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PRESENTACIÓN

“Su vida es nuestra vida; su misión es nuestra misión”, esta frase del Prólogo de nuestras Constituciones es conocida de memoria por todos los miembros de nuestra congregación. Es la esencia de nuestra llamada como SVD. Porque “guiados por el Espíritu Santo lo seguimos (a Jesús), glorificando al Padre y llevando la plenitud de la vida a los demás”. Por tanto, la “obra misionera” es “el objetivo culminante de nuestra congregación” (Prólogo de las Constituciones SVD). La misión no es implementar una ideología o realizar un proyecto, sino seguir a Jesús. Nos demuestra que Dios es en sí mismo un Dios misionero. Es un Dios que se extiende, que da y recibe, que habla y oye. Además, es un Dios de comunión y diálogo. Vivir esta llamada misionera significa dejarnos guiar por el Espíritu Santo, para ir a donde el Espíritu nos lleve, para hacer lo que el Espíritu nos dice que hagamos.

Esta apertura principal al Espíritu Santo nos ha permitido reflejar el significado de la misión en el contexto cambiante de nuestro mundo y de la Iglesia. En las últimas décadas, nos hemos dado cuenta de que nuestra mission ad gentes necesitan ser enriquecida con la missio inter gentes porque la misión no es solo unidireccional. Está en todas partes porque en todas partes hay situaciones de frontera, sujetos y destinatarios de la misión. Desde el XV Capítulo General entendemos la misión como un diálogo profético con cuatro socios preferenciales realizado a través de cuatro dimensiones características. Este momento de la pandemia de COVID-19 revela una nueva vulnerabilidad en nosotros y dentro de nuestras instituciones. Esta situación nos desafía a reflexionar sobre nuestra misión en un momento de crisis. En abril de este año, nuestro Secretario de Misiones, el P. Stanislaus Lazar, obordó esta cuestión. La missio inter gentes entendida como diálogo profético debe tener en cuenta esta realidad de vulnerabilidad. La misión en tal contexto debe ser mission ad vulnera según el P. Robert Schreiter, CPPS o missio inter-vulnera, como la acuñó el P. Steve Bevans, SVD.

Aunque la misión es la razón de ser de nuestra congregación, la misión no es nuestra. Es la misión de Dios, que la confía a la Iglesia. Dado que la Iglesia es una Iglesia misionera, nacida de y para la misión, todos los bautizados están llamados y capacitados para vivir su misión. En su encíclica Evangelii Gaudium, el Papa Francisco nos recuerda que cada uno de nosotros está en una misión porque en/y a través de nosotros, Dios quiere llevar su Buena Nueva al mundo.

Como congregación misionera, una de nuestras dimensiones características es animar a otros a realizar su misión y ponerla en práctica. Nuestras Constituciones lo mencionan como nuestro compromiso de “concientizar a las Iglesias particulares acerca de su corresponsabilidad misionera en el contexto de la Iglesia universal, impulsándolas a trasmitir a otros la Buena Nueva que recibieron” (Con.110). Por tanto, nuestra animación misionera no se dirige exclusivamente a los laicos sino a todo el pueblo de Dios, incluidos los religiosos y el clero, que pertenecen a sus respectivas iglesias locales.

Con gran alegría y con un sentido de gratitud, presento esta publicación que contiene buenas prácticas de animación misionera a diferentes grupos, reflexiones teológicas y la orientación para el futuro. Esta edición tiene la intención de alentarnos a vivir la animación misionera de manera reflexiva y constante como un aspecto que nos caracteriza de manera única. La animación misionera no solo se delega a nuestros secretarios de misiones. Por lo tanto, recomiendo encarecidamente que este documento se lea y reflexione individualmente, en nuestras comunidades, casas y distritos.

En nombre del Consejo General, quiero agradecer a quienes compartieron sus experiencias y reflexiones en esta publicación. En particular, mis palabras de agradecimiento y aprecio al P. Stanislaus Lazar, SVD, nuestro Secretario de Misión, quien con paciencia y buena organización completó esta publicación.

Que el Espíritu Santo, principal agente de la misión, continúe guiándonos para vivir nuestra llamada a la misión.

Fraternalmente en el Verbo Divino,
P. Paulus Budi Kleden, SVD y equipo de liderazgo

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