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Zimbabwe - Curso Biblico (fot. M. Malicki, SVD)

El Séptimo Domingo de la Palabra de Dios: una celebración en el corazón de la vida y misión SVD

Una palabra del equipo de liderazgo del Generalato
En 2026, el Domingo de la Palabra de Dios alcanza su séptima celebración, un hito bíblicamente simbólico de plenitud y madurez. Ampliamente acogido en toda la Iglesia, tiene un significado especial para los Misioneros del Verbo Divino, ya que nos llama a renovar nuestra reflexión sobre el lugar central que ocupa la Escritura en nuestra vocación.

El año 2026 marca la séptima celebración del Domingo de la Palabra de Dios. En la simbología bíblica, el número siete representa plenitud y culminación: los días de la creación, los dones del Espíritu, los sellos del Apocalipsis. Al acercarse a su séptimo año, esta celebración ha alcanzado un cierto grado de madurez. Se ha ido incorporando cada vez más en parroquias, comunidades religiosas y ámbitos pastorales de todo el mundo como un elemento significativo del calendario litúrgico. Para los Misioneros del Verbo Divino, cuyo propio nombre define su misión, este hito tiene un significado particular e invita a una renovada reflexión sobre la centralidad de la Sagrada Escritura en nuestra vocación y misión.

El papa Francisco instituyó el Domingo de la Palabra de Dios mediante la Carta Apostólica Aperuit Illis, promulgada el 30 de septiembre de 2019, memoria litúrgica de san Jerónimo, con ocasión del 1600.º aniversario de su muerte. El título, que literalmente significa «les abrió (la mente)», está tomado de Lucas 24,45 y evoca el momento en que el Señor resucitado abrió la mente de sus discípulos para que comprendieran las Escrituras. De este documento se desprenden varios puntos clave que merecen nuestra atención. En primer lugar, el Santo Padre designó el Tercer Domingo del Tiempo Ordinario como un día dedicado por entero a la celebración, el estudio y la difusión de la Palabra de Dios. En segundo lugar, el momento elegido es significativo: este domingo se celebra durante la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, subrayando la dimensión ecuménica de la Sagrada Escritura como camino hacia una auténtica unidad entre los creyentes. En tercer lugar, el papa Francisco destacó el carácter performativo y sacramental de la Palabra de Dios, especialmente en la liturgia, donde Cristo mismo está presente cuando se proclaman las Escrituras. En cuarto lugar, Aperuit Illis ofrece orientaciones prácticas para la celebración: el texto sagrado debe ser entronizado en un lugar visible para centrar la atención de la asamblea en el valor normativo de la Palabra de Dios; se anima a los obispos a celebrar el rito de institución de los lectores o el envío de quienes proclaman la Palabra; y se exhorta a los predicadores a dar un énfasis especial al honor debido a la proclamación de la Palabra del Señor. En quinto lugar, el documento recuerda la enseñanza del Concilio Vaticano II, expresada en Dei Verbum, y de la Exhortación Apostólica Verbum Domini del papa Benedicto XVI, ambas subrayando la importancia de la Escritura para la vida de la Iglesia.

El XIX Capítulo General de la Congregación del Verbo Divino acogió esta iniciativa con claridad. Entre las nuevas recomendaciones, el número 2.2.1 afirma: «Se recomienda que el Domingo de la Palabra de Dios se celebre de manera especial en las comunidades, instituciones y parroquias SVD». Esta recomendación brota naturalmente de la identidad más profunda de la Congregación. Hoy en día, un número creciente de instituciones, parroquias y comunidades SVD en todo el mundo asume esta celebración, y muchas la vinculan con la fiesta de san Arnoldo Janssen, creando así un tiempo prolongado de reflexión sobre la Palabra que anima nuestra misión. El documento final del mismo Capítulo afirma también que el apostolado bíblico es una característica intrínseca de todo cohermano SVD, independientemente del ministerio específico que desempeñe. No es una responsabilidad exclusiva de los coordinadores del apostolado bíblico o de los equipos de liderazgo de las PRM, sino un compromiso que debe impregnar todos los aspectos de la vida misionera. El Domingo de la Palabra de Dios se presenta, por tanto, como un recordatorio anual fuerte de este compromiso y como una inspiración para profundizar cada vez más en esta dimensión vital de nuestra misión.

El tema del Domingo de la Palabra de Dios 2026, que se celebrará el 25 de enero, está tomado de Colosenses 3,16: «Que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza». Este lema invita a ir más allá de una observancia externa hacia una transformación interior, permitiendo que la Escritura habite en el corazón y modele los pensamientos, las decisiones y las acciones. En este Año Jubilar, en el que la Iglesia llama a todos los fieles a ser peregrinos de esperanza, la Palabra de Dios se presenta como guía y luz para el camino.

La fecha de esta celebración es también providencial para la Congregación del Verbo Divino. El 25 de enero se sitúa entre la fiesta de san Arnoldo Janssen, el 15 de enero, y la fiesta de san José Freinademetz, el 29 de enero. Esta ubicación es profundamente simbólica: el Domingo de la Palabra de Dios se coloca entre las conmemoraciones de estas dos figuras fundacionales de la historia de la Congregación, actuando como el corazón simbólico de la fundación SVD y de su legado perdurable. Todo en la Congregación del Verbo Divino gira en torno a la Palabra de Dios: ella es la fuente de nuestra identidad, la inspiración de nuestra misión y el fundamento de nuestra espiritualidad. Esta disposición litúrgica recuerda a todos los cohermanos que la Palabra que nuestro Fundador colocó en el centro de su visión sigue iluminando cada aspecto de la vida y misión SVD.

El Domingo de la Palabra de Dios merece convertirse en un elemento estable y apreciado del ritmo litúrgico anual, celebrado con creatividad en comunidades, instituciones y parroquias, y prolongado en la vida cotidiana mediante la meditación personal y el estudio. Asimismo, inspira a cada cohermano a acoger el consejo de san José Freinademetz, quien escribió con sabiduría:

«No dejes pasar ni un solo día sin meditar la Sagrada Escritura… Aunque debemos trabajar por la salvación de los demás, no podemos permitir un celo por los otros que nos mantenga ocupados desde la mañana hasta la noche, predicando, enseñando, yendo de un lugar a otro y visitando personas, sin prestar atención a nuestro propio alimento por medio de la oración, la meditación y el estudio de la Sagrada Escritura».

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