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Gracia entre rejas: misión SVD de reconciliación en una prisión de alta seguridad
Sentado una vez más sobre una simple caja de patrulla —un confesionario improvisado— el P. Michael escuchó a hombres cuyas cargas no solo eran sus delitos pasados, sino también la soledad, el rechazo y las relaciones rotas que suelen acompañar el encarcelamiento. “Era como estar en una sala de audiencias,” escribió en una reciente carta, “escuchando sus preocupaciones y buscando soluciones a sus vidas atribuladas.”
Un interno compartió el dolor de saber que su esposa había rehecho su vida y ya no lo visitaba. Otro, a punto de ser liberado, agradeció entre lágrimas al P. Michael por el regalo de una Biblia, y también expresó su gratitud al seminarista Alo Sondon, quien le había dado un rosario al llegar. “Nos despedimos diciendo: ‘Espero que no volvamos a encontrarnos aquí,’” relató el P. Michael.
Los momentos profundamente humanos del Domingo de Ramos contrastaron con la interrupción de las celebraciones del Domingo de Pascua. Una gran misa al aire libre, esperada con entusiasmo por presos y ministros, fue cancelada debido a la visita del primer ministro James Marape. En su lugar, los internos fueron movilizados para limpiar y preparar las instalaciones. “Así terminó nuestro Domingo de Pascua,” comentó el P. Michael con resignación.
Aun así, la esperanza continuó. El P. Wlader, SVD, y las Hermanas Canossianas estaban programados para celebrar misa en la prisión femenina el domingo siguiente. Entre las nuevas internas había dos jóvenes portuguesas detenidas por intentar traficar drogas. Si resultara que fueran católicas, el P. Michael tenía un plan sencillo pero profundo: ofrecerles un rosario, una Biblia y palabras de aliento. “Las primeras semanas son las más difíciles,” afirmó.
Fuera de la prisión, el P. Michael participó en una reunión fraterna con el cardenal John Ribat y 35 sacerdotes diocesanos el Lunes de Pascua, celebrando la paz de la Semana Santa, poco antes de conocer la sorpresiva noticia del fallecimiento del Papa Francisco.
A pesar de los desafíos logísticos, los problemas sociales y las penas personales, el ministerio del P. Michael sigue siendo un testimonio vivo de la misión SVD de compasión, reconciliación y esperanza con los más olvidados. “No tenía las respuestas,” admite, “pero mediante el sacramento de la reconciliación pude absolverlos de sus faltas.”
Sus palabras finales reflejan el verdadero espíritu de la Pascua: perseverancia silenciosa, confianza en el tiempo de Dios y compromiso de servir donde más se necesita.