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Socios Laicos

Nuestro compromiso misionero en Angola y Mozambique

Eryk Koppa, SVD

La visita general de este año coincidió con el Año Jubilar de la Iglesia y con la conmemoración de los 150 años de fundación de nuestra Congregación. Fue, por tanto, un tiempo especial que nos brindó la oportunidad de participar en las celebraciones jubilares junto a aquellos por quienes nuestro Fundador dio origen a la Congregación.

Las misiones que nuestra Congregación desarrolla en Angola y Mozambique responden no solo a las necesidades espirituales de las comunidades locales, sino que también constituyen un testimonio vivo de la presencia de la Iglesia en contextos donde la vida cotidiana está marcada por múltiples dificultades. A pesar de los numerosos desafíos, la labor de nuestros cohermanos es una luz de esperanza y una expresión auténtica del amor al prójimo.

La vida cotidiana en estos países transcurre muchas veces en condiciones precarias. En las zonas alejadas de las ciudades, las comunidades carecen de infraestructura básica, como acceso constante al agua potable, electricidad o servicios de salud. La presencia de nuestros hermanos en estos lugares se convierte en un signo de solidaridad y cercanía: no solo son guías espirituales, sino también compañeros en las luchas diarias.

El trabajo misionero, como en muchos otros países, se centra en las parroquias. Sin embargo, existen grandes diferencias entre las parroquias urbanas y las rurales. Las parroquias del interior suelen abarcar extensas áreas con numerosas comunidades pequeñas, muchas veces distantes entre sí y de difícil acceso. Tanto en las ciudades como en el campo, sigue existiendo la necesidad de una primera evangelización, lo que representa una oportunidad única para anunciar la Buena Nueva a quienes aún no la han conocido.

En este proceso, los catequistas desempeñan un papel insustituible, pues son el puente entre la fe y la cultura local y garantizan la continuidad de la evangelización incluso en la ausencia de los misioneros. Al provenir de las mismas comunidades y conocer profundamente su mentalidad y tradiciones, son capaces de transmitir el mensaje del Evangelio de manera cercana y eficaz.

Tanto en Angola como en Mozambique, la población manifiesta una hospitalidad extraordinaria, generosidad y un profundo apego a la Iglesia. Su participación en las misas, la catequesis y las celebraciones religiosas da testimonio de un auténtico deseo de Dios, al cual nuestros cohermanos responden con dedicación y alegría.

También crecen de manera dinámica los grupos de laicos vinculados a nuestra Congregación. En ambos países, los cohermanos acompañan a estos grupos y se encargan de su formación. Cabe destacar que los laicos asumen iniciativas formativas y sociales a favor de los más necesitados, convirtiéndose en participantes activos de la misión y colaboradores fieles en el anuncio del Evangelio.

La mayoría de nuestras comunidades en Angola y Mozambique aún no ha alcanzado la autosuficiencia económica, pero se están tomando medidas concretas para cambiar esta situación. En las zonas rurales, los cohermanos cultivan la tierra y crían animales para sus propias necesidades. En las ciudades, especialmente en Angola, administran escuelas y participan activamente en la educación. En Mozambique, además de una escuela primaria dirigida con gran eficacia por un cohermano, se proyecta la apertura de una escuela técnica, que ofrecerá nuevas oportunidades de formación. Bien gestionadas, estas iniciativas no solo brindan educación a las comunidades locales, sino que también pueden generar recursos para el desarrollo futuro de la labor misionera.

Nuestros cohermanos se esfuerzan por asegurar que su trabajo tenga un carácter claramente verbita: basado en el diálogo intercultural, la apertura y el servicio a los más necesitados. En ambos países —que han vivido la trágica realidad de la guerra civil—, nuestras comunidades internacionales y multiculturales, donde cohermanos de diferentes países viven, rezan y trabajan juntos, son testimonio de que las diferencias humanas no tienen por qué provocar divisiones, sino que pueden ser fuente de inspiración para construir unidad y reconciliación.

Un signo alentador de los tiempos en Angola y Mozambique es el creciente número de vocaciones y candidatos a nuestra Congregación. Según los datos más recientes del Annuario Pontificio, África es actualmente el único continente donde el número de sacerdotes y personas consagradas sigue aumentando de forma sistemática. Para responder adecuadamente a este signo de los tiempos, además de los formadores que ya trabajan con dedicación en Angola y Mozambique, necesitamos disponer de más cohermanos preparados para la formación, así como casas de formación adecuadas al número creciente de candidatos.

No faltan desafíos: desde los problemas de salud y la falta de infraestructura hasta la necesidad de una planificación a largo plazo. Aun así, las misiones que nuestra Congregación lleva adelante en Angola y Mozambique son un testimonio vivo del dinamismo misionero y del carisma del Verbo Divino, que sigue haciendo presente el amor de Dios allí donde la esperanza necesita renacer.

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