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- julio 2, 2026
Del Discernimiento a la Identidad: Los Nuevos Superiores SVD Trazan un Futuro Misionero
A mitad del Taller para los nuevos Superiores de Provincias, Regiones y Misiones (PRM) de la SVD, el encuentro en el Centro Ad Gentes pasó de una exigente reflexión sobre el futuro de la Congregación a los pilares concretos que deben sostenerlo. A través de una conferencia magistral del Superior General, una sesión sobre liderazgo sinodal y cuatro presentaciones temáticas sobre la identidad misionera, los nuevos Superiores recibieron tanto una visión de hacia dónde se dirige la SVD como un lenguaje práctico para guiar sus Provincias, Regiones y Misiones hacia ese futuro.
Tres Trayectorias hacia el 2050
El Superior General, P. Anselmo Ribeiro, SVD, abrió la sesión no con una revisión de políticas, sino con una invitación al discernimiento compartido. “¿Cómo podemos rediseñar nuestra presencia misionera para responder a las realidades de hoy?”, una pregunta que no buscaba preservar las estructuras existentes, sino indagar en cómo las Provincias, Regiones y Misiones pueden servir mejor a la Missio Dei mediante decisiones valientes e inversiones estratégicas en las personas y en la misión.
Él presentó tres posibles trayectorias para la Congregación. La primera, el declive interno, implicaría que las provincias occidentales continuaran reduciéndose sin una reorganización significativa, dejando a muchas comunidades europeas dependientes de personal internacional y generando presión sobre escuelas, parroquias, centros de retiro y servicios sociales.
La segunda, el reequilibrio intercultural, prevé que las provincias inviertan deliberadamente en formación intercultural, liderazgo compartido y proyección misionera: un camino en el que el descenso numérico no implica necesariamente una pérdida de vitalidad.
La tercera, la renovación misionera, apunta a una reimaginación más radical de la misión misma: no se trata de que religiosos se trasladen del Sur Global al Norte simplemente para cubrir vacíos, sino de un intercambio genuino entre Iglesias, basado en comunidades auténticamente internacionales y no en modelos de sustitución.
Según el P. Ribeiro, los tres escenarios reflejan una verdad más amplia sobre la vida religiosa masculina católica en el mundo: no se trata simplemente de un proceso de declive, sino de una transformación en su geografía, composición y lenguaje misionero. Si bien la contracción en Europa y América del Norte es real y estructural, África y Asia están entrando en una nueva etapa histórica que exigirá a las familias religiosas replantear la gobernanza, la formación, la sostenibilidad de sus obras y la comunión intercultural.
De cara a 2050, afirmó, el futuro de la Congregación dependerá menos de la nostalgia por formas de vida religiosa pasadas y más de su capacidad para construir comunidades evangélicas, austeras, fraternas y misioneras capaces de dialogar con las culturas emergentes. Las estadísticas, en esta perspectiva, no son simplemente números, sino indicadores de discernimiento eclesial.
Les ofreció a los Superiores un panorama estadístico sobrio: desde la fundación de la Congregación en 1875, 25,276 personas han ingresado a la Congregación. De ellas, 12,657 la han dejado. De las 12,619 que permanecieron, 7,038 han fallecido. Estas cifras subrayan discretamente tanto la magnitud del sacrificio misionero de la SVD como la urgencia del discernimiento en curso.
La Sinodalidad como Renovación Espiritual y Estructural
La reflexión continuó con el testimonio del Equipo de Liderazgo General de las Misioneras Siervas del Espíritu Santo (SSpS) — Las hermanas Miriam Angelica Altenhofen, SSpS, Mikaelin Bupu, SSpS, Mariana Camezzana, SSpS y Gretta Maria Fernandes, SSpS—, quienes compartieron su experiencia de liderazgo sinodal. Destacaron la participación, la corresponsabilidad y el discernimiento comunitario como prácticas vividas, ofreciendo a los Superiores un ejemplo concreto y fraterno de la sinodalidad en acción.
En una sesión paralela, se presentó la sinodalidad no como un mecanismo administrativo, sino como un camino de renovación espiritual y de reforma estructural, que permite una Iglesia más participativa y misionera, capaz de acompañar a cada hombre y mujer. Fundamental para esta visión es que la Iglesia se convierta en un “hogar y escuela de comunión”, donde las estructuras externas corren el riesgo de convertirse en meras formalidades si no van acompañadas de una conversión interior y de una escucha atenta.
La sesión también ofreció una mirada crítica e interna. Con base en las recomendaciones de la Asamblea Zonal de AFRAM, los ponentes señalaron que valorar la interculturalidad y la internacionalidad reduce tensiones y fortalece la colaboración, mientras que favorecer a grupos particulares por encima de las políticas comunes contradice el liderazgo sinodal. También advirtieron que, en ocasiones, el liderazgo puede favorecer el mantenimiento del status quo en lugar de la transformación, un desafío directamente relevante para los Superiores reunidos en Nemi.
La sesión concluyó que convertirse en una Iglesia sinodal requiere una conversión auténtica en la manera en que sus miembros se relacionan entre sí. Las relaciones no son simplemente una estrategia de eficiencia, sino el medio por el cual Dios se ha revelado en Jesús y en el Espíritu Santo.
Cuatro pilares de la identidad misionera
Después de reflexionar sobre el rumbo futuro de la Congregación, las sesiones siguientes situaron a los Superiores en cuatro dimensiones concretas de la identidad misionera: la animación misionera, el apostolado bíblico, la comunicación y la justicia, paz e integridad de la creación (JUPIC).
Animación Misionera. El P. Marcelo Cattaneo, SVD, Secretario General de Misiones, presentó a la Iglesia no como un único faro luminoso, sino como una comunión de pequeñas luces sostenidas por el Espíritu. Señaló que la compasión y la autenticidad —y no el modelo preconciliar de autoridad incuestionable— son hoy la fuente de credibilidad de la Iglesia.
Explicó la evolución de la comprensión de la misión en la SVD: desde la missio ad gentes hacia la missio inter gentes, la missio cum gentibus y la actual missio ad vulnera, es decir, la misión hacia las heridas de un mundo fragmentado. Invitó a los miembros de la SVD a convertirse en “sanadores heridos”, dando testimonio desde dentro de esa misma fragilidad.
Este desarrollo, consolidado en el XV Capítulo General (2000), dio origen a la autocomprensión de la SVD como diálogo profético, expresado a través de cuatro Dimensiones Características: el arraigo en la Palabra, el compromiso con los pobres, el testimonio transcultural y el encuentro interreligioso.
La Palabra. El P. Wojciech Szypula, SVD, centró la segunda sesión en la Escritura como fundamento de la identidad SVD.
“La Biblia no es un departamento”, dijo a los Superiores. “Es el corazón de esta Congregación”.
Señaló que un número creciente de diócesis está solicitando la colaboración de cohermanos SVD para organizar ministerios bíblicos, una tendencia que relacionó con el llamado anterior del Papa Benedicto XVI para que toda la Iglesia volviera a una fe arraigada en las Escrituras.
Subrayó que la necesidad pastoral actual no es tanto contar con más reuniones, sino encontrar personas dispuestas a abrir la Palabra junto con otros y permanecer presentes en sus procesos.
Comunicación. El P. Kasmir Nema, SVD, Coordinador General de Comunicaciones, presentó el ministerio de la comunicación a partir del contraste bíblico entre Babel y Jerusalén. Babel representa una comunicación utilizada para concentrar poder y reducir la diversidad a la uniformidad; Jerusalén simboliza una comunicación basada en la escucha, la atención a los más vulnerables y una sabiduría que va más allá de la lógica algorítmica.
Observó que el Papa León XIV retoma esta misma disyuntiva en Magnifica Humanitas, en el contexto de la inteligencia artificial.
Recordó además que la Palabra se hizo carne, no información, y que las Constituciones de la SVD describen la comunicación como un acto de amor que se entrega a sí mismo.
Presentando datos de una encuesta realizada en 2025, informó que solamente 31 de las 58 Provincias, Regiones y Misiones de la Congregación —aproximadamente el 53 %— habían presentado informes sobre su ministerio de comunicación. Interpretó esta situación no como una deficiencia tecnológica, sino como una pregunta fundamental: ¿seguimos entendiendo la comunicación como parte integral de la misión o la hemos relegado a una simple función administrativa?
Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JUPIC). El P. Richard Quadros, SVD, coordinador general de JUPIC, concluyó la secuencia proponiendo cinco preguntas de discernimiento para orientar decisiones institucionales importantes relacionadas con propiedades, inversiones, nuevas escuelas o programas de formación:
- ¿Promueve esto la dignidad humana?
- ¿Contribuye a la justicia y la paz?
- ¿Protege la creación?
- ¿Fortalece a las personas marginadas?
- ¿Refleja las prioridades misioneras de la Congregación?
Identificó las casas de formación, parroquias, escuelas y universidades como ámbitos privilegiados donde los compromisos de JUPIC pueden hacerse realidad o, por el contrario, diluirse en la rutina administrativa.
Invitó a los nuevos Superiores a comprender la justicia no como un departamento separado, sino como el fundamento que sostiene igualmente la animación misionera, el apostolado bíblico y la comunicación.
Una sola Missio Dei, múltiples expresiones
En resumen, los días vividos en Nemi ofrecieron a los nuevos Superiores un único movimiento en desarrollo: una visión exigente de hacia dónde debe dirigirse la Congregación y cuatro dimensiones concretas —animación, Palabra, comunicación y justicia— para llegar allí.
Los ponentes insistieron en que ninguna de estas áreas constituye una cartera independiente; cada una es una expresión de la misma Missio Dei que la Congregación continúa discerniendo y viviendo.
Mientras el Taller avanza hacia sus últimos días, los nuevos Superiores llevan consigo un lenguaje renovado —sinodal, intercultural y relacional— para guiar a sus Provincias, Regiones y Misiones hacia el futuro.