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Oies 2022, P. Paulus Budi Kledin, SVD

Homilía del Padre Paulus Budi Kleden SVD, Oies 29 de enero de 2022

He visitado por primera vez Oies en el año 1992. Éramos tres, veníamos de San Gabriel, en Austria, y nos habíamos reunido allí para hacer los ejercicios espirituales antes de emitir los votos perpetuos. Nos acompañaba Rudi Poehl, un cohermano de Tirol del Sur. Desde luego yo había leído y oído para entonces mucho sobre Oies. Pero encontrarme allí personalmente, sobre todo durante las maravillosas fechas veraniegas, iba a ser una experiencia especial. Y me venía a la mente qué habría inducido a José Freinademetz a dejar un lugar tan hermoso y marcharse lejos.
He hallado la respuesta en la Biblia, en uno de los salmos, que había leído varias veces en San Gabriel para redactar la pastoral vocacional. En el salmo 18, verso 20, se dice: “Tú me guías lejos”. Ese verso nos ha impulsado tanto a mí como a mi colega suizo Hans Wibel a que lo eligiéramos como lema para la fiesta de los votos perpetuos. Ciertamente ha sido Dios mismo quien llevó lejos a José Freinademetz, y ahora nos conduce a todos nosotros.

Y este Dios es el Dios de la esperanza, como ha escrito San Pablo en su carta a los Romanos, y la primera lectura que hemos escuchado hoy. La esperanza forma espacios abiertos, abre de par en par nuevas perspectivas. La esperanza se atreve con lo incierto y lo desconocido. Quien tiene esperanza se atreve a salir y asumir riesgos. Vaclav Haley, ferviente pacifista y primer presidente de la República Checoslovaca recuerda que “la esperanza no es la convicción de que algo vaya a tener un resultado positivo, sino la certeza de que algo tiene sentido termine donde termine”.
Creo que lo que constituye una señal de esperanza es la vocación de los cristianos en nuestro tiempo, y éste es el significado más profundo de la vida religiosa y de ser misioneros en nuestra iglesia. Éste es el sentido de la santidad en nuestro mundo. La situación del mundo actual daría motivos suficientes para la desesperación. Precisamente por ello en esa situación estamos llamados todos nosotros a constituir signos de esperanza.
Refiriéndonos a las lecturas de hoy, e inspirados en la vida de San José, quisiera poner de relieve tres aspectos de la esperanza, que son relevantes para realizar la misión a la que todos estamos llamados y capacitados.

El primero: que la esperanza crea comunión, comunidad. Hay esperanza si nos damos cuenta que no estamos solos. Esperanza es nostalgia del fervor, de estar juntos con otros. Quien espera no puede mantener el motivo de su esperanza solo para sí, sino que desea compartirla. Y de esa manera la esperanza reúne a las personas y crea comunidad.
La esperanza es una de las tres virtudes cardinales, junto al amor y la fe. Nos ayuda a superar las dificultades de la vida pues nos enseña que lo que existe actualmente no es el todo. Quien cree en Dios tiene esperanza porque la fe se la germina. La esperanza hace posible el amor, y el amor lleva a creer que la otra persona tiene la posibilidad de creer, y es el camino para hacer lo mejor de si mismo. El amor abre el futuro, y por ello el nombre del futuro es esperanza.
José Freinademetz dio mucha importancia al hecho de que los misioneros estuvieran unidos y caminaran de acuerdo. Unos meses antes de su muerte escribió al Padre Heming, director espiritual de los hermanos: “Trata sobre todo de promover buena relación entre los cohermanos. De ello depende mucho. Es importante adaptarse para que las personas de la casa se sientan aceptadas y comprendidas, perdonadas y revaloradas”.

El segundo; la esperanza hace posible la perseverancia. Quien espera no renuncia fácilmente. En los desafíos ve también oportunidades. Y permanece esperanzado incluso en los momentos difíciles de vida, porque al final de túnel ve una luz.
En el Evangelio Jesús hizo comprender a sus discípulos que ellos no iban a estar ajenos a las dificultades. Iban a tener situaciones en que iban a ser rechazados, y donde cabía preguntarse si todo tenía realmente un sentido. Pero queda la perspectiva de que Dios está cercano allí donde los hombres son vecinos uno del otro. Sobre todo, en los momentos obscuros de la vida.
José Freinademetz hizo saber a sus discípulos que no les iban a faltar las dificultades. Habría situaciones donde serían rechazados, en las que les vendría la pregunta si todo tenían un sentido. Pero la afirmación que permanece es que el Reino de Dios está cercano. Cuando los hombres son vecinos el uno del otro también el Reino de Dios es vecino., sobre todo en los días sombríos de la vida.
José Freinademetz ha vivido de esta esperanza, y la ha difundido en el mundo. Las últimas semanas de su vida transcurridas en Yenchowfu, donde junto a las hermanas de Steyl cuidaban a las víctimas de una epidemia de tifus. Quería acompañar a las hermanas y a los pacientes. El dieciséis de enero, 12 días antes de su muerte, escribió al obispo Henninghaus una extensa relación con los nombres de las víctimas de la epidemia. La misión había sufrido mucho, pero él afirmaba claramente que no querían caer en el pesimismo, sino continuar trabajado con un coraje todavía mayor.

El tercero: la esperanza ve el lado positivo en otras personas, sin volverse ciegos ante sus debilidades. El hombre que vive la esperanza no se encierra en la parte oscura de los otros, sino se esfuerza en reconocer siempre sus aptitudes positivas y en promoverlas.
Si uno hace una lectura de San Pablo se le queda su afirmación: “Queridos hermanos míos, por lo que me toca, estoy convencido de que también vosotros estáis repletos de bondad, llenos de todo conocimiento, y sois capaces de corregiros unos a otros. A pesar de ello os he escrito con cierto brío, no para minusvalorar a los otros sino para recordaros lo que ya sabéis“. Pablo escribe en términos explícitos no para empequeñecer a los otros sino para que la bondad que hay en ellos crezca en beneficio de todos.
Ésta era también la fuerza de José Freinademetz. Decía expresamente que no tenía mayor interés en llevar la administración, y que tampoco era muy inteligente, Pero tenía un gran corazón hacía sus cohermanos y hacia los chinos. Como provincial debía escribir cada año una relación dirigida a la casa madre de Steyl. Y en ese sentido escribió sobre unos de sus cohermanos: “Cuando llegó a China estudió asiduamente el chino. Ahora, pasados tres años, está en condiciones de hablarlo muy bien, Es diligente, devoto y observa las reglas. Pero, en cierto modo, es también un pesimista, exige demasiado y escribe cartas muy duras sobre sus cohermanos, por lo que hay algunos que no lo consideran bienvenido. Sin embargo con el tiempo se hará seguramente un buen misionero”. La esperanza ve el lado positivo en los otros, sin cegarse en sus debilidades.

Queridas hermanas y hermanos.
Todos nosotros, los bautizados, hemos de ser misioneros porque Dios mismo lo es. Para vivir nuestra vocación misionera y dar testimonio de ella, tomemos como ejemplo a San José Freinademetz y confiemos en su intercesión. Porque el misionero San José Freinademetz no es una oferta que hace de si mismo a Dios, sino una dádiva que Dios invierte.


Oies, 29 de enero de 2022