías, que está abierto a colaborar con otros, que está dispuesto a sumergirse en la cultura de la gente y que está abierto a vivir y trabajar en una comunidad intercultural.
Nuestros esfuerzos después del XVIII Capítulo General están dedicados a renovarnos individualmente y en comunidad. Una forma de renovarnos es interesarnos en la publicación del Generalato, que está destinada a guiarnos en nuestra formación permanente. Proponemos utilizar el método del Compartir la Biblia y la vida también como método para leer y discutir esta publicación anual. El contenido de Fieles a la Palabra puede servir como material para la lectura personal y para la reflexión y discusión comunitaria.
Esta publicación es posible gracias al arduo trabajo y la colaboración de muchos cohermanos. Queremos agradecer al P. Stanislaus Thanuzraj Lazar que aceptó el cargo de Editor de Fieles a la Palabra. Nuestro agradecimiento especial al P. Pushpa Anbu Agustín y al Hno. Carlos José Ferrada Montero, quienes contactaron a los formadores para contribuir al primer capítulo. Agradecemos a todos los cohermanos que han compartido sus experiencias de formación. También estamos agradecidos a al P. Andrews Obeng por su reflexión teológica en el segundo capítulo y al P. Nevil D’Silva por articular los aspectos prácticos de la formación en el tercer capítulo. Queremos expresar nuestro agradecimiento a todos los formadores, por su dedicación y amor en este importante servicio a la Congregación. Agradecemos a los PP. Pedro de Dios Martin y Brian O’Reilly por la traducción y demás cohermanos que participan en esta publicación. Finalmente, les agradecemos a todos ustedes, queridos cohermanos, por hacer de la Formación una de nuestras prioridades y por su disposición para renovar y transformar nuestra formación SVD.
Fraternalmente en el Verbo Divino, P. Paulus Budi Kleden, SVD
y equipo de liderazgo
1 En Palabras y Obras (EPO), Documentos del XVIII Capítulo General SVD 2018, Roma, No. 6, 2018, 2.
2 Ibid.
3 Ibid., 17 y 53. El documento del Capítulo usa la expresión “nuestro nombre es nuestra misión.”
4 Ibid., 10.