Congregación
del Verbo Divino

Misa de clausura del Encuentro sobre las Cuatro Dimensiones Características, celebrado en Posadas, Argentina, el 30 de agosto de 2026.

Un encuentro marcado por la fraternidad, la comunión y los desafíos para la misión

Pascual Semaun, SVD
Posadas, Misiones – 29 de agosto de 2026. El quinto y último día del encuentro de formación de los Misioneros del Verbo Divino (SVD), realizado en la Casa de Retiros Fátima, estuvo marcado por el compartir fraterno, la reflexión y, sobre todo, por un desafío concreto: llevar a la vida cotidiana todo lo vivido durante la semana.

Bajo el horizonte de ser «discípulos fieles y creativos en un mundo herido», los cohermanos, provenientes de diferentes países y culturas, compartieron experiencias, inquietudes y esperanzas en torno a las cuatro dimensiones características de la misión SVD: Animación Bíblica, Animación Misionera, Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JUPIC) y Comunicación.

A lo largo de estos días fue apareciendo con mayor claridad una convicción fundamental: antes de comunicar con palabras, medios o proyectos, somos personas que se encuentran y se comunican humanamente.

La convivencia fue creando confianza, fortaleciendo la fraternidad y tejiendo nuevas amistades. Las risas compartidas, las conversaciones espontáneas y los momentos de diálogo sincero también fueron parte importante de esta experiencia de comunión.

Del encuentro a la acción
La última jornada estuvo dedicada especialmente a la elaboración de los planes de acción por subzonas.

Después de varios días de escucha, formación, intercambio y reflexión, llegó el momento de preguntarse cómo llevar todo lo compartido a la realidad concreta de cada zona y de sus comunidades.

Los participantes se reunieron por subzonas para compartir sus experiencias, reconocer las realidades y desafíos propios de cada lugar y buscar propuestas que puedan responder a las necesidades de sus comunidades.

Cada grupo fue delineando prioridades, aportes y posibles acciones. La intención era clara: que la reflexión no quedara solamente en las salas de reunión ni en los documentos, sino que pudiera transformarse en compromisos concretos, nacidos de las necesidades y posibilidades de cada realidad.

Una pregunta sencilla, pero profundamente desafiante, acompañó este momento: «¿Cómo hacemos?» Porque conocer las dimensiones de la misión es importante. Pero todavía más importante es descubrir cómo hacerlas vida en el día a día de nuestras comunidades.

La riqueza de encontrarnos
La internacionalidad y la multiculturalidad estuvieron presentes durante todo el encuentro. Las distintas nacionalidades, experiencias y realidades de los cohermanos ampliaron la mirada y permitieron descubrir nuevas maneras de vivir y comprender la misión.

La diversidad no fue un obstáculo, sino una riqueza. En las diferencias culturales y en las distintas experiencias apareció la posibilidad de aprender unos de otros, escuchar nuevas perspectivas y descubrir que, aun viniendo de lugares diferentes, compartimos una misma misión.

La Casa de Retiro Fátima ofreció también un ambiente propicio para esta experiencia. El silencio y la tranquilidad ayudaron a la oración y a la reflexión, mientras que la alegría y la fraternidad hicieron posible una profunda vivencia de comunión.

Incluso los cambios de temperatura —entre momentos de calor, frío y lluvia— quedaron como parte de los recuerdos compartidos de estos días.

Fieles y creativos en un mundo herido
El desafío de ser discípulos fieles y creativos en un mundo herido atravesó todo el encuentro.

Ser fieles significa permanecer arraigados en el Evangelio, en la Palabra de Dios y en nuestra identidad misionera. Ser creativos, en cambio, nos invita a no quedarnos inmóviles, sino a buscar nuevas respuestas, escuchar las necesidades y heridas de las personas y encontrar caminos para anunciar el Evangelio de una manera cercana, significativa y comprometida.

En un mundo marcado por tantas desigualdades y desafíos, la creatividad misionera no consiste simplemente en hacer cosas nuevas. Consiste, más bien, en encontrar nuevas maneras de servir, acompañar, comunicar y anunciar la Buena Noticia, sin perder la fidelidad a la vocación y al carisma recibido.

Por eso, el último día no fue solamente una despedida. Fue también una oportunidad para mirar hacia adelante y asumir nuevos compromisos.

Mensaje de los Coordinadores generales de las Dimensiones.

Animación Bíblica: una comunidad animada por la Palabra
Desde la Animación Bíblica, Wojciech Szypula, SVD, lanzó un llamado claro y concreto: organizarnos y animarnos en cada comunidad para que la Palabra de Dios sea el eje transversal de toda nuestra acción pastoral.

El desafío no consiste simplemente en organizar más actividades sobre la Biblia. Se trata de algo mucho más profundo: dejar que la Palabra ilumine nuestras decisiones, inspire nuestras acciones y acompañe todos los procesos y dimensiones de la vida comunitaria.

En otras palabras, estamos llamados a dar un paso importante: pasar de una pastoral que utiliza la Biblia en determinados momentos a una pastoral verdaderamente animada, orientada y sostenida por la Palabra de Dios.

Que la Palabra no sea un elemento más entre tantas actividades pastorales, sino el eje transversal que atraviesa e integra toda nuestra acción pastoral; la fuente que alimenta nuestra vida y nuestra misión, nos inspira, nos orienta y da sentido a todo lo que hacemos como comunidad.

Comunicación: hacer visible la vida y la misión
Uno de los aportes significativos de la jornada llegó desde la Coordinación General de Comunicación, a través de Kasmir Nema.

Su reflexión partió de una constatación sencilla, pero importante: existe un creciente interés por conocer y visibilizar lo que se está realizando en PANAM.

Las noticias y videos publicados durante el encuentro permitieron mostrar una pequeña parte de la riqueza y diversidad del camino que recorren las provincias y subzonas.

Pero el desafío va mucho más allá de publicar noticias de vez en cuando. Se trata de construir una verdadera cultura institucional de comunicación, en la que cada provincia, dimensión, comunidad e institución pueda compartir sus experiencias y hacer visible la vida de la misión.

Esto supone también un cambio de mentalidad: la comunicación no es responsabilidad exclusiva de los coordinadores de Comunicación.

La Animación Bíblica, la Animación Misionera y JUPIC, así como las comunidades e instituciones, también están llamadas a aportar historias, experiencias y materiales que permitan mostrar todo lo que se está viviendo y realizando en los diferentes lugares de misión.

Para ello, se destacó la importancia de acompañar y capacitar a coordinadores y usuarios en el manejo de las herramientas de comunicación, aprovechando especialmente los encuentros presenciales para generar espacios de aprendizaje práctico.

La idea central puede resumirse de una manera muy sencilla: Lo que hacemos en la misión también necesita ser comunicado.

No basta con realizar buenas experiencias. Es necesario compartirlas para que otros puedan conocerlas, valorarlas y aprender de ellas.

De la comunicación a la comunión
Además, Casmir invitó a los participantes a no quedarse solamente con las reflexiones y los planes elaborados durante estos días.

La pregunta que cada uno lleva consigo al regresar a su Provincia es concreta y desafiante: «¿Qué vamos a hacer de manera diferente después de este encuentro?»

El desafío es pasar del encuentro a la comunión, de la reflexión a la acción y del trabajo aislado a una colaboración más profunda.

La comunicación, en este sentido, no se limita a las plataformas digitales. Antes de cualquier herramienta tecnológica está el encuentro entre las personas: conocernos, escucharnos, generar confianza y aprender a caminar y trabajar juntos.

De allí surge también una invitación a vivir con mayor profundidad el espíritu de la sinodalidad: dialogar, colaborar, escuchar, crear juntos y valorar la riqueza de las diferentes experiencias y contextos.

JUPIC: llevar la visión a los territorios
Desde JUPIC, las reflexiones compartidas por Richard Quadros, SVD pusieron sobre la mesa desafíos que van mucho más allá de las actividades propias de esta dimensión.

Uno de ellos es llevar la visión asumida durante el encuentro a los territorios concretos de misión: provincias, comunidades, parroquias, colegios, fundaciones e instituciones.

También apareció con fuerza la necesidad de hacer cada vez más misioneras nuestras presencias, fortaleciendo la identidad SVD y procurando que nuestras instituciones expresen con mayor claridad su carácter y compromiso misionero.

Para que esto sea posible, resulta fundamental el apoyo institucional de los Provinciales y sus Consejos. Los planes de las cuatro dimensiones necesitan liderazgo comprometido, acompañamiento y condiciones concretas para poder desarrollarse.

Otro desafío es fortalecer el trabajo en red: entre provincias, subzonas, organizaciones eclesiales y, cuando sea posible y necesario, también con otras organizaciones de la sociedad. La experiencia de una provincia puede convertirse en una fuente de aprendizaje y enriquecimiento para otra.

La reflexión destacó igualmente la necesidad de avanzar hacia una verdadera misión compartida con los laicos, pasando de una lógica de actividades para los laicos a una verdadera cultura de corresponsabilidad en la misión.

En el ámbito específico de JUPIC, se subrayó además la importancia de la formación y la profesionalización. Los desafíos relacionados con la justicia, la paz y la integridad de la creación requieren conocer profundamente las realidades sociales, jurídicas y políticas de cada país, así como desarrollar una capacidad de incidencia responsable y situada en cada contexto.

Animación Misionera: discernir dónde y por qué estamos
Desde la Animación Misionera, Marcelo E. Cattaneo, SVD introdujo una cuestión de fondo: la necesidad de revisar y discernir periódicamente nuestras presencias misioneras.

La invitación es clara: no podemos vivir la misión en «piloto automático». Es necesario preguntarnos por qué estamos presentes en cada parroquia, comunidad, colegio, fundación o lugar de misión.

¿Nuestra presencia sigue siendo necesaria? ¿Qué aporta hoy la SVD? ¿Responde nuestra misión a las necesidades actuales? ¿Seguimos allí por una verdadera razón misionera o simplemente porque siempre hemos estado?

Pero el discernimiento no debe limitarse a preguntarnos dónde debemos permanecer. También debe llevarnos a mirar hacia nuevas fronteras y preguntarnos: ¿Dónde necesitamos estar?

Este proceso no corresponde únicamente a los responsables de Misión. Las cuatro dimensiones pueden aportar elementos valiosos para ayudar a los equipos de liderazgo provincial a revisar la relevancia de las presencias actuales, identificar aquellas que necesitan ser renovadas o concluidas y discernir nuevas fronteras misioneras.

Una frase sintetizó con fuerza esta reflexión: No estamos en un lugar simplemente porque siempre hemos estado allí; estamos porque nuestra presencia misionera sigue teniendo sentido.

Esta pregunta adquiere además un significado especial en el camino hacia el próximo Capítulo General: revisar dónde estamos, por qué estamos allí y hacia dónde debe orientarse nuestra misión.

Las luces se apagan, pero la misión continúa
En otro momento de la jornada, Nevil D’Silva, SVD coordinador general de la zona PANAM, invitó a los participantes a mirar el encuentro desde la perspectiva de la continuidad.

Con una imagen sencilla, pero cargada de significado, recordó que las luces de este salón se apagarán cuando termine el encuentro, pero nuestra luz no puede apagarse.

El verdadero desafío comienza al regresar a las comunidades, Provincias y lugares de misión. Allí habrá que llevar a la práctica lo reflexionado, asumir los compromisos y hacer visible, con la propia vida, el espíritu que se ha compartido durante estos días.

Este llamado conecta directamente con el espíritu del último Capítulo General: ser fieles y creativos en la misión, especialmente en medio de un mundo herido.

Nevil destacó también la importancia de trabajar juntos. Individualmente podemos realizar muchas cosas, pero juntos podemos hacer mucho más.

Por eso, la colaboración, la creación de redes y la participación de los laicos aparecen como elementos fundamentales para el futuro de la misión.

Aunque los laicos pudieron participar solamente durante una jornada, debido a sus responsabilidades laborales, su presencia, entusiasmo y alegría fueron un signo muy significativo para todos.

Su participación recordó algo esencial: no se trata simplemente de contar con colaboradores, sino de reconocerlos como verdaderos compañeros de camino y corresponsables de la misión.

El desafío, por tanto, no consiste solamente en preguntarnos qué pueden hacer los laicos por la misión, sino también: ¿Cómo podemos construir juntos la misión que Dios nos confía?

Un proceso que viene de lejos
Nevil recordó además que este encuentro no comenzó al llegar a Posadas. Es fruto de un proceso iniciado anteriormente, especialmente desde la reunión del Comité Ejecutivo realizada en octubre del año pasado en Brasil.

Durante este tiempo hubo un importante trabajo de preparación, diálogo, comunicación y coordinación. También fue necesario promover el apoyo y la participación de los superiores provinciales, convencidos de la importancia del encuentro y de la presencia de representantes de las diferentes dimensiones.

Por eso, el camino recorrido no es obra de una sola persona. Es el resultado del esfuerzo del Comité Ejecutivo y de muchas personas que fueron preparando, acompañando y haciendo posible este proceso.

Esta mirada permite comprender que el encuentro actual no es un hecho aislado. Forma parte de un camino más amplio que nos invita a mirar de dónde venimos, valorar lo logrado, aprender de las dificultades y proyectar juntos los próximos pasos.

Cuatro dimensiones, una sola misión
Las reflexiones de Comunicación, JUPIC, Animación Misionera y Animación Bíblica mostraron que este encuentro no termina con una lista de actividades o planes de acción.

Detrás de todo lo compartido apareció una pregunta más profunda: ¿Qué condiciones necesitamos crear para que la misión SVD sea más significativa, corresponsable, conectada y verdaderamente misionera?

La respuesta pasa por un liderazgo provincial comprometido, un trabajo más articulado en red, una verdadera apertura a los laicos, estructuras que respondan a las necesidades actuales, una formación adecuada y una comunicación capaz de hacer visible la vida de la misión.

En este camino, las cuatro dimensiones —Animación Bíblica, Animación Misionera, JUPIC y Comunicación— no son cuatro sectores independientes. Son dimensiones complementarias de una misma misión.

El encuentro permitió experimentar precisamente eso: conocernos más, escucharnos, compartir experiencias, reconocer desafíos comunes y descubrir que podemos caminar juntos.

Cerramos el encuentro, pero no cerramos el proceso
El encuentro fue oficialmente clausurado por el Visitador, P. Julio Yasinto, SVD, quien agradeció a todos los participantes, organizadores y colaboradores que hicieron posible estos días de encuentro.

Sus palabras finales resumieron de manera sencilla y profunda el espíritu de toda la semana: «Cerramos el encuentro, pero no cerramos el proceso».

Y quizás esa sea la mejor manera de comprender lo vivido en Posadas. El encuentro termina, pero el camino continúa.

Como recordó Nevil, las luces del salón se apagarán al finalizar el encuentro, pero la luz recibida durante estos días está llamada a seguir brillando en cada Provincia, en cada comunidad y en cada lugar de misión.

Porque lo vivido aquí no puede quedarse solamente en los recuerdos, en las palabras compartidas o en los documentos elaborados. El verdadero desafío comienza ahora, cuando cada uno regrese a su realidad y busque convertir lo aprendido en gestos, decisiones y acciones concretas.

El camino que se abre puede expresarse así: del encuentro a la comunión; de la comunión a la colaboración; y de la colaboración a una misión compartida y renovada.

Un cierre de gratitud y celebración
El encuentro culminó con una Misa de Acción de Gracias, en la que los participantes pusieron en las manos de Dios todo lo vivido durante estos días: los encuentros, las reflexiones, los desafíos, los sueños y los compromisos que cada uno lleva ahora de regreso a su propia comunidad.

Fue un momento para agradecer por la fraternidad compartida, por las diferentes culturas y experiencias que enriquecieron el encuentro y por la oportunidad de seguir descubriendo que, en medio de la diversidad, todos formamos parte de una misma familia misionera.

La jornada concluyó con una noche cultural, marcada por la alegría, la música, las expresiones propias de las diferentes culturas y el compartir fraterno.

Después de días intensos de trabajo y reflexión, la celebración permitió expresar de otra manera la riqueza de la interculturalidad que estuvo presente durante todo el encuentro.

Entre cantos, risas y momentos compartidos, el cierre tuvo el sabor de la gratitud y de la fraternidad. Fue una manera sencilla y alegre de celebrar el camino recorrido juntos y de despedirse, no como quienes terminan algo definitivamente, sino como hermanos que regresan a sus lugares de misión llevando consigo nuevas experiencias, amistades y desafíos.

El encuentro termina en Fátima, pero la misión sigue
Las computadoras se cierran, las presentaciones se apagan y los documentos se guardan. Sin embargo, permanece una pregunta que acompañará el camino de regreso: ¿Cómo hacemos para que todo lo vivido aquí se transforme en acciones concretas en cada subzona?

La respuesta comenzará a escribirse en cada subzona y en sus comunidades, desde sus propias realidades y desafíos, con creatividad, fraternidad y compromiso misionero.

Así, se abre un nuevo capítulo: del encuentro a la comunión; de la comunión a la colaboración; y de la colaboración a una misión compartida y renovada.

Como discípulos fieles y creativos, estamos llamados a llevar la luz del Evangelio a un mundo herido y a construir juntos una misión cada vez más cercana, comprometida y transformadora.

Pe ñembyaty opa Fátima-pe. Pe tapereko katu osegi. Pe misión ñanera’arõ. (El encuentro termina en Fátima. El proceso sigue. La misión nos espera).

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