Misioneros Del Verbo Divino


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Domingo de las Misiones, P. Paulus Budi Kledin, SVD

Homilía del Domingo de las Misiones
del Padre Budi Kleden

Queridos hermanos y hermanas,

Este Domingo es dedicado a la Misión. A pesar de la pandemia de la covid-19, el Papa Francisco decidió que se celebre este Domingo de las Misiones con más realce. La pandemia no impide a la Iglesia de ser una Iglesia misionera. Al contrario, reafirma su espíritu misionero. Por lo tanto, en tiempos como los que estamos viviendo, nuestro compromiso misionero es más que nunca necesario. En este periodo de crisis cuando muchas personas se sienten desanimadas, asustadas y confundidas para hablar de Dios y testimoniar su amor por el mundo, nosotros estamos aquí diciendo «Aquí estoy, Señor, mándame».

Como ustedes saben, este es el lema del Domingo Mundial de las Misiones de este año. «Aquí estoy, Señor, mándame, haz uso de mí para dejar que los demás experimenten que no nos abandonas a nosotros y a todo el mundo en este tiempo de sufrimiento y desafíos».

A la luz del mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones 2020 y de sus enseñanzas anteriores, quisiera subrayar los siguientes puntos:

  • Primer punto: La Misión se origina en Dios y brota de una relación personal con Jesús, el Misionero. La Misión no es en primer lugar, organizar programas y actividades, se trata más bien, de una relación, una relación viva con el Señor, el Dios misionero. Nuestra fidelidad a la Palabra nos inspira, nos fortalece y nos hace perseverar en la misión.

    Es la misión de Dios y nosotros podemos participar de ella solamente si y cuando estamos conectados con Él. El Papa Francisco nos recuerda que: «La misión, la Iglesia en salida no es un programa, una intención que se logra mediante un esfuerzo de voluntad. Es Cristo que ayuda a la Iglesia a salir de si misma. En la misión de anunciar el Evangelio, te mueves porque el Espíritu te empuja y te trae». De verdad, el Espíritu Santo es el agente principal de la misión, como lo escribe san Pablo a los tesalonicenses en la segunda lectura de hoy: la difusión del Evangelio no es solo por nuestras palabras sino por la fuerza del Espíritu Santo.

    Esta celebración de hoy debe animarnos a pasar más tiempo en la oración y la meditación de la Palabra de Dios al nivel individual y colectivo. En este tiempo de pandemia, es asombroso ver cómo la gente publica sus breves, pero profundas reflexiones sobre la Palabra de Dios en las redes sociales. En este sentido, les exhorto a vivir y practicar lo que publicamos y compartimos con los demás.

  • Segundo punto: La Misión es darse cuenta de que somos una Misión. La relación viva con el Señor nos hará conscientes de que somos amados por ÉL. El Papa Francisco escribe en su mensaje: «La vida humana nace del amor de Dios, crece en el amor y tiende hacia el amor. Nadie queda excluido del amor de Dios». Si decimos: «Aquí estoy, Señor, mándame», es porque cada uno de nosotros es amado por el Señor; somos embajadores del amor de Dios. Este es el fundamento de todo misionero, y todos, por el bautismo, somos misioneros.

    Una de las afirmaciones en Evangelii Gaudium que me inspira mucho es: «Yo soy una misión en esta tierra y para eso estoy en este mundo». Sí, la misión es cada uno de nosotros, porque en nosotros y con nosotros, Dios quiere hacer de este mundo un lugar donde todos se sientan aceptados y respetados, donde la naturaleza sea vista y tratada como una casa para todos.

    Como Jesús pregunta hoy en el Evangelio, demos a Dios lo que pertenece a Dios y dediquémonos a los otros, especialmente a los pobres y necesitados en nuestra familia y vecindarios, entre los amigos, los pobres y necesitados de nuestra parroquia. «Soy una misión» no es una declaración para justificar nuestra arrogancia o sentirnos superiores a los demás, sino que, nos recuerda de hacer uso de nuestro tiempo y nuestros talentos por el bien de la humanidad y del mundo.

    El profeta Isaías dice en la primera lectura de hoy: «el Señor llamó a cada uno por su nombre» y san Pablo en la segunda lectura nos recuerda que somos amados y escogidos por Dios mismo. Su vida es preciosa, y «preciosa es la vida dedicada a la misión», como la vida del San Arnoldo Janssen, el Fundador de la Congregación del Verbo Divino.

  • Tercer punto: Misión significa salir de nosotros mismos. Los misioneros no son sólo personas que dejan sus propios países y culturas. Pero sí lo son todos los que siguen el llamado a superar el egoísmo o el racismo, para llegar a los demás, especialmente a los últimos, independientemente de su religión, nacionalidad, raza o cultura. En su Exhortación Apostólica, Christus Vivit, publicada después del Sínodo sobre la Juventud, el Papa Francisco hizo una exhortación que inspira. Él dice que, para nosotros cristianos, la forma de llegar a saber quién soy o responder a la pregunta «¿Quién soy yo?» es preguntarnos: «¿para quién soy?». Para quién me dedico, para quién quiero ser relevante. Esta es la pregunta que nos ayuda a nosotros, los cristianos, a responder a la pregunta acerca de quiénes somos.

    Al ponernos al servicio de los demás, no sólo damos, sino que también, recibimos; no sólo servimos, también nos enriquecemos. El Papa Francisco está convencido, y así lo expresa en el mensaje para el Domingo de las Misiones de este año, de que: «La misión que Dios nos confía a cada uno, nos hace pasar del yo temeroso y encerrado, al yo reencontrado y renovado por el don de sí mismo. Nos encontramos precisamente cuando nos entregamos a los demás».

    Encontrar a los demás, estar en diálogo con los demás, es la forma de hacer misión. Esto también significa, para nosotros, luchar contra el racismo y promover la interculturalidad. vivir y trabajar juntos, personas de diferentes culturas y nacionalidades. Tenemos que estar abiertos y dispuestos a aprender de los demás incluso de los que no conocen o no aceptan al Señor porque ellos también son escogidos por el Señor como lo dice Isaías en la primera lectura de hoy. San José Freinademetz, uno de nuestros primeros misioneros, enviado a China realzó su misión con espíritu de dialogo y respecto hacia las culturas. Al final él estaba tan convencido de para quien dedicó su compromiso misionero. En una de sus cartas escribió: «Quiero ser Chino en el cielo».

Queridos hermanos y hermanas, espero y oro para que esta celebración del Domingo de las Misiones los anime a todos a promover su empeño misionero recibido del Señor y los inste a decir generosamente: «Aquí estoy Señor, mándame».


Parroquia de San San Benito de Norcia, Roma,
Octubre 18, 2020