Generalato
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Cruzando el río en la parroquia de Beno y transporte en motocicleta en Kisantu, Congo.

Visita general a la Misión de Chad y la Provincia del Congo: Momentos inolvidables

Del 31 de julio al 15 de septiembre de 2025, realicé una visita general a la Misión de Chad y a la Provincia del Congo. Fueron semanas llenas de experiencias inolvidables que revelaron la vitalidad, la resiliencia y la profunda fe de nuestros cohermanos y de las comunidades a las que sirven.

Me inspiró especialmente un video enviado por un cohermano del Congo el Domingo Mundial de las Misiones, el 19 de octubre de 2025. Sus palabras, subtituladas en el video, captaban perfectamente el espíritu misionero de nuestros hermanos:

«Bienvenidos a la Provincia SVD del Congo, donde los caminos difíciles forjan misioneros fuertes.
Por tierra y por agua, vamos en el nombre de Jesús.
Aquí te reciben con amor y afecto.
Bailamos al ritmo de la vida, alabando a Dios con alegría.
La vida es sencilla, en armonía con la naturaleza.
Puede que no haya conexión a internet, pero existe una red de amigos y familia.
Nuestra comida es simple y natural».

Caminos y ríos difíciles: el costo de la presencia misionera
El transporte sigue siendo uno de los mayores desafíos en las misiones de Chad y del Congo. Los cohermanos viajan regularmente a zonas remotas, pasando horas en motocicleta, a pie o en pequeñas embarcaciones para llegar a las personas que atienden.

Muchas parroquias como Boro y Maibo en Chad, y Beno, Tumikia y Kenge en el Congo cuentan con hasta 50 comunidades filiales, a menudo accesibles solo por caminos de tierra. En lugares como Beno y Maibo, los cohermanos deben cruzar ríos en motocicleta, recorriendo a veces más de 100 kilómetros desde el centro parroquial para visitar comunidades distantes.

Aun así, los misioneros acuden fielmente para que el pueblo no carezca de los sacramentos ni de asistencia pastoral. Su perseverancia encarna verdaderamente la frase: «Los caminos difíciles forjan misioneros fuertes».

Las comunidades locales expresaron reiteradamente su gratitud por la presencia constante y el servicio pastoral de los verbitas. Estos sacrificios diarios, realizados con fe silenciosa, han transformado vidas y fortalecido comunidades.

Acogidos con amor y afecto

Bienvenida al visitador en las parroquias de San Agustín, Beno; San Pedro, Kikwit, Congo; y San Juan Bosco, Maibo, Chad.

En todos los lugares que visité, sentí el cálido afecto del pueblo. Nunca me sentí un extraño entre ellos. Los habitantes de Chad y del Congo reciben a los misioneros como miembros de su familia, compartiendo con nosotros lo poco que tienen: comida sencilla, sonrisas sinceras y una hospitalidad conmovedora.

Incluso en lugares sin conexión a internet ni comodidades modernas, pude comprobar lo que decía el video: «Cuando no hay conectividad, existe una red de amigos y familia».

El amor del pueblo por el canto y la danza es contagioso. Sus liturgias están llenas de ritmo, alegría y color. Todos —jóvenes y adultos— participan cantando y bailando durante la Eucaristía, especialmente durante el Gloria. Estas celebraciones no son distracciones, sino expresiones profundas de fe y comunión.

Sí, la misa dominical puede durar tres horas, pero ¿podemos decir acaso que es tiempo perdido cuando se dedica a Dios?

Una vida sencilla y natural

Agricultura y ganadería en Boro y Sahr, Chad.

La mayoría de nuestras áreas misioneras en Chad y en el Congo son remotas y rurales, donde la vida sigue siendo simple y cercana a la naturaleza. Las oportunidades económicas son escasas, y nuestros cohermanos dependen en gran medida de la generosidad de los bienhechores de todo el mundo y del apoyo regular del Gobierno General SVD, de la Provincia del Congo y de la Misión de Chad.

El acceso al agua potable y a la electricidad es un desafío constante. Para sostener sus necesidades diarias, nuestros cohermanos se dedican a la agricultura y la cría de animales en las parroquias y casas de formación. La tierra es fértil, y la gente comparte generosamente lo poco que tiene, incluso ofreciendo alimentos sencillos durante la misa.

A pesar de las dificultades, muchos cohermanos irradian alegría y paz. Viven con comida sencilla, en condiciones difíciles y con la soledad como compañera cotidiana, pero permanecen firmes en la fe, apoyados en las palabras de Jesús:

«Hasta los cabellos de su cabeza están contados. No tengan miedo: ustedes valen más que muchos pajarillos» (Lc 12,7).

Las misiones en Chad y en el Congo nos recuerdan que la verdadera vida misionera no se mide por la comodidad o el éxito, sino por la fidelidad, la presencia y el amor.

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