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Homilía de Pascua
del Padre Budi Kleden

"Sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí. Ha resucitado!", dice el ángel a las dos mujeres. El crucificado ha resucitado, la historia de una agresión inhumana se transforma en una historia de vida; la víctima de la violencia se convierte en el rey victorioso. Sí, Pascua, la resurrección de Jesús es la victoria de Dios de la no violencia. Jesús resucitado nos muestra que el camino correcto y la vida verdadera para nosotros, los humanos, sólo pueden encontrarse en el camino del a no violencia.

El Señor resucitado es la respuesta de Dios a la violencia de los hombres, de las masas y de sus leaderes, una respuesta dada en la humildad y la paciencia, en el perdón y el sacrificio. Los acontecimientos del vía crucis muestran cómo la violencia es celebrada y alentada por las masas. La resurrección, en cambio, demuestra que los pensamientos del Señor no son los nuestros, sus caminos no son los nuestros, como dice la tercera lectura de hoy de profeta Isaías.

Desde el principio, el Señor se presenta como el Dios de la no violencia. La creación del universo y de los seres humanos no es el resultado de un conflicto entre los dioses o de la trágica caída de uno de los seres celestiales, sino una creación surgida de la decisión tomada por la libre voluntad de Dios. Leemos en la primera lectura: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza". Sin embargo, debido a la incapacidad de los seres humanos para controlar sus ambiciones, la violencia entró en la historia de la humanidad y se convirtió en una forma habitual y generalmente aceptada de tratar a los demás y a la naturaleza. En la historia del éxodo, vemos la acción de Dios para enterrar todo lo que tiene relación con la violencia y así comienza una nueva historia de Dios con su pueblo. Más allá del mar, el pueblo elegido debía vivir una cultura de no violencia.

Más allá del mar estamos nosotros, los bautizados en Cristo, llamados y capacitados para vivir la nueva humanidad en el Espíritu de Jesús, como escribe San Pablo en su carta a los Romanos.

La resurrección nos llama a vivir la cultura de la vida y a evitar todo vicio que glorifique la violencia. Sabemos que la violencia no sólo se expresa en acciones, sino que la inercia, es decir, la disposición a no hacer nada, también puede ser una forma latente de violencia. No sólo las palabras pueden matar a otros; muchas veces incluso el silencio, la actitud de no decir nada, podría convertirse en connivencia y causar la muerte de otros. La incapacidad de controlar las emociones, la arrogancia personal y cultural hacia los demás, el abuso de poder y la confidencialidad, son formas de violencia que causan heridas en las relaciones familiares o en una comunidad religiosa, pueden hacer nacer y crecer la cultura de la muerte y traer la oscuridad a nuestra familia y comunidad.

Queridos hermanos y hermanas,
Estamos llamados a ser misioneros de la luz, a ser discípulos fieles y creativos enviados a curar las heridas en nuestro mundo causadas por tantas formas diferentes de violencia. Se nos anima a vivir una cultura de la no violencia. La no- violencia, dice el Papa Francisco, no significa rendirse y capitular, perder y abandonar, sino que es una disposición activa para promover la reconciliación y la paz que es el primer don del Señor Resucitado.


Collegio del Verbo Divino, Roma,
Pascua, Abril 09, 2023