Misioneros Del Verbo Divino


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8 de septiembre de 2020
145° Aniversario de la SVD  

Estimados Cohermanos, Hermanas, Amigos, Bienhechores y Socios Laicos en la Misión:


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Este año celebramos el Día de la Fundación de nuestra Congregación de una manera única e inusual. Sin embargo, la crisis causada por la Covid-19 no nos impide celebrar esta fecha tan importante para nosotros. Más que nunca tenemos todas las razones para agradecer a Dios, que ha estado acompañando a nuestra Congregación aún durante esta crisis.

Nuestra Congregación nació de una crisis de la Iglesia en Alemania inducida por una situación política compleja en ese país. Esta situación de crisis ofreció una oportunidad para la creatividad y para ofrecer algo nuevo. San Arnoldo respondió con las siguientes palabras a las personas que estaban cuestionando su iniciativa de iniciar una congregación misionera: «Vivimos en una época en la que tantas cosas se están derrumbando y que necesitan ser remplazadas con cosas nuevas en su lugar». Confianza en Señor fue la respuesta habitual del P. Arnoldo para hacer frente a las situaciones crisis.

A lo largo de la historia, experimentamos variadas clases de crisis, como guerras y epidemias. La época de la administración del P. Nicolás Blum, el segundo Superior General de nuestra Congregación, fue marcada por dos grandes crisis: la Primera Guerra Mundial y la Gripe Española. Hacia el final de la guerra, el P. Blum alentó a los cohermanos a responder a tres preocupaciones principales: cuidar de los que regresaban de la guerra, utilizar prudentemente los recursos limitados para nuestra vida y misión, y fomentar el espíritu de unidad.

Creo que esas son también nuestras preocupaciones hoy en día, aunque en diverso grado. La primera es cómo cuidar de los infectados con el virus COVID-19. Recordamos y oramos por nuestros cuatro cohermanos que han perdido la vida debido a este virus. Un total de 45 cohermanos han sido infectados. Afortunadamente, la mayoría de ellos se han recuperado. Algunos todavía están en cuarentena en los hospitales o en casa. Los incluimos a ellos, y a los familiares y amigos que han sido golpeados por esta pandemia, en nuestras oraciones especiales durante la celebración de nuestro aniversario. Es esencial seguir siendo responsables de nosotros mismos y de los demás, especialmente de nuestros cohermanos mayores. La atención responsable nos libera de ser «encarcelados» por miedo y de ser demasiado negligentes. Nuestro cuidado también se extiende a todos los que trabajan con nosotros, a los pobres y a los necesitados. Les agradezco su valentía, en colaboración con los demás, por haber salido al encuentro de aquellos y aquellas que están al margen. A pesar del peligro y de los riesgos inherentes a tal encuentro, ustedes no han abandonado a su gente.

La segunda preocupación es cómo utilizar sabia y prudentemente nuestros recursos para sostener nuestra misión y también nuestra vida. Se trata principalmente de nuestro modo responsable de utilizar nuestros bienes temporales. Sabemos que la solidaridad financiera es una de nuestras fortalezas. Esta solidaridad se sostiene por la honestidad, la rendición de cuentas y la generosidad al compartir los recursos. Comienza con cada uno de nosotros, dando lo que recibimos y utilizando bien lo que tenemos. Nuestra solidaridad comienza cuando escuchamos la pregunta de Jesús a sus discípulos en Marcos 6:38: «¿Cuántos panes tienen?» Es un desafío responder honestamente a su pregunta y dar a conocer lo que tenemos con mayor transparencia. Nuestra preocupación por nuestros recursos nos lleva también a pensar en lo que la naturaleza nos proporciona. La pandemia del COVID-19 abrió nuestros ojos de un modo único para descubrir y darnos cuenta de cómo estamos estrechamente relacionados con la naturaleza. Tenemos que ser consistentes en nuestro cuidado de la naturaleza en cuanto nuestra casa común. Nuestro último Capítulo General nos recuerda que «como discípulos misioneros transformadores, el cuidado de la creación es nuestra responsabilidad de expresar el amor de Dios».

La tercera preocupación es cómo mantener el espíritu de unidad. En primer lugar, se trata de estar unidos al Señor. Al igual que San Arnoldo, depositamos nuestra confianza en el Señor para hacer frente a todos los desafíos de nuestra vida y misión. Esta crisis también nos hace darnos cuenta de la importancia de permanecer unidos, con nuestras familias, nuestros cohermanos y nuestras Hermanas de la Familia de las Congregaciones fundadas por Arnoldo Janssen, nuestros socios laicos en la misión, amigos y bienhechores, incluso aquellos bajo nuestra responsabilidad y también quienes cuidan de nosotros. Estamos unidos para hacer frente a esta situación inesperada. Encontramos formas de expresar nuestra conexión, a través de las redes sociales u otros medios. Al mismo tiempo, también experimentamos lo frágil que puede ser esta unidad. El miedo excesivo a ser infectado puede interferir con nuestra vida y actividades comunitarias, y podemos terminar evitando o acusándonos unos a otros, especialmente cuando uno de nosotros da positivo al coronavirus. El espíritu de unidad ensancha nuestros corazones y mentes para estar unidos con toda la familia humana, para luchar contra cualquier tipo de discriminación. Nuestro vivir y trabajar juntos en comunidades interculturales es un verdadero testimonio en esta situación infectada por el aumento del racismo. Mantener el espíritu de comunión significa también colaborar mejor con los demás, con las Hermanas y con nuestros socios laicos en la misión. La colaboración sólo es posible si hay humildad para reconocer nuestra limitación, honestidad para respetar a los demás y valor para aprender y enriquecernos de los demás.

Estimados cohermanos, Hermanas, Amigos, Benefactores y Socios Laicos en la Misión: Nuestra Congregación está dedicada a la Palabra de Dios. Es la Palabra de esperanza la que abre nuevas perspectivas en momentos de desesperación, enciende la luz en las tinieblas, da ánimo en tiempos de desastres y pregona la verdad contra la propagación de falsas noticias. Nuestro nombre es nuestra misión. Les exhorto a que renovemos nuestro compromiso de proclamar la Palabra de Dios, con palabras y hechos. El Verbo Divino sigue siendo la inspiración para nuestro discernimiento sobre cómo responder a la presente crisis y sobre lo que necesita ser cambiado en nuestra forma de pensar y actuar. Por intercesión de los santos Arnoldo y José, las beatas María Helena y Josefa, y de nuestros beatos mártires, que esta celebración fortalezca nuestro compromiso de cuidar a las víctimas de la pandemia, de utilizar responsablemente nuestros recursos y los de la naturaleza, y de fomentar el espíritu de unidad y colaboración Deseo que podamos ejercer creativamente nuestro llamado a la misión en solidaridad y compasión y para la gloria del Verbo Divino. Que nuestra Santísima Madre, nuestro modelo perfecto y cuya Natividad alberga nuestra fundación, nos siga inspirando.

¡Feliz 145º aniversario!

Paulus Budi Kleden, SVD
Superior General