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Todos Discípulos Misioneros
Secretario General de la Misión
Desde esta perspectiva, propongo en nuestra reflexión tres aspectos de nuestro discipulado misionero:
Dejarnos moldear por Jesús
Jesús nos ayuda a discernir el camino de la misión, que es de Dios y a la cual hemos sido convocados como colaboradores. Necesitamos la guía del Maestro para renovar en él y desde él nuestro discipulado, refrescando la mística verbita de nuestra consagración misionera al servicio del Reino. Seremos fieles y creativos en la medida en que nuestra motivación fundamental permanezca anclada en el corazón del Evangelio; es decir, una entrega incondicional a la misión de Dios, superando las tentaciones hedonistas y autorreferenciales. Cuanto mayores sean las dificultades y contrariedades del camino, más profundo debe ser nuestro empeño por fortalecer la motivación primera y esencial por la cual caminamos.
Ser “sanadores heridos”
Los 150 años de camino congregacional representan un tesoro invaluable de aprendizajes. Este caudal de sabiduría es inmensamente superior a cualquier decepción o frustración personal vivida en nuestro servicio misionero. Más allá de nuestra fragilidad humana, sobreabunda la gracia del Dios Trino, cuya misericordia sigue conduciendo la historia hacia la plena reconciliación de todos y de todo en Cristo.
Al igual que los discípulos de Emaús, el camino fuera de la comunidad se nos hace más largo mientras permanecemos encerrados en “nuestro propio relato”, que el regreso y reencuentro con los demás al reconocernos en comunión con ellos en el Señor Resucitado. Nuestras heridas solo pueden ser sanadas en las heridas de Cristo, quien nos confía la misión y nos fortalece para testimoniar la reconciliación y la sanación. Abrazamos nuestra humanidad herida porque estamos comprometidos, con esperanza, con una humanidad redimida.
Abrazar la “esperanza que no defrauda”
Nuestra esperanza, cimentada en la fidelidad de Dios, sigue siendo el motor de nuestra misión. Ella nos permite mantener la alegría en medio de las pruebas, sostener la fuerza en medio de las limitaciones, alimentar la entrega frente a actitudes egoístas, dar testimonio de la verdad en medio de la mediocridad y abrirnos a la novedad del Espíritu incluso frente a la apatía.
Las excusas y justificaciones para no actuar, o para recorrer caminos individualistas, pierden sentido desde esta perspectiva. Es alentador animarnos mutuamente a fijar nuestros ojos, nuestros corazones y nuestros pasos en la promesa de Jesús de alcanzar la vida en abundancia, convencidos de que “la evangelización es siempre un proceso comunitario”.(3)
Juntos, religiosos y laicos misioneros del Verbo Divino, sostenemos nuestro compromiso de crecer y ayudar a otros a crecer en una comunidad eclesial sinodal y misionera.
(1) Mensaje del Papa Francisco para el Domingo Mundial de las Misiones 2025 (San Juan de Letrán, Roma, 25 de enero de 2025).
(2) Ibid
(3) Ibid