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Mensaje de Pentecostés del P. Paulus Budi Kleden, Superior General

Mayo 28, 2020

A todos los miembros de la Congregación del Verbo Divino


Asunto: La revelación en Pentecostés

Estimados Cohermanos:

Estamos en los últimos días de la Novena al Espíritu Santo y nos preparamos para el Domingo de Pentecostés. Estamos agradecidos por los impulsos del Espíritu que manifiesta el poder de Dios incluso en momentos de prueba y angustia. Quiero compartir con ustedes algunos pensamientos.

El video está dirigido sólo a los miembros de la SVD,
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En primer lugar, el Espíritu Santo es el Espíritu de comunión. El día de Pentecostés, las personas en Jerusalén se sintieron unidas y entendían el mismo mensaje a pesar de la diversidad de sus idiomas. Y con esta experiencia, la Iglesia fue llamada a la existencia.

Muchos de nosotros aún recordamos lo que dijo el Papa Francisco durante esa noche lluviosa del 27 de marzo, cuando se dirigió al mundo cristiano, desde una plaza vacía de San Pedro. Una de las frases significativas que dijo fue: «Estamos juntos en esto». El Papa dejó en claro que somos una comunidad y una familia. Todos caminamos juntos mientras enfrentamos los desafíos y dificultades de esta pandemia. El confinamiento, el distanciamiento social, la cuarentena, la pérdida económica y más importante todavía, la pérdida de seres queridos, no nos impidieron estar juntos y apoyarnos unos a otros como miembros de una familia.

El lema de la SVD para este sexenio 2018-2024 nos recuerda que «somos fieles a la Palabra, unidos al Pueblo». Este momento difícil requiere de nosotros un compromiso renovado para arraigarnos en la Palabra y estar en comunión con el pueblo. Nuestra experiencia colectiva de las dificultades nos lleva a nuevas oportunidades de crecimiento, renovación y transformación. Personalmente, y como comunidad, se nos han proporcionado nuevas ocasiones y experiencias en medio de esta pandemia, que podemos describir correctamente como el amanecer de un nuevo Pentecostés, un movimiento del Espíritu Santo que nos hace más conscientes de que «todos estamos en el mismo bote remando juntos», que somos uno con el pueblo.

En segundo lugar, el Espíritu Santo es el Espíritu de Fortaleza. Por temor, los discípulos estaban escondidos, sospechaban que los otros eran enemigos que estaban planeando destruirlos. El miedo lleva a la sospecha, y la sospecha a la división.

¿Con qué frecuencia hemos disipado el miedo y la impotencia de aquellos que acuden a nosotros en busca de respuestas? Debemos reconocer que muy a menudo nos vemos también envueltos en el miedo que paraliza cualquier respuesta creativa a esta situación de pandemia. El Espíritu Santo nos ayuda a vencer el miedo, como se dice: «el miedo no es un buen consejero». Sí, debemos ser cautelosos al proteger a los demás y a nosotros mismos, pero no tenemos que ser paralizados por el miedo.

En muchos lugares, inspirados por laicos u otros cohermanos, hemos sido capaces de superar el miedo. Muchos de nosotros estamos al lado de los pobres que luchan por vivir. También tratamos de encontrar formas de que nuestros colaboradores, que trabajan con nosotros en nuestras casas e instituciones, no pierdan su trabajo. Hemos experimentado el espíritu de fortaleza que nos permite perseverar con ellos sin importar lo que pase.

En tercer lugar, el Espíritu Santo es el Espíritu del discernimiento. El Espíritu Santo acompañó a la joven comunidad cristiana a responder a los desafíos de su tiempo.

Estamos en un periodo de crisis, un periodo durante el cual deben tomarse decisiones difíciles: qué medidas deben introducirse, qué planes deben cancelarse, qué actividades deben continuar, etc. Aunque el futuro es muy incierto, ya nos podemos imaginar que las decisiones radicales sobre cómo organizar nuestra vida y cumplir nuestra misión nos mantendrán ocupados. Por todo esto, imploramos al Espíritu Santo que continúe guiándonos en el proceso de nuestro discernimiento. Sí, todos necesitamos un nuevo Pentecostés, para que podamos discernir verdaderamente el significado de los signos de los tiempos y hacia dónde el Espíritu nos está guiando en nuestro mundo hoy. Necesitamos un nuevo Pentecostés que sacuda nuestro sentido de indiferencia, para que podamos ver a Jesús más claramente en nuestros hermanos y hermanas que claman por ayuda. En el documento de nuestro último Capítulo General leemos: «En cualquier proceso de discernimiento y renovación, debemos tener en cuenta que nuestra espiritualidad y nuestra vida de oración siempre deben ser desafiadas por el mundo y la vida que está allí fuera de nuestros muros y fronteras. Este es un llamado a estar cada vez más cerca del Dios Trino y al mismo tiempo más cerca de las personas y el mundo».

Queridos cohermanos, sigamos orando los unos por los otros. Recordamos de manera especial a nuestros dos cohermanos que han muerto a causa de la COVID-19. Oramos por la fuerza y la pronta recuperación de otros cinco cohermanos que aún se están recuperando en los hospitales. Nos solidarizamos con sus comunidades y familias.

Sabemos que nuestro Fundador San Arnoldo tuvo una devoción especial al Espíritu Santo. Con él oramos en estos días por los dones del Espíritu Santo para todos nosotros, de una manera especial para nuestras dos Congregaciones de Hermanas: Las Hermanas Misioneras SSpS y las Hermanas SSpS de la Adoración Perpetua. Oramos para que el Espíritu Santo siga guiándolas e inspirándolas, particularmente en este tiempo de pandemia para que sigan siendo sembradoras de esperanza.

Y les deseamos a todos ustedes, que están a la vanguardia del servicio a los enfermos y pobres, los frutos del Espíritu Santo que es el único que da paz y serenidad al alma humana.

¡Feliz fiesta de Pentecostés!

Paulus Budi Kleden, SVD
y el Equipo de Liderazgo