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151 Años de la Congregación del Verbo Divino: Testimonio, Escucha y Renovación

Al conmemorar el 151.° aniversario de nuestra fundación, este mensaje especial del Padre General Anselmo R. Ribeiro invita a nuestra familia global a mirar más allá de los números y abrazar una verdadera renovación espiritual. Explore las realidades de nuestro mundo hoy y únase a nuestro compromiso práctico de redescubrir el poder transformador de escuchar diariamente la Palabra de Dios.

Queridos cohermanos, laicos asociados, amigos y amigas, colaboradores y benefactores:

Ha transcurrido ya un año desde las grandes celebraciones del Jubileo conmemorativo de la fundación de nuestra Congregación del Verbo Divino. Al celebrar nuestro ciento cincuenta y un aniversario, estamos nuevamente invitados a mirar con gratitud el año transcurrido.
Damos gracias a Dios por las bendiciones que hemos recibido. Y por su constante guía y fidelidad hacia nuestra Congregación y su misión. Al mismo tiempo, estamos invitados a contemplar el presente, con la mirada puesta en el futuro.

Nuestra misión hoy nos pone en comunión con tantas personas que sufren las consecuencias de las guerras, los desastres naturales y otras calamidades. Nos pone en comunión con quienes se ven obligados a abandonar sus tierras por razones de pobreza, persecución o amenazas a su supervivencia. Y con quienes viven en contextos marcados por la polarización, los extremismos y la intolerancia. También estamos llamados a acoger y solidarizarnos con quienes se sienten abandonados, excluidos o heridos en su dignidad.

Las heridas de nuestro tiempo no disminuyen. En muchos lugares, por el contrario, parecen hacerse cada vez más profundas.

Ante esta realidad, estamos invitados a preguntarnos:

¿Cuál es nuestro lugar como Misioneros del Verbo Divino?

¿Qué testimonio estamos llamados a ofrecer?

¿Qué quiere Dios de nosotros en esta situación?

Como Congregación religiosa, ocupamos un lugar significativo en la Iglesia.
Somos una de las más grandes congregaciones misioneras por el número de sus miembros. Y estamos presentes en muchos países y culturas. Pero los números, por sí mismos, no garantizan que nuestra presencia sea un verdadero servicio al Pueblo de Dios y a las personas de buena voluntad. Es necesario ir más allá de las estadísticas. Es necesario que nuestra presencia sea un testimonio de comunión.

En el centro de esta comunión se encuentra nuestra relación con Cristo, el Verbo Divino.

Hemos consagrado nuestras vidas a Él. A través de Él, hemos sido llamados y enviados a participar en la Missio Dei. Antes de hablar de Dios, debemos permanecer con Él. Debemos escuchar su Palabra y permitir que esa Palabra transforme nuestras vidas. Por eso, en este ciento cincuenta y un aniversario, quisiera invitar a todos a redescubrir la Palabra de Dios. Es en la Palabra donde encontramos al Señor que nos llama, nos reúne y nos envía. En ella aprendemos nuevamente a reconocer su voz en medio de las muchas voces de nuestro tiempo. En ella encontramos luz para discernir los caminos de la misión y fuerza para permanecer fieles cuando el camino se hace difícil.

Quizás nuestro compromiso en este nuevo año de la Congregación podría ser precisamente este: ir más allá de la lectura diaria de las Escrituras en la liturgia y dedicar un tiempo personal y sin prisas para saborear la Palabra de Dios. Incluso treinta minutos sagrados al día nos permitirían permanecer ante la Palabra sin prisas. A solas. Con la libertad y la confianza de quien se sienta a conversar sobre la vida con un amigo. La renovación que buscamos para nuestra vida personal, comunitaria y misionera puede comenzar precisamente ahí: sentándonos nuevamente a los pies del Maestro para escucharlo.

Arnoldo Janssen vivió en un tiempo de profundas transformaciones, inseguridades y dificultades. Nosotros también vivimos un tiempo de cambios profundos y, muchas veces, de incertidumbres. No sabemos exactamente qué nos depara el futuro. Pero podemos confiar en que Dios continúa actuando en la historia.
Quizás aún no percibamos lo que Dios está haciendo. Por eso, el momento presente nos invita a escuchar con atención, a discernir y a confiar.

Que el Verbo Divino, que asumió nuestra humanidad y entró en la historia humana, renueve en cada uno de nosotros la alegría de ser su discípulo y misionero.
Que el Señor continúe bendiciendo nuestra Congregación, nuestras comunidades, nuestros colaboradores, nuestros benefactores y a todos aquellos que, de diferentes maneras, forman parte de la gran Familia Arnoldina.

Muchas gracias y que Dios les bendiga a todos.

Padre Superior General Anselmo Ribeiro, SVD

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