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Dos cardenales, un mismo Espíritu: Mensajes de esperanza en el 150º Jubileo de la SVD
Cardenal Ángel Fernández Artime: El Espíritu como protagonista
En la Misa de Clausura del Jubileo celebrada en Roma, el 8 de septiembre de 2024, el cardenal Ángel Fernández Artime, Pro-Prefecto del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, pronunció la homilía. En ella puso el acento en el Espíritu Santo como verdadero protagonista del Jubileo.
Tomando como referencia la fiesta de la Natividad de María, el cardenal Artime recordó cómo María, San Arnoldo Janssen y los primeros misioneros verbitas respondieron en su tiempo a las mociones del Espíritu. Invitó a la asamblea al discernimiento: «La pregunta clave no es qué queremos hacer nosotros, sino qué está creando el Espíritu en nosotros hoy». Con urgencia y esperanza, recordó a la familia verbita que la misión actual exige coraje, creatividad y confianza en el Espíritu en medio de las guerras, la migración, la crisis ecológica y la búsqueda de sentido en la vida moderna.
Pulse aquí para leer la homilía completa del Card. Ángel Fernández Artime.
Homilía – Natividad de la Santísima Virgen María y 150º Aniversario de los Misioneros del Verbo Divino
Queridos hermanos en el episcopado, querida familia verbita, queridos hermanos y hermanas todos:
Hoy la Iglesia nos invita a alegrarnos por el nacimiento de María, la Madre del Señor y nuestra Madre. No se trata solo de recordar un hecho ocurrido hace más de dos mil años, sino de contemplar un don que sigue iluminando nuestra historia. La liturgia de la Natividad de María nos muestra cómo Dios, con delicadeza y sabiduría, prepara los grandes momentos de la salvación: antes de venir entre nosotros en Jesús, Él preparó a la que sería la Madre del Redentor. Y al mismo tiempo acompañamos a la Congregación del Verbo Divino en un momento significativo: el 150º aniversario de su fundación.
San Pablo nos recuerda en la Carta a los Romanos: «Todo contribuye al bien de quienes aman a Dios» (Rm 8,28). María es la primera realización de esta verdad: pensada por Dios desde el principio para ser la Madre del Redentor. María es la prueba viva de esta verdad: su nacimiento no fue casual, sino signo de un proyecto eterno. Fue destinada desde siempre a ser «llena de gracia» (Lc 1,28), preservada del pecado, para estar totalmente disponible al don de Dios.
El papa Benedicto XVI nos invitaba hace algunos años a contemplarla como la aurora de nuestra salvación, no como un recuerdo lejano, sino como una presencia viva. Lo expresaba con estas palabras: «También hoy, queridos hermanos y hermanas, la Iglesia se alegra en la celebración litúrgica de la Natividad de la Santísima Virgen María, la Toda Santa, aurora de nuestra salvación». Así, el Papa nos invita a ver a María no como un hecho aislado del pasado, sino como el inicio luminoso del plan salvífico de Dios, como un ícono radiante de la bondad divina, siempre cercana, materna y presente: «Desde el primer momento de su vida, María es totalmente transparente para Dios; es como un ícono resplandeciente de la bondad divina». Y añadía: este no es un cumpleaños común, porque María no se limita a ser un personaje histórico; con su plena disponibilidad une el tiempo humano con el tiempo divino, estando siempre presente en nuestra vida.
En esta gran fiesta mariana nos encontramos con nuestros hermanos de la Congregación del Verbo Divino, hoy testigos de la luz en un mundo herido, celebrando 150 años desde su fundación, el 8 de septiembre de 1875 en Steyl (Países Bajos), obra del Espíritu Santo con la cooperación humana de san Arnoldo Janssen. El lema de este Jubileo es, por tanto, muy elocuente: «Testimoniar la luz: desde cada lugar para todos».
En esta hermosa celebración del 150º aniversario podemos decir, como familia, que el nacimiento de María, Madre de nuestro Señor, y la historia de los Misioneros del Verbo Divino se entrelazan en la llamada a iluminar el mundo con la Palabra de Dios. Como «aurora de la salvación», María preparó el camino al Mesías con su fiat al Padre. Como protagonistas de la misión al servicio de la Palabra, ustedes, Misioneros del Verbo Divino, están llamados a llevar esa luz a las periferias del mundo, en tantos contextos culturalmente diversos, acogiendo el desafío de llevar paz, justicia, reconciliación e integridad de la creación.
María no pertenece únicamente a un pasado idealizado, ni está lejana de nosotros: con toda su persona es un mensaje vivo de Dios para nosotros. Ella unió el tiempo humano con el tiempo divino con su presencia permanente. Por eso, María trasciende la historia y está siempre presente en ella, presente con nosotros. Esa presencia continua nos consuela, nos acompaña y nos llama a vivir junto a ella.
La Palabra de Dios nos ayuda a comprender y a abrir los ojos y el corazón a lo que el profeta Miqueas había anunciado: «Y tú, Belén de Efratá, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el que ha de gobernar en Israel» (Mi 5,1). Del mismo modo, el nacimiento de María ocurre en lo escondido, lejos de los palacios del poder. Y es precisamente de ella que Dios hará nacer al Rey de reyes. Siempre es así: Dios elige lo humilde para realizar sus maravillas.
En el Evangelio de Mateo, que nos recuerda la genealogía de Jesús (Mt 1,1-16), María aparece como la culminación de una larga historia hecha de luces y sombras, de santos y pecadores. En ella todo encuentra cumplimiento: la promesa hecha a Abraham, la alianza con David, la espera de los profetas. Con su nacimiento, María es como la aurora que anuncia el sol: «Brotará un retoño del tronco de Jesé, y de sus raíces florecerá un vástago» (Is 11,1).
Celebrar hoy la Natividad de María significa celebrar la fidelidad de Dios. Y celebrar también este 150º aniversario de ustedes significa celebrar la fidelidad de Dios con ustedes, y su respuesta humilde pero empeñada en ser fieles, porque:
- Dios preparó pacientemente su plan: María es su signo, y la misión verbita es su continuación histórica.
- La grandeza nace de la humildad: María y los primeros misioneros partieron de contextos sencillos (Nazaret, y también una taberna en Steyl), y sin embargo hicieron presente a Dios en la historia, como lo hacen ustedes, queridos hermanos, en su entrega y dedicación.
- Con esperanza para el presente y el futuro: como María, la familia religiosa de la Sociedad del Verbo Divino responde hoy al Missio Dei, sanando, dialogando, aprendiendo de las culturas y religiones, para ser testigos creativos y fieles.
Hermanos y hermanas, invoquemos a la Virgen para que nos ayude a redescubrir la belleza de nuestro nacimiento, de nuestro ser hijos amados de Dios. Toda vida es preciosa, todo nacimiento trae consigo una esperanza nueva. Pidamos a María que nos acompañe en el camino de la fe, que nos enseñe a decir “sí” como ella, y que nos haga capaces de acoger a Cristo en nuestras casas y en nuestros corazones. Y pidamos el gran don de la fidelidad para esta hermosa familia religiosa, después de 150 años de su nacimiento inspirada por el Espíritu Santo.
Hoy, en la fiesta del nacimiento de nuestra Madre, dirijámonos a ella con confianza filial:
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, tú que eres la aurora de un nuevo día, haz que también nosotros seamos luz de esperanza para el mundo.
Amén.
Cardenal Luis Antonio Tagle: Gratitud y fraternidad en la misión
En la Cena Comunitaria celebrada en el Collegio Verbo Divino en Roma, el 8 de septiembre de 2025, el cardenal Luis Antonio Tagle, Pro-Prefecto de la Sección para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares del Dicasterio para la Evangelización, pronunció un mensaje inspirador.
El cardenal Tagle expresó una profunda gratitud por el legado de San Arnoldo Janssen y San José Freinademetz, elogiando el coraje de generaciones de misioneros. Extendió este agradecimiento a la Familia Arnoldina —en especial a las Misioneras Siervas del Espíritu Santo (SSpS) y a las Siervas del Espíritu Santo de la Adoración Perpetua (SSpSAP)—, y reconoció también a los numerosos laicos que caminan junto a la SVD.
Uno de los puntos más destacados de su mensaje fue que los pobres, los migrantes, los niños y los no cristianos no son solamente destinatarios de la misión, sino verdaderos compañeros y misioneros. «Ellos dan carne a la Palabra de Dios que ustedes predican; ellos muestran el rostro humano del Verbo Divino eterno», dijo a la comunidad, subrayando que las personas evangelizadas también transforman el corazón de los misioneros.
Encomendando el futuro de la congregación a María, cuyo nacimiento coincide con la fecha de fundación de la SVD, el cardenal Tagle llamó a la comunidad a seguir sirviendo con compasión y creatividad, guiados por el Espíritu e inspirados por los pobres.
Pulse aquí para leer el mensaje completo con motivo de la clausura del Jubileo del Card. Luis Antonio G. Tagle.
Mensaje para la conclusión del Jubileo de los Misioneros del Verbo Divino, 8 de septiembre de 2025
Nuestros corazones se elevan con gratitud y acción de gracias a nuestro Dios Trinidad —Padre, Hijo y Espíritu Santo— al concluir la celebración del 150º aniversario de la fundación de la Congregación del Verbo Divino. Admiramos la generosidad de corazón y la determinación con la que san Arnoldo Janssen y san José Freinademetz respondieron a la llamada misionera inspirada por el Espíritu Santo, interpretando el contexto social e histórico en el que dicha misión debía llevarse a cabo. Felicitamos a los miembros de la Congregación del Verbo Divino a lo largo de estos ciento cincuenta años —a quienes ya partieron a la casa eterna y a quienes aún permanecen con nosotros— por su valiosa y extraordinaria contribución a la misión de la Iglesia en diversas partes del mundo y en distintos momentos de la historia.
No debemos olvidar el vínculo vital de los Padres y Hermanos verbitas con el apostolado y la oración de las Misioneras Siervas del Espíritu Santo (Hermanas Azules) y de las Siervas del Espíritu Santo de la Adoración Perpetua (Hermanas Rosas). Ellas aportan riqueza y vitalidad a la vida de los Misioneros del Verbo Divino. En nombre del Dicasterio para la Evangelización, en particular de la Sección para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares, deseo expresar nuestro profundo agradecimiento a la Congregación del Verbo Divino por nuestra estrecha colaboración en la misión evangelizadora de la Iglesia.
En lo personal, atesoro los años que pasé enseñando en el Seminario del Verbo Divino en Tagaytay. Ahora, al ver a mis ex-alumnos —algunos de los cuales ordené diáconos o sacerdotes— dar abundantes frutos, mi corazón se llena de alegría.
Al dirigir la mirada a Dios, a los fundadores, a los pioneros de la misión y a nuestros colaboradores religiosos, los exhorto, queridos Padres y Hermanos verbitas, a dar gracias a Dios por las personas a quienes han servido y siguen sirviendo: quienes languidecen en la pobreza, los niños necesitados de educación, quienes sufren injusticias y violencias, los refugiados, los desplazados forzados y los sin techo, así como los no cristianos. Pero no dejen pasar este jubileo sin reconocer cómo ellos los han servido a ustedes incluso más de lo que ustedes los han servido a ellos.
Son ellos quienes han despertado en ustedes la caridad misionera, la creatividad, la justicia y la compasión. Ellos han dado carne a la Palabra de Dios que ustedes proclaman. Ellos les han dado un rostro humano al eterno Verbo Divino. No son solo beneficiarios de su misión. Más bien, son los misioneros enviados por el Verbo Divino a ustedes, para hacerlos auténticos misioneros. Sus lágrimas y sonrisas, sus dolores y alegrías, sus frustraciones y sueños son sus guías para discernir los caminos y métodos que el Espíritu Santo les va abriendo. Ellos son sus principales compañeros en el camino sinodal.
Hoy celebramos la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María, el mismo día en que nació la Congregación del Verbo Divino hace 150 años. Que la Santísima Virgen María, en cuya fe y en cuyo seno el Verbo eterno se hizo carne, los inspire y proteja mientras avanzan hacia las nuevas fronteras de la misión que el Espíritu Santo les mostrará en el futuro.
Un Jubileo, una misión
Las voces del cardenal Artime y del cardenal Tagle ofrecieron, juntas, una rica síntesis del sentido del Jubileo: acción de gracias por el pasado, reconocimiento de los compañeros de misión y renovada confianza en el Espíritu para los desafíos del presente y del futuro.
Su presencia en el Jubileo subrayó no solo la misión universal de la SVD, sino también la estrecha comunión entre la Familia Arnoldina y la Iglesia en su conjunto.