Misioneros Del Verbo Divino


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Homilía de Pentecostés
del Padre Budi Kleden

Celebramos la solemnidad de Pentecostés como la fiesta del nacimiento de la Iglesia, porque es el Espíritu Santo el que es la fuerza maternal de la Iglesia, que reúne a personas de diferentes orígenes en una comunidad de discípulos. Es el Espíritu Santo quien abre los corazones y las mentes de esas personas para hacer que se unan en la fe en Jesús como Hijo de Dios Padre, capaces de aceptarse mutuamente como hermanos y hermanas y de vivir según la Palabra de Dios.

Nuestro Fundador, San Arnoldo Janssen, sentía un gran amor por el Espíritu Santo y se consagró totalmente y para siempre a Él. Arnoldo consideraba al Espíritu Santo como nuestro Padre y el verdadero Fundador de nuestra Congregación. El Espíritu Santo es el amor que nos ama y nos capacita para amar. La fundación de la Congregación es una expresión del amor del Espíritu Santo por el mundo y la Iglesia; la misión de la Congregación es dar testimonio de este amor que no conoce límites. Y la Congregación sólo puede vivir verdaderamente cuando sus miembros aman al Señor que les llama para la misión y si viven en el amor. Tres años antes de su muerte, San Arnoldo escribió: "Mi deseo es que se conozca mejor este gran amor por el pueblo y que se responda al amor con amor.”

Para vivir la llamada a ser misioneros y testigos del amor en este mundo herido, debemos pedir al Espíritu Santo sus dones. Conocemos estos siete dones del Espíritu Santo. Hoy quisiera invitaros particularmente a rezar por vosotros mismos y por todos nosotros, invocando la venida del Espíritu Santo con sus siete dones para vivir con coherencia los tres aspectos siguientes:

  • El primero es la parresía. La parresía es la franqueza, la valentía que caracteriza a los predicadores del Evangelio desde Pentecostés en Jerusalén hasta nuestros días. Precisamente después de recibir el Espíritu Santo, los apóstoles salieron a predicar con valentía toda la verdad que se revelaba en la vida, muerte y resurrección de Jesús. El poder del Espíritu Santo se manifiesta en esta audacia de la predicación, en este coraje del anuncio. El Papa Francisco dice: "No se puede ser cristiano sin esta franqueza. ... La misión nace precisamente de aquí, de este don que nos hace valientes, francos en el anuncio de la Palabra. Que el Señor nos ayude siempre a ser así: valientes. Esto no significa imprudentes. Valientes. La valentía cristiana es siempre prudente, pero es valiente". Para hacer frente a la avalancha de noticias falsas y chismes, necesitamos urgentemente que el Espíritu Santo nos dé el valor de decir la verdad.
  • El segundo es la comunión. La misión, la predicación está al servicio de la comunión, de la convivencia, de compartir las alegrías y las penas de la vida. San Pablo habla en su carta a los Corintios del cuerpo como símbolo de comunión. Este símbolo, así como el propio acontecimiento de Pentecostés, nos recuerda que la comunión significa unidad que da espacio a la diversidad, diversidad que busca y promueve la unidad. La comunión se realiza allí donde podemos crear un ambiente de respeto y de promoción de los carismas de cada uno, y donde cada uno realiza generosamente su carisma para el bien de la comunidad y de su misión. El pasaje del Evangelio de hoy nos muestra claramente lo importante que es la comunión para Jesús, hasta el punto de que dio a la comunidad el poder de perdonar. Vivimos en una época en la que el egoísmo no se detiene a las puertas de las comunidades religiosas, en la que el egoísmo se ha convertido en un comportamiento habitual incluso de las personas religiosas. El espíritu de egoísmo ha contaminado nuestro espacio y nuestro tiempo, y como religiosos no respiramos el aire limpio de la caridad sino el contaminado por el individualismo. Es un desafío en el que necesitamos la fuerza del Espíritu Santo para renovar nuestro compromiso con la comunión, con la comunidad. El Espíritu Santo nos ayuda a superar las barreras de la lengua, la cultura, la etnia, y nos libera tanto del individualismo como del grupismo que se crea al compartir intereses similares.
  • El tercer es la oración. La oración es un acto que nace de la humildad y de la conciencia de que no podemos hacer nada sin el Señor. La oración nos pone en contacto con Dios, con los demás, con nosotros mismos, nos ayuda a ser más profundos, a tener los pies en la tierra, a luchar contra la tentación de permanecer superficiales. Nos encontramos continuamente con la tentación de la superficialidad en diversos aspectos de nuestra vida: en las comunicaciones, en las relaciones, en las reflexiones. En su carta a los Romanos, San Pablo escribe: "no sabemos orar como es debido, pero el Espíritu mismo ruega a Dios por nosotros, con gemidos que no pueden expresarse con palabras. ". (Rom 8:26) La oración, inspirada y guiada por el Espíritu Santo, nos abre los ojos para ver y reconocer a Jesús, que nos muestra sus manos y su costado, no sólo en los sacramentos, sino también en los hermanos, especialmente en los que sufren, en los heridos.
  • Queridos...

    Pedimos al Espíritu Santo que venga sobre cada uno de nosotros, sobre nuestra comunidad y nuestra congregación, sobre la Iglesia y sobre el mundo entero. Como dijo Ignacio IV Hazim de Constantinopla, Patriarca greco-ortodoxo de Antioquía: "Sin el Espíritu Santo Dios está lejos, Cristo permanece en el pasado, el Evangelio es letra muerta, la Iglesia es una mera organización, la autoridad es dominación, la misión es propaganda, el culto es evocación y las acciones de los seres humanos son moral de esclavos. Pero en el Espíritu Santo el cosmos se eleva y gime en la gestación del Reino, Cristo resucitado está presente, el Evangelio es fuerza de vida, la Iglesia significa comunión trinitaria, la autoridad es servicio liberador, la misión es Pentecostés, la liturgia es memorial y anticipación, la acción humana se diviniza."


    Collegio del Verbo Divino, Roma,
    Pentecostés, Mayo 28, 2023