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El lema de la Administración del Generalato

En febrero de 2025, la actual Administración General publicó, a través de Arnoldus Nota, su motu proprio titulado «Llamados a ser discípulos fieles y creativos de la luz en un mundo herido». Esta formulación es el resultado de un largo proceso de discernimiento compartido que culminó en la celebración del XIX Capítulo General. A la luz del acontecimiento pascual, queremos invitarles a reconsiderar reflexivamente el sentido de este lema.

Como Misioneros del Verbo Divino, nuestra participación en la Missio Dei brota del misterio de la Trinidad. En el Dios Trino encontramos el fundamento de nuestra espiritualidad y de nuestra misión. La Palabra de Dios —presente en la Escritura, en la historia, en la tradición, en la enseñanza de la Iglesia y en el Pueblo de Dios— da sentido, dirección y fuerza a nuestra existencia. 

Arraigados en esta Palabra, estamos llamados de manera particular, en este momento de la historia, a ser discípulos creativos. Esto implica ser activos, vigilantes, innovadores, laboriosos y abiertos a encontrar nuevas respuestas y caminos. La creatividad que exige nuestro apostolado es una extensión de la acción creadora permanente de Dios. Él continúa recreando y transformando la realidad, y nuestra colaboración en la Missio Dei es, por su propia naturaleza, una llamada a la creatividad.

Como Misioneros del Verbo Divino, esta creatividad se expresa a través de las cuatro dimensiones características de nuestra misión: Apostolado Bíblico, Animación Misionera, Justicia, Paz e Integridad de la Creación, y Comunicación.

Desde esta sensibilidad particular, el Evangelio nos recuerda que la fidelidad de Jesús de Nazaret se convirtió en fuente de resurrección para la humanidad y para toda la creación.
El ángel dijo a las mujeres: «No tengan miedo, porque ha resucitado» (Mt 28,5–6).

En el contexto de este anuncio gozoso de la resurrección, nos identificamos con la comunidad de discípulos de Jesús de Nazaret. Como aquellos discípulos llenos de temor, también nosotros nos sentimos llamados por Él a renovar una y otra vez nuestra mirada contemplativa sobre el acontecimiento del Calvario, no como signo de desánimo o derrota, sino como la palabra de vida que Dios pronuncia eternamente. Es un anuncio que nos impulsa a ponernos en camino, a rechazar la cerrazón y la obstinación, y a fijar nuestra mirada no en la fragilidad humana, sino en el poder transformador de la Pascua.

Volver a Galilea —donde comenzó la misión de Jesús— significa retomar el camino del discipulado, que es entrega total y promesa de plenitud de vida en Dios. Siempre arraigados en la palabra de Jesús, el Crucificado y Resucitado, dejamos atrás el “sábado” de las dudas, los miedos, la negación y el abandono, y nos dirigimos hacia la luz de la vida, el discernimiento compartido, el camino comunitario, la fidelidad del discipulado y la creatividad misionera.

Comprendemos que la Pascua de Jesús es el camino que debemos recorrer, no solo un acontecimiento que celebrar. Nuestro discipulado se discierne de rodillas y se vive en la vida cotidiana. La creatividad misionera surge cuando el dolor humano nos toca profundamente y nos saca de nuestra zona de confort para colocarnos en medio de los pueblos heridos.

Jesús nos invita a lanzarnos cada vez más profundamente en la aventura de vivir nuestra vida como Evangelio. Y como todos están llamados a recorrer este mismo camino, nos reconocemos como compañeros y testigos. Nuestra misión se convierte así en una pasión por la humanidad —siempre renovada, transfigurada y recreada a la luz del Señor Resucitado—. Nuestra vida es nuestra misión, y nuestra misión es vida.

El Equipo de Liderazgo del Generalato.

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