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Un viaje de esperanza en un mundo herido

PAG-ASA es la palabra filipina para esperanza. Irónica mente, también es el nombre de la agencia meteorológica de Filipinas, que a menudo anuncia la llegada de tifones y la inminente destrucción. Este doble significado refleja la paradoja de la esperanza: surge incluso en medio de la adversidad.

Para el Año Jubilar 2025, el Papa Francisco promulgó la Bula de convocación Spes non confundit – «La esperanza no defrauda» (Romanos 5:5). En su visión, esta celebración será una peregrinación de esperanza, tanto para quienes viajen a Roma como para aquellos que la vivan en sus Iglesias locales. Al fin y al cabo, las peregrinaciones simbolizan la búsqueda humana de significado y una fe más profunda.

En su esencia, la esperanza cristiana está profundamente arraigada en la fe y en la certeza del amor de Dios, que acompaña a su pueblo en el camino. Esta esperanza es sostenida por el Espíritu Santo, quien la mantiene viva en los corazones de los creyentes, incluso en tiempos de sufrimiento e incertidumbre.

La esperanza en medio de un mundo herido

Siguiendo el lema del Generalato para este sexenio, «Discípulos fieles y creativos en un mundo herido», los Misioneros del Verbo Divino asumen dos compromisos misioneros fundamentales:

  1. Solidaridad con los heridos: sanación y transformación

Los Misioneros del Verbo Divino a menudo sirven en regiones afectadas por la guerra, los conflictos, la devastación ecológica y el sufrimiento humano (1 Timoteo 6:10). Estas crisis son el resultado de una cultura de dominación, discriminación y codicia, que margina a millones de personas y las expone a la vulnerabilidad y la explotación.

Adoptar una postura pasiva y distante—negarse a reconocer el sufrimiento a nuestro alrededor—puede llevar la vida religiosa a convertirse en un refugio de indiferencia, aislándose de la compasión que busca encarnar. En cambio, el verdadero trabajo misionero exige un compromiso profundo con las personas, estando a su lado en sus dificultades. Es a través de esta solidaridad que la esperanza se convierte en un signo tangible del amor y la redención de Dios.

  1. Testimoniar la presencia de Cristo entre todos los pueblos y culturas

Amar es estar presente. El Verbo Divino no solo se proclama, sino que se vive a través de la acción: escuchando con atención y encontrándose con las personas dondequiera que estén. Esta presencia se hace visible en aldeas remotas, ciudades bulliciosas, centros de aprendizaje e incluso en plataformas digitales.

A través del diálogo, la educación, el acompañamiento pastoral y otros ministerios, los misioneros del Verbo Divino revelan una verdad fundamental: Dios está entre nosotros, una presencia constante que nunca abandona a su pueblo.

Sostener la esperanza a través de la oración y la fe

Al enfrentar los desafíos, el misionero verbita no confía únicamente en sí mismo o en su comunidad, sino que se dirige a Dios en oración y fe. Este encuentro con lo Divino es el fundamento de la guía y de la fuerza, la misma devoción que San Arnoldo Janssen vivió a lo largo de su vida: «Quiero ser siervo del Verbo Divino».

En última instancia, el destino a una misión SVD no es simplemente una ubicación geográfica o una responsabilidad para una comunidad en particular. Es, en el fondo, una peregrinación de esperanza, un viaje como discípulo fiel y creativo de la Luz en un mundo herido.

Padre Superior General Anselmo Ribeiro, SVD
y Equipo de Liderazgo

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